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jueves, 21 de julio de 2022

POSTLUDIO. Prólogo de Valentín Martín, escritor y periodista

  

-¿QUIÉN MATÓ AL MAR DE ARAL?


Algún día después de la vida alguien se encontrará millones de esqueletos y se


preguntará quiénes fuimos.


El viento no responde nunca, dice el poeta. El poeta sabe de ceniza porque ha


discurrido demasiadas soledades que concuerdan con las servidumbres del oficio de vivir.


Y que entre el estaño y la ternura no hay camino para los pulmones o los


pájaros nocturnos a los que él se aferra desde la primera geometría literaria que


vislumbra.


Todo lo que dice no es una parábola. Ocurrió cuando las UCIS gobernaban 


el mundo y la gente se suicidaba besándose en los andenes del sigilo. Las calles agonizaban 


los generales volvieron a dar cuenta de sí mismos. Era la única respuesta al


exterminio cuando por las noches un deslizamiento de números y culpabilidades


entraba en las casas y tomaba posesión de los insomnios.


Este puede parecer el poemario del miedo, pero no de la decrepitud. Porque aquí no


hay decadencia sino un catalejo crónico sobre una guerra desigual que engulló a


todos. El poeta ha visto que los barcos llorando la mar llevan a la tierra prometida


cada vez menos viajantes. Y sabe por qué, lo mismo que gritó Blas de Otero.


Hay una piedad desnuda muy parecida a las ecuaciones: la indefensión de los viejos y


la inmensidad de los pobres sobre el laberinto aristocrático de los poderosos con


patria en Manhattan. Ocurre un tsunami, pasan las habladurías y los espejos, pero no


cambian los paisajes.


Solo alguna rara vez el poeta se queda traspuesto y cree ver un mediodía lleno de


música y de niños. Y enseguida acaba el sueño con un martillazo que retumba ahora y 


confirma el pasado. Ese " Fue" es la condena por haber creído en un cielo limpio de


crisantemos. Y enseguida, otra vez el deshielo.


Hay un momento de furia en el libro donde el poeta no ve una guerra sino una


rendición. Posiblemente aquí el desencanto vocifera. Y luego, taimada y dulcemente,


empieza la segunda parte refugiándose en su infancia, duro territorio del que sólo


sabe una certeza: que sobrevivió.


Y a partir de aquí empieza un racimo de poemas cortos donde el amor se abre paso


como un sentido inevitable camino de la libertad. Hay expresiones bellísimas en una


trinidad que sabe a luz y a mujer después de la tormenta. Y renacen los parques, y el


verano germinal, y la mozalbería que nunca se fue, y las posibilidades de gozar


borbotones de abriles en los rostros más amados.


El viaje termina con una llamada al tiempo. Pero aquí no hay espasmos sino una


apacible añoranza que el poeta llama retorno. Volver. Nadie puede, pero todos acaban


en esa laguna después de contarse las canas y los hijos. Parece que llega el ocaso, la


probabilidad de algún olvido. Y nace un último estertor en la rebelión del poeta al


atisbar que un vientre espera. Y entonces reviven las palabras en un fundido con el


aire para llegar a unos ojos que solamente él sabe.


Hay dos claras tonalidades en el libro. La primera parte es voraz y amenaza con


fagocitar cualquier trigo nacido de un surco que habite después. No es un estado


peculiar del poeta sino la expresión literaria de un cuerpo social al que él no es


ajeno. El poeta no diagnostica sino que va dejando jalones de tiempo invernal, voces


pobres, viejos suburbios. Nula es la reacción al desastre, parece decir.



A medida que el tiempo avanza, el poeta muta en una variante más halagüeña. Y


hasta parece que las vidrieras de los versos se reconcilian y se abre la posibilidad de


los enamoramientos hasta para los africanistas ancianos. Milagro de la poesía cuando


el autor no es sólo un destello de avispa en el tiempo, sino el buen hacedor de una


estética fundamentada no sólo en las condiciones impuestas por la amenaza del


pavor sin fronteras.


Aparece entonces el auge de los poemas cortos o medianos, que no son un indicio,


sino el lenguaje de las criaturas otra vez en la enramada al clarear el alba. Aquí el


poeta vuelve a respirar bien y deja que de su herida en el costado crezcan árboles con


suave gorjeo en las alturas de los sueños.


