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viernes, 4 de noviembre de 2022

Es tiempo todavía. De POSTLUDIO (trad. Marcela Filippi)

 

ES TIEMPO TODAVÍA

Es tiempo de contarse los hijos y las canas,
recordar los aullidos de los perros
en solitarias noches de vigilia
y saber que hoy no estamos como entonces.
 
Es tiempo todavía de amar sin condiciones,
de abrazar al amigo,
de decir muchas veces un te quiero
a quien mañana puede estar ausente.
 
Es tiempo de sonrisas en los ojos
húmedos todavía por las lágrimas
que las largas ausencias acopiaron
en días de silencio y soledad.
 
Es tiempo, ya os digo,
de abrir las puertas a la primavera
y, emocionados, sujetar los brazos
cerca del corazón.
 
Es todavía tiempo, por fortuna,
de cielos y de soles y certezas.
De abrazos vivos aun en la distancia
que pregonen que nos necesitamos.
 
Es tiempo, por fortuna.
Quien lo sufrió lo sabe.
 
- - - - - - - - - - - - - -
È ANCORA TEMPO
 
È tempo di contare i figli e i capelli bianchi,
ricordare gli ululati dei cani
nelle solitarie notti di veglia
e sapere che oggi non siamo come allora.
 
È ancora tempo di amare senza condizioni,
di abbracciare l'amico,
di dire tante volte un ti voglio bene
a chi potrebbe essere assente domani.
 
È tempo di sorrisi negli occhi
umidi ancora dalle lacrime
che le lunghe assenze hanno accumulato
in giorni di silenzio e di solitudine.
 
È tempo, vi dico,
di aprire le porte alla primavera
e, commossi, reggere le braccia
vicino al cuore.
 
È ancora tempo, per fortuna,
di cieli, di soli e di certezze.
Di abbracci vivi anche nella distanza
che dicano che siamo indispensabili.
 
È ancora tempo, per fortuna.
Chi l'ha sofferto lo sa.

sábado, 22 de octubre de 2022

POSTLUDIO. Presentación en Madrid. Casa de Aragón, 19.10.2022





 Algunas fotos:








POSTLUDIO, recomendado por la Revista TURIA

 

TURIA recomienda hoy: “Postludio”, de Miguel Ángel Yusta (Lastura)
Autor de una amplia y estimable obra poética, siempre es grato acudir a sus libros porque son fruto del entusiasmo, el compromiso y de la pasión creativa. De ahí que en las páginas de su último poemario, ese consumado melómano que es también Miguel Ángel Yusta, nos transmita versos que nos hablan del amor, de la belleza y la melancolía que le genera el mundo en que vivimos. Un retrato de lo que nos pasa tan certero y clarividente como lo son estos versos de su poema final: 
 
 
“Eran los tiempos de palomas pardas 
 que agitaban sus alas en silencio 
 sobre los ideales de nuestra adolescencia.
 Palomas con estúpidas miradas 
 que giraban constantes en los cielos plomizos. 
 Se estrellaron algunas 
 - palomas alocadas y borrachas – 
 en busca de la luz retrocedida 
 en una noche larga de silencios oscuros. 
 Otras volaron raudas al olvido 
 y quedaron desnudas sobre la estepa helada 
 sin que nadie jamás recordara su nombre. 
 Una logró escapar de la bandada 
 iluminó caminos anhelados 
 desde la senda del conocimiento 
 y se perdió en el mar eternamente. 
 Cada día buscamos su regreso 
 para evitar la noche que se cierne implacable".  
 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
"La discreta, la lenta retirada, 
acercarse al silencio quedamente 
y desaparecer en la penumbra
lejano de oropeles, voces y ruidos.
Decir adiós, y basta”. 
 
No se lo pierdan.