El deslizamiento del libro de una cara a otra cara no es abrupto, sino natural como la


reconciliación de dos hermanos que vuelven a hablarse. ¿Son dos maneras de


referirse a sí mismo?


Quizás haya que contar con que la manera de relacionarse el poeta con el libro viene


impuesta también por las condiciones plurales que le merodean. Eso sí, estamos ante


un poeta que no dobla la rodilla ante el témpano mudo o el eco de otros nombres,


sino que defiende su semántica en movimiento sin reduccionismo de estilo o


doctrina. El impulso formal no decae. Pocos autores están tan dotados para la


exploración de las zonas crepusculares, mundanas, geográficas o sentimentales.


Todas sus búsquedas culminan con la visión de su mundo como ritmo.


Quede claro que este no es un libro lateral, sino el hijo de un hombre comprometido


con contar lo que pasa dentro y fuera. Y así entra en los tiempos con los ojos abiertos


y vivos, dejando un rastro de corresponsal de la guerra que vivió, de la paz que vivió, de los


 soles y sombras que vivió, sin saber muy bien si está entre los vencedores o los


vencidos. 


Y luego se abre la camisa y enseña la piel, como si ofreciera su pecho a la lava y a


los futuros que están ya aquí o esperan en el sosiego de la hierba nacida una y otra


vez. No se puede negar el tempero. Luego está el tiempo de mies, que ni el poeta ni


nadie sabrá medir y pesar. Ese es el misterio, la seducción quizás.


Todo está en un libro que sobrevivió a la crueldad, donde el oxígeno viajó desde las


moléculas hasta las puertas sin cerraduras. Lo escribió Miguel Ángel Yusta, el único


hombre que aún palpita sin cautividades.


Valentín Martín

Madrid, Febrero de 2022


domingo, 17 de julio de 2022

Francisco Caro reseña POSTLUDIO

https://mientraslaluz.blogspot.com/2022/07/lectura-de-postludio-y-dos-poemas-de-m.html?spref=fb&fbclid=IwAR1ic7K7F2S8sIzOVukQt0Emq7zfNjjEXItz_9zIaabY-vAm6ZpefrSrSRA 

 

Texto:

 domingo, 17 de julio de 2022

Lectura de Postludio y dos poemas de M A Yusta

Foto de Miguel Ángel Yusta para la 
entrevista que le ha realizado Antón
Castro en el Heraldo de Aragón.
(Autor Oliver Dusch)

 





       No está pensado ni escrito el prólogo de Valentín Martín para los días de los bochornos. Es tralla, es una potente emergencia. Aconsejo leerlo. Bien hizo el autor en encargarle a VM el pórtico. Arco de entrada que predispone. Sé que dudaba el Miguel Ángel Yusta en extender sus publicaciones, y creo que ha acertado dilatándolas. Aunque cubra y rotule esta con ese personalísimo título Postludio que hace referencia tanto a la pieza musical con que se despide las funciones mientras el público busca la salida como a un posible anuncio de próxima finitud editorial. Veremos. La producción de Lastura es impecable. 

Postludio es una recolección de emociones. Pocas veces un texto está tan ligado a los estadios anímicos del autor con tanta autenticidad. Desde los manantiales del otoño y la soledad, que no nacen tan separados, se vierte un torrente delicado de nostalgia, desencanto, denuncias y aceptación. Tanto de lo vivido –de reconciliación con lo vivido– como de conciencia cierta de un futuro ya sin ansias cegadoras. Lo que me ha impresionado el tono desde el que está escrito, que se mantiene en su forme ternura a lo largo de los 44 poemas que lo conforman. Desde la crónica de una epidemia en soledad (primera parte) hasta el refugio de los paisajes y atardeceres de la segunda parte para desembocar en la tercera, en donde el esplendor en la hierba de los recuerdos aviva en un casi presente los momentos esplendorosos de un amor cierto, todo permanece hilado en la armonía del que sabe qué decir y cómo decirlo. La poesía se ha ido decantando en Miguel Ángel Yusta aliada con el buen hacer de la armonía y en buen gusto. Enemigo de lo desapacible, buen amante de la música, dice preferir “la palabra de los árboles a las disquisiciones de los necios”. Solo así es posible transitar desde la desolación –Mar de Aral como ejemplo– a “los volcanes que surgen impetuosos en las cimas sin fin de tus caderas” con que abre unos de sus poemas de amor. Parece un libro escrito desde el enigma del tiempo, desde la necesidad de decirse, que es de donde deben surgir los libros, mas con la intención de ser transitivo, río en curso en busca de sensaciones lectoras fértiles, acompasadas. No es un libro de juventud, no, pero tampoco de limes y fronteras, en un libro que va de la mano con lo vivido y lo por vivir. La última y cuarta parte, el auténtico postludio, es una declaración de serenidad ante los noviembres: clara, precisa, en donde las palomas oscuras –y le parafraseo– aletean sobre los silencios de lo que fueron nuestros juveniles ideales. Saber lo que hemos sido es la mejor moneda con que la vida premia a quienes la han honrado. Desde ese mirador he leído el libro del poeta aragonés. Muy cerca de los montes turolenses de sus manantiales.

Poemas la mayoría sin título, algunos casi aforísticos, y todos al servicio del poeta que mira sin miedo y sin riesgo a lo que fue en sus alrededores, a los presentes del mundo, a lo que tal vez le despida. Elegimos estos dos.

_____________________

Despedida en Sol


Recuerdo con nostalgia aquella noche:
Puerta de Sol, las dos de la mañana.
Tú esperabas un taxi y la tristeza
asomaba filtrándose en tus ojos.
Nos esperaba el cielo y la distancia.
Un lazo nos ceñía
con palabras de amor y hasta muy pronto
y un abrazo sincero de amistad
despedía las luces de la plaza.
 

Luego subiste al coche, silenciosa.
Yo me quedé muy quieto contemplando
cómo dos luces rojas alejaban las horas.

________________

Cuarteto nº 12


Agotar el secreto de las horas
con el bello cuarteto de Beethoven,
cuando la vibración de los sonidos
estremece el silencio.
Contemplar en penumbra
la líquida mirada de unos ojos,
inmenso mar de notas enlazadas
donde navega el fuego.
Regresar al contacto
de huellas y certeza
con manos que dibujan cadencias y deseos
mientras, sobre el compás, muere la tarde.


 

Entrevista HERALDO DE ARAGÓN (Antón Castro,17.7.2022)


 Texto de la entrevista:

A propósito de POSTLUDIO.

Dinos que es un postludio y por qué has elegido ese título. ¿Cómo debemos vincularlo con tu texto?

Postludio es ,según definición académica, "Pieza que se toca al terminar los oficios 

divinos, mientras los fieles salen del templo".

Digamos que, en este caso, se puede aceptar, además de como un canto final, como un 

epílogo. Por otra parte me parece una palabra atrayente, eufónica, bella y apropiada pa

ra el contenido del poemario.


-¿La poesía, para ti, es una crónica de la intimidad, un viaje a la memoria o una

 declaración de estar comprometido con el mundo?


Todo ello es materia poética, si está tratado con lenguaje poético. Personalmente creo en la

 poesía sin excesivas vestiduras retóricas: verdadera, desnuda, austera. Creo en la poesía 

como expresión, mediante -insisto- lenguaje poético, de una serie de sentimientos y basa

 da, siempre a mi modo de entender, en varios factores: inteligibilidad (no confundir con 

vulgaridad), belleza en la expresión, musicalidad (ritmo) y emoción. Es como una partitura

 que ha de llegar al lector-intérprete, llevándole a reflexionar y sentir con su lectura. No se

 trata tanto de escribir como de comunicar emociones que cada lector sienta de manera

 particular y exclusiva.


-¿Qué duelen más: la guerra de Ucrania o las batallas del cuerpo y de la mente propios, el 

dolor del desamor, por ejemplo?


El amor, la amistad, la afinidad entre los humanos, creo que son sentimientos de validez

 universal, potentes, y el poeta los aplica inevitablemente de manera explícita o implícita.

 Salen del “yo”al “nosotros” generosamente, como un manantial inagotable y necesario.

 Como dice Amado Nervo. “Ama como puedas, /ama a quien puedas,/ama todo lo que

 puedas./No te preocupes de la finalidad de tu amor”. Así nos afectan y nos unen estos

 sentimientos con nuestros semejantes que aman. O que sufren. Creo que esta reflexión

 contesta a la pregunta. Duele la falta de amor y ella es el origen de la mayoría de los

males a nivel individual o colectivo como sociedad humana.