 

viernes, 21 de octubre de 2022

De POSTLUDIO: Despedida en Sol. Trad. Marcela Filippi

 
 
DESPEDIDA EN SOL
de/di Miguel Ángel Yusta
(trad. Marcela Filippi)
Recuerdo con nostalgia aquella noche:
Puerta del Sol, las dos de la mañana.
Tu esperabas un taxi y la tristeza
asomaba filtrándose en tus ojos.
Nos esperaba el cielo y la distancia.
Un lazo nos ceñía 
con palabras de adiós y hasta muy pronto
y un abrazo sincero de amistad 
despedía las luces de la plaza.
Luego subiste al coche, silenciosa.
Yo me quedé muy quieto contemplando
cómo dos luces rojas alejaban las horas.
CONGEDO IN SOL
Ricordo con nostalgia quella notte:
Puerta del Sol, le due del mattino.
Tu aspettavi un taxi e la tristezza
spuntava e s'infiltrava nei tuoi occhi.
Ci attendeva il cielo e la distanza.
Un laccio ci stringeva
con parole di addio e di congedo
e un sincero abbraccio di amicizia
salutava le luci della piazza.
Poi sei salita in macchina, silenziosa.
Io rimasi immobile, contemplando
come due luci rosse allontanavano le ore.
(Del libro POSTLUDIO. Colección de Poesía N.º 202. Editorial Lastura, 2022)

miércoles, 19 de octubre de 2022

Presentación de POSTLUDIO. Joaquín Sánchez Vallés. Zaragoza 18.11.2022

 


 

POSTLUDIO

Miguel Ángel Yusta


Antes de nada, quiero pedir perdón porque tal vez esta presentación me salga algo deslavazada. Pero no he tenido demasiado tiempo para poderla preparar. Al presentador digamos “oficial” le ha surgido un compromiso ineludible –ineludible de verdad, no es culpa suya– y Miguel Ángel me pedido que yo lo sustituya. Como a un buen amigo nunca se le puede decir que no, aquí estoy para hacer lo que pueda. Confieso que he leído este libro como no debe leerse nunca ninguno, y menos si es de poesía: a matacaballo. Mi intención era venir a este acto como público, comprar el poemario y luego leerlo y degustarlo tranquilamente, despacio, dejando tiempo para asimilar los poemas. Y eso es lo que recomiendo que hagan ustedes. Yo, en fin, espero no desbarrar demasiado.

Afortunadamente, este Postludio tiene una ventaja, o por mejor decir, dos: En primer lugar es una poesía muy buena, y así, aun leído aprisa, se puede disfrutar de él. En segundo lugar, la poesía de Miguel Ángel Yusta tiene la virtud de ser muy clara, transparente, con imágenes muy precisas, metáforas de la naturaleza que emocionan directamente, lo cual lleva a que, a través de la emoción, se conecte fácilmente con el poeta. Y ya que hablo de virtudes, destacaré otra en la que Miguel Ángel es un maestro: el perfecto dominio de la métrica, en este caso del endecasílabo y sus versos asociados, lo que nos permite una comprensión musical de los poemas.

Pero centrémonos: el libro se titula Postludio. ¿Y qué es un postludio? El mismo autor se encarga de definirlo al final de la obra, aclarando lo que significa: “Pieza que se toca al terminar los oficios divinos, mientras los fieles salen del templo”. Entiendo que Miguel Ángel ha eliminado la connotación religiosa para darle un sentido humano. Postludio sería la celebración que se realiza después de haber asistido a un evento. Y en este Postludio, dividido en cuatro partes, los eventos serían varios.

La parte primera está a su vez dividida en dos. La primera de ellas (La fiera acosa) nos presenta poemas que surgen de la pandemia de Covid que sufrimos en 2020 (o desde 2020, que aún no se ha acabado del todo). El primer poema nos pone en situación:


“Creímos ser los dueños del abismo

y la distancia fue infinito anhelo.

Llegamos orgullosos como dioses erguidos

sin percibir el fango en que brotamos…”


Y al final acabamos como


“paradoja del hombre, convertido

en añicos su orgullo, desarmado,

ceniza entre los vientos de la nada.”


Poema que viene a ponernos muy en nuestro sitio: contra el mito del ser humano dominador de la naturaleza, la pandemia ha venido a demostrarnos que somos frágiles, fragilísimos, “ceniza entre los vientos de la nada”, como dice el poeta en ese magnífico epifonema.

La mayoría son poemas simbólicos, metafóricos, basados en imágenes que sugieren la angustia provocada por la situación: “los pájaros vigilan en la noche / insomnes sobre horas desmayadas”, “la ciudad se termina en los cristales / de una ventana donde el miedo habita”, alusión, imagino, a los días del confinamiento. El último poema de esta primera subparte, El pico de la curva (es la curva de muertos) resulta un poema mucho más largo, mucho más directo y enormemente conmovedor:


“Mueren en Nueva York a cientos cada día

los latinos pobres de Queens. Y los negros.

Son la fuerza de choque de la pandemia.”


Poema muy interesante de denuncia social que me recuerda ciertos versos de Poeta en Nueva York de Lorca:


“Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato;

debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero;

debajo de las sumas, un río de sangre tierna.”


Sea como sea, se trata de la muerte. Durante la pandemia, los pobres, los marginados y las minorías étnicas sufrieron la masacre de contagios y muertes mucho más que las capas privilegiadas de la población: “La peste no distingue los colores / aunque a veces separe las carteras”. Y esto ocurrió en el país supuestamente más avanzado del mundo, buen ejemplo del egoísmo capitalista y neoliberal. Claro que también ocurrió en otros lugares. Como termina el poema:


“Mueren en Nueva York a cientos cada día.

Y mueren en Madrid a cientos cada día.”


Recordemos que precisamente ahora se está investigando la mortandad que hubo en las Residencias de la Comunidad de Madrid de ancianos que no fueron trasladados a hospitales, siguiendo las directrices de los políticos neoliberales que gobiernan allí.


La segunda subparte (La impotencia, el dolor. Y la guerra) comienza como una evaluación de lo sucedido:


“Tras el final combate

la soledad es un pájaro muerto

en mitad de la nada.”


El poeta contempla su sombra en el camino, y exclama: “¡Qué desierto de noche y de recuerdos!”

Ha sido la codicia del hombre que ha construido esta sociedad desigual y devoradora la culpable del desastre. Desastre en que no entra solo la pandemia, que no fue más que el resultado de algo mucho mayor, como es la destrucción del planeta. Así ha ocurrido por ejemplo en el mar de Aral, que se convierte en un poema en “metáfora del hombre que destruye”. El mar de Aral, en Asia central, fue antaño rico, “lleno de vida, barcos y alegría” y es “hoy símbolo de muerte y destrucción”.


“El hombre se ha vendido

solo por baratijas y espejismos

y navega cegado hacia la Estigia.”


La destrucción se manifiesta en la muerte, y la muerte viene de manos de la guerra:


“Fue una guerra. Y fueron muchas guerras

con paces muy precarias.

Millones de cadáveres sirvieron en las mesas

de los omnipotentes vencedores.

Se repite la historia a través de los tiempos:

los huérfanos hambrientos lloran desconsolados

y muertos y banderas son proclamados héroes.”


¿Qué voy a añadir? Nada más actual que la denuncia de la guerra en estos terribles momentos que estamos viviendo. Esperemos que la guerra de Ucrania termine pronto y para bien de los ucranianos y no se extienda al resto de Europa como algunas voces amenazan.


La parte segunda se titula El tránsito y consiste en una evocación del pasado de España, concretamente de la posguerra civil, durante la cual transcurrió la infancia del poeta:


“Ayer, tan solo ayer, pasaron estas cosas.

Quizá no os acordéis y os lo recuerdo.

Y, si no lo vivisteis, que ya es fácil,

para que lo sepáis os lo preciso.”