-Este es un libro en varios tramos de estados de ánimo. ¿Está escrito desde el pesimismo, la

 desazón y el dolor, o el lenguaje siempre es como un faro que ilumina la tiniebla?


La duda y la incredulidad van creciendo conforme se acerca el “tiempo del regreso” y

 tendemos a consolarnos –o no- con ciertas “medidas terapéuticas” a las que se aferra más

 de la mitad de la Humanidad. Pero ya decía Goethe: “El niño es realista, el joven,

 idealista, el hombre escéptico y el viejo, místico”. Pero no todos...

Los estados de ánimo varían y un poemario a veces escrito en un par de años o más,

 revisado y corregido decenas de veces, recoge lógicamente variaciones de aquellos.

 Pero creo que al final se impone la serenidad y la esperanza, sobre todo por los que se

 quedan...


¿Has querido dialogar con el Lorca de ‘Poeta en Nueva York’ en un poema como ‘El pico

 de la curva’? Escribes: “Mueren en Nueva York a cientos cada día. / Y mueren en Madrid

 a cientos cada día”.


Lorca es un maestro, un genio y siempre, como Miguel Hernández o Machado, un 

 referente  imprescindible. Ese poema, inspirado en aquellas primeras terribles noticias de 

los telediarios, es simplemente el resultado de una impresión cuando comenzaba la pan-

demia y Nueva York estaba especialmente afectada. Todo era imprevisible,

terrible, estábamos expectantes y conmocionados. Recordar es necesario y aquello, que 

ojalá nunca se repita, nos condicionó la vida de manera muy especial.


 

El amor está muy presente. O la nostalgia del amor. O su recreación gozosa. Impresiona

 cuando escribe: “Te me has inyectado en vena / y me maldigo / por no morir de ti”. O

 “Enfebrecido estoy ante tu vientre / y en tu altar, de locura me consumo”. ¿Cabe más 

pasión?


Hay un par o tres poemas eróticos relacionados con vivencias cercanas o lejanas. El

 erotismo en poesía para mí es sugerencia, delidadeza, epilsis, sin por ello dejar de ser a

 veces tremendamente sensual, cálido y apasionado. Se puede decir mucho callando mu

cho, pues los silencios a veces son más elocuentes en poesía que las palabras...Lo difícil es

 sugerir, implicar al lector sin emplear el lenguaje vulgar, lo cual nos llevaría al poema

 pornográfico. No obstante allá cada autor con su idea del erotismo, el sexo, la pasión y

 el tipo de lenguaje a emplear, poético o no...


Algo más adelante, escribes: “La infancia, el paraíso...”. ¿Es necesario mirar atrás para

 seguir hacia adelante a trancas y barrancas, qué le da el pasado al poeta?


Cito a Rainer María Rilke: "La verdadera patria del hombre es la infancia". En ese sentido

el poeta redescubre y trae de la memoria retazos de su patria-infancia, que pueden ayudar 

 a recomponer y comprender ese endiablado rompecabezas que en muchos de nosotros

 constituyen unos recuerdos de infancia -a menudo adormecidos- vividos a veces en unas

 épocas difíciles por muy diversas circunstancias y que vienen y van continuamente en

 nuestra memoria. En nuestros pasados hay infancias paradisíacas y las hay infernales...


¿En qué consiste acariciar los recuerdos, cómo lo haces tú?


También nos dice Valente que la experiencia de crear un poema no comienza con el texto,

 sino antes de su escritura exterior. En ese sentido los recuerdos -lo precedente- tienen su

 lugar en el yo poético como en un espejo que nos ofrece imágenes -recordadas, pretéritas

- que poco a poco el transcurso de los días (sendero del olvido incidental o curva del olvido

descrita por Ebbinghaus) irá borrando de la memoria. El poeta los recoge, los trae al

 presente y los implica en él acariciándolos o, también, reviviéndolos aunque duelan,

 porque son parte de nuestro recorrido vital e inherentes a él.


¿Qué es lo mejor de la ópera: la música, las voces, o la mujer que puede acompañarnos?


La ópera es un espectáculo integral y el más hermoso del mundo: música, canto, teatro,

escenografía...Lo tiene todo. Soy espectador apasionado desde hace más de cincuenta años

en diversos escenarios nacionales e internacionales. Lo mejor de la ópera es...la ópera.