Y sigue una larga enumeración de hechos y situaciones que se dieron en nuestro país: del Auxilio Social a los realquilados, de las maletas de cartón a los cortes de luz, del brasero de herraj al estraperlo. Algo que los jóvenes solo habrán visto acaso por televisión en las películas de “Cine de barrio”. Y termina con un aviso para no echar en saco roto:


“Cuidad porque no vuelvan esos tiempos

y no os quejéis por no tomar cervezas

en el bar de la esquina

o no estar en la playa este verano.”


Atención al llamamiento: “que no vuelvan esos tiempos”. Y va dirigido especialmente a esos muchachos que protestaban contra el confinamiento, la obligatoriedad de las mascarillas y las limitaciones en la hostelería, seducidos por los cantos de sirena de ciertos políticos de la derecha y la ultraderecha que abogaban por la libertad de tomarse una cervecita, cuando sabemos que muchos de esos políticos aplaudirían la supresión de las verdaderas libertades de reunión, manifestación y expresión del pensamiento. Y la de tener un trabajo digno. Así que mucho ojito.

Los poemas de esta parte son recuerdos y evocaciones de la infancia, de otros tiempos pasados en la niñez y la juventud del poeta:


“Se afila la memoria:

niños que chapotean en la playa,

anegados de luz, risas y llantos.”


Recuerdos que son tanto agradables: “La infancia, el paraíso, / los ojos encendidos, las sonrisas…”, como desagradables: “La repentina huida de la noche, / la llegada a las costas desoladas / por tormentas de angustia permanente.” Aunque siempre hay lugar a la esperanza, una fuerza que “abre de par en par las puertas a la dicha.”


La parte tercera (La llegada) continúa con la evocación de recuerdos:


“Apacible me siento

en la esquina del tiempo y de las cosas

y miro el sol en el atardecer”.


Pero esta evocación se centra en el amor:


“Aparecen las voces y las risas

a la orilla del mar y, de repente,

tu figura de junco que pasea

de la mano del viento.”


Es un amor pasado, un recuerdo: el poeta se ha sentado “a la orilla del tiempo”, o sea, contempla un momento que ya fue, y mira “el sol en el atardecer”, el ocaso, el símbolo de la decadencia de la vida, la vejez, lo perdido. Así, la mayoría de los poemas están marcados por términos como nostalgia, añoranza, recuerdo y otros semejantes: “Las nostalgias se esconden en esquinas / donde se aleja el miedo y el silencio”, “Añoro el confortable refugio de unas sábanas / compartidas con tu cálida piel”, “Cuando funde la tarde los recuerdos, / escucho el libre vuelo de los pájaros”.

El poema Despedida en Sol es la despedida de los amantes en la puerta del Sol de Madrid. Ella coge un taxi y él se queda inmóvil mirando cómo marcha. Podría ser una mera anécdota, pero en este contexto representa un adiós definitivo. Aunque se han dicho “hasta muy pronto”, las luces traseras del vehículo, “dos luces rojas” que “alejaban las horas”, se convierten en un claro símbolo de lo que nunca ha de volver.

Sin embargo, a pesar del dolor, siempre queda la esperanza, pues “es tiempo todavía” (título de un poema), tiempo todavía de seguir viviendo, tiempo de amistad, de sonrisas, de disfrutar la primavera… Este poema acaba con una paráfrasis del soneto de Lope de Vega Definiendo el amor: “Quien lo sufrió lo sabe”. Lope había escrito: “Quien lo probó lo sabe”. Este cambio al verbo “sufrir” implica dos cosas: Primera.- El poeta considera el amor terminado. Y segunda.- Al usar una forma perfectiva, también considera acabado el sufrimiento, pues “es tiempo todavía” de vivir.


La parte cuarta (La paz) representa los recuerdos de toda una vida que, ahora, en el momento de hacer balance final, se aceptan y sirven de consuelo. Aquí predominan las imágenes de lluvia, nieve, luz apagada, el otoño, el ocaso…, símbolos de vejez, aunque no de desencanto.


“Caen la últimas hojas

y tras ellas los copos de la nieve.