Suelo ir solo o acompañado y lo cierto es que, cuando estoy acompañado, disfruto mucho

 viendo el encanto, la emoción, reflejados en el rostro amigo que está a mi lado.

Compartir es un placer inmenso y, si es belleza, música, arte y emoción, ya es infinito.



Premiado, con muchos libros a la espalda. ¿Qué te da la escritura?

La lectura, la buena música, la belleza en general es redentora de una cotidianidad que está

 cada vez más complicada y llena de tribulaciones. En cuanto a escribir -en este caso 

poesía- creo con firmeza que debe ser, ante todo, un acto de humildad, de reflexión

individual y también, de amor, sin caer excesivamente en el relato personal de nuestras

 cuitas e intentando universalizar los conceptos. Escribir es,para mí, vivir... Por otra parte, 

 en estos tiempos de Redes y sobreinformación, que bien usados son herramientas muy 

 útiles, tal vezse piensa demasiado en las "circunstancias" (edición, publicación,

recitales...) que, aunque necesarias para la difusión, se desbordan a veces en actos que

 transcienden del hecho poético o hecho literario. Pero las "circunstancias" son las que son.

En la escritura yo busco, ante todo, la propia satisfacción de la obra hecha lo mejor posible



Decir adiós, y basta”. ¿Debemos asustarnos? ¿Has perdido el poeta la fe en la vida, en el

 amor, en la belleza?


No, nunca hay que perder la fe y, sobre todo, la esperanza. Decir adiós llenos de serenidad

 mas también de realismo, pues es la realidad la que nos dice que el olvido es 

muy frecuente y, salvo notables excepciones, se instala pronto en quienes nos sobreviven. 

 Por ello piensoque lo que verdaderamente importa es caminar esperanzado y “ligero de

equipaje, sembrar amistad y generosidad entre los que están próximos y, cuando nos pidan 

 el billete de vuelta”, dejar al apearnos el mejor recuerdo posible entre quienes nos

 acompañaron en ese viaje, apasionante a fin de cuentas, que es nuestra vida…

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Blogs de Miguel Ángel Yusta

www.mayusta.blogspot.com

www.rincondecoplas.blogspot.com

Página: OperaMía en FB.




 

miércoles, 29 de junio de 2022

viernes, 24 de junio de 2022

jueves, 23 de junio de 2022

Un gran momento...

     
     
     
    Texto de la presentación en la Librería Cálamo de Zaragoza de Pasajero de otoño, por el catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza, Alfredo Saldaña. 
     
    NAVEGAR EN SILENCIO POR LO OSCURO
     
    Miguel Ángel Yusta ha ido elaborando a lo largo de estos años una obra poética singular dotada con unas señas de identidad con denominación de origen, rasgo de estilo que no todos los escritores alcanzan. Con todo, yo no sé si estamos —si nos ceñimos al libro que hoy presentamos— ante uno de esos poetas cuya escritura es proyección y consecuencia de su vida o ante una de esas personas cuya vida es reflejo y prolongación de su escritura (y trataré de glosar esta incertidumbre a lo largo de mi intervención en este acto); en todo caso, me temo que nos encontramos ante uno de esos individuos en los que vida y obra son manifestaciones inseparables —y a menudo indistinguibles— de un mismo binomio.
    No es ni mucho menos mi intención presentar aquí, en su ciudad, a Miguel Ángel Yusta, alguien que ha desarrollado en estas últimas décadas una importantísima labor como letrista de grabaciones discográficas, coordinador de numerosas actividades literarias, columnista en Heraldo de Aragón y poeta. Entre sus libros de poesía, entre otros, encontramos: Ayer fue sombra (2010 —Aqua— y 2017 —Lastura), Cancionero de coplas aragonesas (2011, Olifante), Pavesas del silencio y de la espera (2012, La fragua del trovador), Amar y callar (2013, Sabara), De silencio y luz (2015, Lastura). Y ahora publica, acompañado de un iluminador prólogo de Fernando Aínsa, Pasajero de Otoño, para mí, su mejor libro. Voy a intentar argumentar por qué.
    Siempre me ha llamado la atención la curiosidad y el interés que en todo momento ha mostrado Miguel Ángel por la literatura, una relación marcada por la pasión y el rigor. Yo creo que para él la poesía es palabra que refleja la huella de un tiempo vencido, palabra que lucha por permanecer en la memoria una vez que ha hecho su trabajo el arrasador ángel de la historia del que hablara Walter Benjamin, palabra de arena que trata de resistir los embates del viento, palabra de agua que desgarra con su grito las venas encendidas de la tierra. Así, algo de todo esto —y mucho más, por supuesto— encontramos en esta reveladora y radical entrega poética que hoy presentamos, donde la palabra encuentra su paraíso innominado entre los márgenes del poema.
    Más allá del sentido y profundo homenaje implícito a diferentes ciudades y paisajes que alberga el discurrir de este libro (París, Roma, Grecia), Pasajero de Otoño plantea —desde un conocimiento exhaustivo de las grandes corrientes artísticas y de pensamiento que se han sucedido en Occidente— algunas de las cuestiones centrales a las que se ha enfrentado la escritura poética a lo largo de su historia. Aquí la palabra es desafío del lenguaje a la posibilidad de su propia extinción, acontecimiento que se disuelve en la imagen que lo genera —y en este sentido cabe hablar tanto de imágenes poéticas como de imágenes visuales, plásticas—, palabra que versa sobre esa inefabilidad propia de cierta poesía, esa actitud entregada y valiente que consiste en llegar hasta el fondo de un agujero para hablar desde ahí, desde ese lugar —como se lee en el poema que abre el libro— ubicado «en las orillas de la duda / entre el sol y la muerte» (p. 25) donde se encuentra ese organillero solitario cuya música —como ocurre con la del trompetista del metro— ya nadie escucha. Desde luego, el viaje —como muy bien señala Fernando Aínsa en el prólogo— es un motivo vehicular y estructural en el libro. Miguel Ángel incorpora a su imaginario algunos lugares más o menos conocidos de la tradición pero, en este caso, lo relevante, para mí, es la actitud con la que se afronta esa experiencia y el reconocimiento de que lo verdaderamente singular y extraordinario de ese acontecimiento no se encuentra en el destino —«tocar el cielo», por ejemplo, como se afirma en el preludio de este libro— sino en el propio viaje.
    Pasajero de Otoño apuesta claramente por un decir repleto de música y de referencias intertextuales a otros ámbitos artísticos y en el que la máxima significación se halla en el hecho mismo de decir. Su autor ha viajado por senderos por donde solo son capaces de transitar aquellas personas que intuyen que para encontrarse antes hay que perderse. Un viaje —acompasado con el ritmo de una personal y sugerente banda sonora— que implica en todo caso un recorrido sentimental e ideológico por algunos de los principales escenarios —rincones, calles, plazas, teatros y museos, etc.— por los que el sujeto poético ha transitado a lo largo de los años, un viaje que supone pérdida y ganancia, olvidos y encuentros, y que acaba resumiéndose —como se lee en el memorable poema que cierra el poemario— en ese silencio que se escucha «por lo oscuro» cuando se navega a la espera «del profundo arañazo de la Dama» (p. 91), ese silencio que podría funcionar muy bien como metáfora de esa música infinita y total que permite al sujeto buscarse entre las sombras y disolverse entre la nada para siempre. En ese sentido, estos poemas —escritos algunos de ellos en primera persona y en los que se recrean, desde una cierta distancia, anécdotas y situaciones del imaginario vital del propio poeta— tienen algo de homenaje a un universo personal y colectivo que el autor ha querido retratar. La vida, como la escritura, es un viaje al corazón de la noche, donde aguarda el secreto del poema, la sensación de un sentimiento de pérdida. En «Palais Garnier» leemos: «Estoy otra vez sentado en la oscuridad. / En una blanda oscuridad acompasada. / El tiempo se detiene en los dorados y en las lámparas, / en los terciopelos rojos que saben de pieles adormecidas. / Tengo miedo» (p. 35).
    Yo creo que Miguel Ángel Yusta sabe muy bien que los viajes que importan suceden siempre en lo más hondo de uno mismo, guiados por esos «ojos sedientos de luz» (p. 36), como leemos en otro poema de este libro. Y en ese proceso —que no es sino un movimiento de aprendizaje, un viaje de conocimiento— la voz poética ha sabido desprenderse de lo accesorio y lo superfluo y partir a la búsqueda de lo esencial, hacia el encuentro de la raíz de las cosas. Eso es, sobre todo, Pasajero de Otoño, poesía que se enriquece conforme pierde elementos, tejida a golpes de libertad contra la mudez de la piedra y el sinsentido del ruido, poesía elaborada desde la conciencia de la pobreza y de la pérdida. Miguel Ángel Yusta plantea de este modo un escenario poético e imaginario en el que el paisaje natural ha sido trascendido por la sugerente plasticidad de las imágenes poéticas empleadas, un escenario —decía— en el que emerge una voz singular y extremadamente autoconsciente del trabajo llevado a cabo, una voz que ha sabido horadar en las hendiduras e intersticios del lenguaje y que aflora a la búsqueda de lo esencial, en ese viaje en el que solo se ve acompañado por su «sombra / de viajero sin nombre» (p. 81), como leemos en el poema que da título al libro, probablemente, como sugiere Fernando Aínsa en su prólogo, el más compacto de todos los que lo conforman.
    Pasajero de Otoño recoge dos grandes motivos de la literatura universal, y ambos interrelacionados: los motivos de la pérdida y de la búsqueda; todo canto poético surge de una tensión o una insatisfacción y de la necesidad de cubrir esa falta con la conquista de un nuevo horizonte. Podría decirse, después de todo, que esta obra poetiza el conflicto del vaciamiento que adquiere imagen en la conciencia del propio viaje donde se entrecruzan la realidad y la ilusión y que, sin pretenderlo, nos enseña al final que toda pérdida conlleva una ganancia. No hay desafío mayor que este que Miguel Ángel Yusta afronta en este singular libro —el mejor, para mí, repito, de todos los que ha escrito— y ese reto consiste en agujerear las cimas del pensamiento hasta dar con la profundidad del verbo, ese lugar donde esa palabra de música que es la poesía se disuelve en su silencio (la música, lo anoto tan solo entre paréntesis, desempeña una función central como hilo conductor y elemento de cohesión a lo largo de todo el libro); el autor de esta obra ha comprendido aquello que la poesía tiene de radical y esencial: la puesta en juego de la palabra, la vida, asumiendo el riesgo de la pérdida. Miguel Ángel Yusta nos ha entregado un gran libro.
     