Al final del camino, no tan lejos,

una luz de esperanza.”


“Es el sueño la paz que llega sin presura

porque ya caminó lo suficiente

los días y los años.”


El poema último supone la aceptación de haber vivido y una serena contemplación de la muerte:


“La discreta, la lenta retirada,

acercarse al silencio lentamente

y desaparecer en la penumbra

lejano de oropeles, voces, ruido.

Decir adiós, y basta.”


Un perfecto final para un libro estupendo. “Decir adiós, y basta”: no hay mejor manera de resumir un poemario que es el resumen de una vida. Pero, como todos somos subjetivos y tenemos nuestras preferencias, yo no me resisto a resumírmelo particularmente en un poema que me ha conmovido especialmente. Está en la parte segunda y tiene solo dos versos:


“Creí que el dolor eras tú.

Y es el mundo.”


Para mí, este poema encierra una interesante lección: si en la juventud actuamos y pensamos guiados por sentimientos personales, como el amor (ese “tú”), en la madurez tenemos que ampliar el horizonte: lo que duele es el mundo, la realidad exterior, el prójimo. Y hemos de ser conscientes y solidarios.

Ahora ya sabemos cuáles son los eventos que celebra este Postludio. En la primera parte, la superación de la pandemia de Covid; en la segunda, la salida de la infancia y la juventud; en la tercera, la pérdida del amor; y en la cuarta, el tramo último de nuestra existencia. Y, aunque tengamos una alusión final a la muerte, este poemario no es pesimista, sino todo lo contrario: evoluciona desde el dolor y la angustia (el Covid, las guerras…) hasta una visión apacible y serena de la vida y su propia disolución.

JSV


 

martes, 11 de octubre de 2022

 

 

LOS ÁRBOLES DESCANSAN EN LA BRUMA/GLI ALBERI RIPOSANO NELLA BRUMA

de/di Miguel Ángel Yusta
(trad. Marcela Filippi)

Los árboles descansan en la bruma:
los desnudó el invierno.
Los miro y les pregunto
dónde fueron las hojas del último verano.
Ni siquiera su sombra me responde
porque no existe sombra entre la niebla.
Pero intuyo que hubo un tiempo cálido
lleno de ilusionadas primaveras.
Tal vez aquella rama que cobijó las tardes
de amantes presentidos
me sonríe desnuda
desde su cielo vertical y frío.


Gli alberi riposano nella bruma:
li ha sguarniti l'inverno.
Li guardo e chiedo loro
dove siano andate le foglie dell'ultima estate.
Nemmeno la loro ombra mi risponde
perché non esiste ombra in mezzo alla nebbia.
Ma intuisco che ci fu  un periodo caldo
pieno di infiammate primavere.
Forse quel ramo che ha protetto le sere
di amanti presagiti
mi sorride spoglio
dal suo cielo verticale e freddo.



(Del libro POSTLUDIO. Colección de Poesía N.º 202. Editorial Lastura, 2022) 

 

martes, 4 de octubre de 2022

lunes, 26 de septiembre de 2022

Postludio. Cuarteto nº 12. Traducción de Marcela Filippi

 https://intraduzionisolmar.blogspot.com/2022/09/cuarteto-n-12quartetto-n12.html?spref=fb&fbclid=IwAR2vkd07QkD9wrPYiGMOW4RlAEq1hVRiCBrdNyKyhw_-xA6fg1goZtaE99o 

 

 

CUARTETO N.º 12/QUARTETTO N.°12

de/di Miguel Ángel Yusta
(trad. Marcela Filippi)

Agotar el secreto de las horas
con el bello Cuarteto de Beethoven,
cuando la vibración de los sonidos
estremece el silencio.
Contemplar en penumbra
la líquida mirada de unos ojos,
inmenso mar de notas enlazadas
donde navega el fuego.
Regresar al contacto
de huellas y certeza
con manos que dibujan cadencias y deseos
mientras, sobre el compás, muere la tarde.