    Alfredo Saldaña
     
    Miguel Ángel Yusta, Pasajero de Otoño, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2018.

     


 

domingo, 5 de junio de 2022

 

 
 

Belchite es nuestra sangre.

Este pueblo nos corre por las venas.

Hace tiempo llenaban los sentidos

de las viejas cocinas los olores

a trabajo y sudor honesto y digno,

las voces de sus gentes

curtidas por el sol

en los surcos abiertos a la tierra.

Hoy todo está enterrado.

La guerra necia y cruel y la barbarie

llenó de sangre páginas en blanco.

En estas ruinas tristes

hay nostalgia de niños que corrían

por calles olvidadas

con sus viejos balcones

en las nobles paredes

de las antiguas casas que luchaban

por redimir el tiempo.

Los jóvenes jugaban con pelotas de trapo

sin saber de fusiles ni cañones.

Pero llegó una guerra, inútil guerra.

Los bueyes asustados destriparon los sueños.

Mataron y murieron

mientras enmudecían esas calles.

Hoy venimos a verte,

después de tantos años,

a curar tus heridas

y besar con palabras

de tus piedras tan nobles los fragmentos.

Jamás olvidaremos

a las gentes que un día procuraron,

aun muriendo olvidadas,

legarnos libertad.

 

(Mayusta)


lunes, 2 de mayo de 2022

Niebla.

 

 
Apenas sostenida entre la lluvia
se adivina la imagen de un fantasma.
Brumosa aparición, casi una ausencia.
El tiempo la destruye.
La estela de los días desvanece
el origen y el nombre.
Ya no es sino una sombra
que vaga en el recuerdo.
 
 
A malapena sostenuta fra la pioggia
si avverte l'immagine di un fantasma.
Nebbiosa apparizione, quasi un'assenza.
Il tempo la distrugge.
La scia dei giorni fa svanire
l'origine e il nome.
Non è altro che un'ombra
che vaga nel ricordo.
 
(Del libro Reflejos en un espejo roto. Editorial Lastura, 2019)
Traducción: Marcela Filippi

 

sábado, 16 de abril de 2022

Soneto nostálgico de Sábado Santo.

 

 

 
 
Mirar tus ojos y sentirme preso
notar el frío canto de su nieve,
la penetrante herida que su leve
mirar traduce en un fatal proceso.
 
Es empresa que agota hasta el exceso
pues que tu indiferencia nada mueve
de tu ser, que apenas se conmueve
ni se apercibe de mi amor sin seso.
 
Te cierras en un círculo de lazos
donde se queda mi alma prisionera
apenas redimida de su esencia.
 
Y habito en el recuerdo de tus brazos
añorando con pena la primera
vez que abiertos marcaron mi existencia.
 
(c) Mayusta

Una décima de Viernes Santo.

 

 
 
Llegué hasta tu orilla un día
sin apenas conocerte.
Fue llegar y fue quererte
sumergido en la armonía
de tu inmensa poesía.
Hoy paseo tus senderos
y tus versos, asideros
son siempre de mi tristeza,
pues curan con su belleza
todos mis males enteros...
 
(c) Mayusta

sábado, 26 de marzo de 2022

miércoles, 2 de febrero de 2022

Nunca la derrota.


 

 

Nueva luz en la traducción de Marcela Filippi del poema que cierra mi poemario "Ayer fue sombra", Primer Premio de la D. del Gobierno de Aragón (Aqua 2010, Lastura 2017).

 

https://intraduzionisolmar.blogspot.com/2022/01/nunca-la-derrotamai-la-sconfitta.html?spref=fb&fbclid=IwAR1aK59Jg6OO3ewudg-_5_3I9Rqy0L8oKlX-AuG62awdEybG3X_RKvbeVKQ

miércoles, 26 de enero de 2022

¿Tenemos remedio?

 

 

Daguerrotipo


Hoy contemplaba una postal antigua

en una exposición retrospectiva:

finales años veinte del siglo de las guerras;

París, Place de l'Opéra y el Café de La Paix.

Paisaje en blanco y negro.

Lapso entre dos tragedias

que causaron dolor inacabable.

Se veía feliz a gente confiada

pasear por los grandes bulevares.

Tal vez en el Garnier moría Floría Tosca

o Lohengrín descubría su nombre

a la imprudente Elsa.

Los pequeños sonreían felices

en el sigilo de la foto gris,

ignoraban que unos años más tarde

morirían empuñando las armas

en honor de los hombres que siempre ganan guerras

y sobreviven al dolor que infligen.

Berlín, Varsovia, Dresde, Budapest,

mis queridas ciudades renovadas,

no dejéis que otros hombres os destruyan de nuevo

en nombre de banderas, dioses, patrias y honor.

Miguel Á.Yusta. Des-Concierto. 2016


lunes, 22 de noviembre de 2021

A Miguel Labordeta de Miguel Ángel Yusta

 

PRIMAVERA 1945 (Miguel Labordeta)

 ¡Señor

heme aquí bajo tu gloriosa primavera

lleno de pena.

Tus reinos están mal gobernados,

mal dirigidos tus senderos

demasiado oscuro tu sentido,

es una vergüenza.

Cómo permites estos escándalos,

estas matanzas, estas comedias.

Hace tiempo perdí mi confianza en ti

oh señor desganado:

heme aquí.

 Solitario y triste

bajo tu gloriosa primavera.

 “Crecimiento, 1945”. Recogido en “Obra completa de Miguel Labordeta”, edición a cargo de Clemente Alonso Crespo. Los libros de la frontera 1983. Tomo I, pág.182.

 

 OTOÑO 2021 (Miguel Ángel Yusta)

 Miguel

Yo te nombré en silencio muchas veces

y te abracé otras tantas

en tiempos de silencios y de sombras.

Año cuarenta y cinco de un tiempo sin mañana

y tú estabas allí siendo testigo

de todas las miserias de este mundo

que siguen hoy hiriendo a tantos inocentes.

“Llanto seco por mis ojos perdidos

de náufrago celeste” derramaste.

Señor, por qué dejaste tan solitario y triste

al encendido pájaro de aquellas primaveras.

Por qué causa, Señor, aún no respondes

a la voz angustiada del poeta.

 

 

 

sábado, 18 de septiembre de 2021

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