Esaurire il segreto delle ore
con il bellissimo Quartetto di Beethoven,
quando la vibrazione dei suoni
scuote il silenzio.
Contemplare in penombra
lo sguardo liquido di certuni occhi,
immenso mare di note annodate
dove naviga il fuoco.
Ritornare al contatto
di orme e di certezza
con mani che disegnano cadenze e desideri
mentre, sul ritmo, la sera muore.


 (Del libro POSTLUDIO. Colección de Poesía N.º 202. Editorial Lastura, 2022)

 

martes, 20 de septiembre de 2022

Postludio. Trad. Marcela Filippi

 

LOS PÁJAROS VIGILAN EN LA NOCHE
de/di Miguel Ángel Yusta
(trad. Marcela Filippi)
Los pájaros vigilan en la noche 
insomnes sobre horas desmayadas. 
Mientras, en el olvido, 
yacen cansados gritos de ceniza. 
El tiempo se disfraza de fantasma 
junto a los cuerpos y las almas rotas 
liberados al fin de servidumbres. 
Diluido el dolor, la soledad es cierta.
GLI UCCELI VEGLIANO NELLA NOTTE
Gli uccelli vegliano nella notte
insonni sulle ore svenute.
Mentre, nell'oblio
giacciono stanche le grida di cenere.
Il tempo si maschera da fantasma
insieme ai corpi e alle anime rotte
liberati alla fine da servitù.
Diluito il dolore, la solitudine è certa.
(Del libro POSTLUDIO. Colección de Poesía N.º 202. Editorial Lastura, 202

martes, 9 de agosto de 2022

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domingo, 24 de julio de 2022

Expoesía 2022

Allá va, que va, que va

la poesía hasta Soria

y canta a orillas del Duero

con el aire de una jota...




jueves, 21 de julio de 2022

POSTLUDIO. Prólogo de Valentín Martín, escritor y periodista

  

-¿QUIÉN MATÓ AL MAR DE ARAL?


Algún día después de la vida alguien se encontrará millones de esqueletos y se


preguntará quiénes fuimos.


El viento no responde nunca, dice el poeta. El poeta sabe de ceniza porque ha


discurrido demasiadas soledades que concuerdan con las servidumbres del oficio de vivir.


Y que entre el estaño y la ternura no hay camino para los pulmones o los


pájaros nocturnos a los que él se aferra desde la primera geometría literaria que


vislumbra.


Todo lo que dice no es una parábola. Ocurrió cuando las UCIS gobernaban 


el mundo y la gente se suicidaba besándose en los andenes del sigilo. Las calles agonizaban 


los generales volvieron a dar cuenta de sí mismos. Era la única respuesta al


exterminio cuando por las noches un deslizamiento de números y culpabilidades


entraba en las casas y tomaba posesión de los insomnios.


Este puede parecer el poemario del miedo, pero no de la decrepitud. Porque aquí no


hay decadencia sino un catalejo crónico sobre una guerra desigual que engulló a


todos. El poeta ha visto que los barcos llorando la mar llevan a la tierra prometida


cada vez menos viajantes. Y sabe por qué, lo mismo que gritó Blas de Otero.


Hay una piedad desnuda muy parecida a las ecuaciones: la indefensión de los viejos y


la inmensidad de los pobres sobre el laberinto aristocrático de los poderosos con


patria en Manhattan. Ocurre un tsunami, pasan las habladurías y los espejos, pero no


cambian los paisajes.


Solo alguna rara vez el poeta se queda traspuesto y cree ver un mediodía lleno de


música y de niños. Y enseguida acaba el sueño con un martillazo que retumba ahora y 


confirma el pasado. Ese " Fue" es la condena por haber creído en un cielo limpio de


crisantemos. Y enseguida, otra vez el deshielo.


Hay un momento de furia en el libro donde el poeta no ve una guerra sino una


rendición. Posiblemente aquí el desencanto vocifera. Y luego, taimada y dulcemente,


empieza la segunda parte refugiándose en su infancia, duro territorio del que sólo


sabe una certeza: que sobrevivió.


Y a partir de aquí empieza un racimo de poemas cortos donde el amor se abre paso


como un sentido inevitable camino de la libertad. Hay expresiones bellísimas en una


trinidad que sabe a luz y a mujer después de la tormenta. Y renacen los parques, y el


verano germinal, y la mozalbería que nunca se fue, y las posibilidades de gozar


borbotones de abriles en los rostros más amados.


El viaje termina con una llamada al tiempo. Pero aquí no hay espasmos sino una


apacible añoranza que el poeta llama retorno. Volver. Nadie puede, pero todos acaban


en esa laguna después de contarse las canas y los hijos. Parece que llega el ocaso, la


probabilidad de algún olvido. Y nace un último estertor en la rebelión del poeta al


atisbar que un vientre espera. Y entonces reviven las palabras en un fundido con el


aire para llegar a unos ojos que solamente él sabe.


Hay dos claras tonalidades en el libro. La primera parte es voraz y amenaza con


fagocitar cualquier trigo nacido de un surco que habite después. No es un estado


peculiar del poeta sino la expresión literaria de un cuerpo social al que él no es


ajeno. El poeta no diagnostica sino que va dejando jalones de tiempo invernal, voces


pobres, viejos suburbios. Nula es la reacción al desastre, parece decir.



A medida que el tiempo avanza, el poeta muta en una variante más halagüeña. Y


hasta parece que las vidrieras de los versos se reconcilian y se abre la posibilidad de


los enamoramientos hasta para los africanistas ancianos. Milagro de la poesía cuando


el autor no es sólo un destello de avispa en el tiempo, sino el buen hacedor de una


estética fundamentada no sólo en las condiciones impuestas por la amenaza del


pavor sin fronteras.


Aparece entonces el auge de los poemas cortos o medianos, que no son un indicio,


sino el lenguaje de las criaturas otra vez en la enramada al clarear el alba. Aquí el


poeta vuelve a respirar bien y deja que de su herida en el costado crezcan árboles con


suave gorjeo en las alturas de los sueños.


El deslizamiento del libro de una cara a otra cara no es abrupto, sino natural como la


reconciliación de dos hermanos que vuelven a hablarse. ¿Son dos maneras de


referirse a sí mismo?


Quizás haya que contar con que la manera de relacionarse el poeta con el libro viene


impuesta también por las condiciones plurales que le merodean. Eso sí, estamos ante


un poeta que no dobla la rodilla ante el témpano mudo o el eco de otros nombres,


sino que defiende su semántica en movimiento sin reduccionismo de estilo o


doctrina. El impulso formal no decae. Pocos autores están tan dotados para la


exploración de las zonas crepusculares, mundanas, geográficas o sentimentales.


Todas sus búsquedas culminan con la visión de su mundo como ritmo.


Quede claro que este no es un libro lateral, sino el hijo de un hombre comprometido


con contar lo que pasa dentro y fuera. Y así entra en los tiempos con los ojos abiertos


y vivos, dejando un rastro de corresponsal de la guerra que vivió, de la paz que vivió, de los


 soles y sombras que vivió, sin saber muy bien si está entre los vencedores o los


vencidos. 


Y luego se abre la camisa y enseña la piel, como si ofreciera su pecho a la lava y a


los futuros que están ya aquí o esperan en el sosiego de la hierba nacida una y otra


vez. No se puede negar el tempero. Luego está el tiempo de mies, que ni el poeta ni


nadie sabrá medir y pesar. Ese es el misterio, la seducción quizás.


Todo está en un libro que sobrevivió a la crueldad, donde el oxígeno viajó desde las


moléculas hasta las puertas sin cerraduras. Lo escribió Miguel Ángel Yusta, el único


hombre que aún palpita sin cautividades.


Valentín Martín

Madrid, Febrero de 2022


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