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martes, 24 de septiembre de 2019

Reflejos en un espejo roto. Presentación en Madrid




El escritor Rafael Soler presentó "Reflejos en un  espejo roto". Madrid, 20 de septiembre de 2019.

 
 
























domingo, 15 de septiembre de 2019

Mnuel López Azorín reseña "Reflejos en un espejo roto"




El poeta y crítico literario Manuel López Azorín, reseña el poemario "Reflejos en un espejo roto". 
 "Reflejos en un espejo roto es un libro de temblor y de emoción, un libro de poesía verdadera, un libro de amor y su contrario."
Pinchad el enlace:

https://manuellopezazorin.blogspot.com/2019/09/miguel-angel-yusta-reflejos-en-un.html?spref=fb&fbclid=IwAR3kvCwpguzXh6-GTrgsYHT3IPNkMAR-otuVqpSo48hIgCYgWEjsL97H1CM&m=1

jueves, 12 de septiembre de 2019

Francisco Caro, sobre "Reflejos en un espejo roto"

El poeta y profesor Francisco Caro, comenta el poemario "Reflejos en un espejo roto"
Mi gratitud y abrazo.
Ver en el Blog:
https://mientraslaluz.blogspot.com/2019/09/dos-poemas-de-miguel-angel-yusta-de.html

lunes, 2 de septiembre de 2019

Biobibliografía septiembre 2019


BIOBIBLIOGRAFÍA
Miguel Ángel Yusta Pérez, zaragozano, poeta y escritor, tiene una larga trayectoria ligada a la literatura y los medios de comunicación. Realizó sus estudios en la Universidad de Zaragoza. Es colaborador del diario Heraldo de Aragón desde 1970, donde participa en las secciones de Opinión, Música (Ópera) y Artes y Letras, habiendo escrito también centenares de colaboraciones en diversos medios. Es asimismo responsable de la sección “El rincón de la copla” en dicho Diario donde, desde hace veinte años, recopila cada domingo coplas de autores diversos y suyas propias. Ha publicado en varios medios, entre ellos el diario El País, y obtenido numerosos premios y reconocimientos con su autoría.

*Premio Imán 2018, otorgado por la Asociación Aragonesa de Escritores a la trayectoria literaria.
*Premio Búho 2019 de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro a su obra y actividad literaria y periodística en el campo literario y de crítica musical. (Ópera). 

Sus más recientes trabajos son los poemarios: 
*Luces y sombras, fotopoemas, con fotografías de C. Moncín (Gobierno de Aragón. 1999).
*
Peregrino de ausencias (Unaluna 2006).
*Rincón de coplas (Antología 2007)
*Teoría de luz (2007. Prólogo de Manuel Vilas).
*
Reloj de arena (2008. Prólogo de Rosendo Tello)
*
Senderos de amor y olvido (2008. Prólogo de José Verón).
*
Panoramicas de Zaragoza (VV.AA. Dip. de Zaragoza 2008).
*
Ayer fue sombra (Aqua 2010) galardonado con el primer premio de la VI edición del Premio de Poesía de la Delegación del Gobierno.
*
Cancionero de coplas (Olifante 2011, con prólogo de José Luis Melero Rivas.También en edición digital).
*
El camino de tu nombre (Quadrivium 2011, con prólogo de J.L.Gracia Mosteo).
*
Pavesas del silencio y de la espera (La Fragua del Trovador, 2012, con prólogo de Carlos Alcorta y nota final de Laura G. Recas).
*
Amar y callar (Sabara 2013. Prólogo y epílogo de las poetas Luisa Miñana y Laura G. Recas. Digital y papel).
*
20+1 Poemas (Antología castellano-gallego. Eds. Lastura 2013. Prólogo de Ángel Guinda)
*
De silencio y luz. (Eds. Lastura 2015. Prólogo de Joaquín Sánchez Vallés).
*
Des-Concierto (La Fragua del Trovador 2016)
*
Ayer fue sombra (II Ed. revisada y ampliada, Lastura 2017, con prólogo de Marisa Peña)
*
Damas (Con Alberto Calvo. La Fragua del Trovador 2017, con prólogo de Antón Castro)
*
Pasajero de otoño (Huerga&Fierro.2018, con prólogo de Fernando Aínsa)
*69 Poemas VV.AA. (Quadrivium 2019)
*Reflejos en un espejo roto (Lastura 2019)
*
¡Todos a la ópera! (Lastura- Juglar. Ensayo en preparación)
* Antología de la copla (lastura & Juglar 2020)

También sus recopilaciones:

*
Rincón de coplas 1 (Unaluna 2006, prólogo de Javier Barreiro y también en edición digital), recopilación de la sección periodística semanal en Heraldo de Aragón.
*
Artículos indefinidos (2010, con prólogo de Ricardo Vázquez-Prada)
*
Rincón de coplas 2. Ed.digital.

Poemarios colectivos :

*
Panorámicas de Zaragoza (Ayto. Zaragoza. Unaluna, 2008)
*
Cobles d'anar i tornar. ( Quaderns del Cingle, 2009),
*
I Antología Vilapoética (Ed. Parnass, 2011),
*
I Antología Poetas en red (Ed.Sigüenza, 2011),
*
Poetas del 15 de Mayo (Ed.Séneca,2011),
*
Uni...versos para Somalia (Ed. Quadrivium, 2011),
*
Escribiendo esperanza (Ed. Cardeñoso 2013),
*
I Antología Poética en Gredos (Ed.Alkaid 2013)
*
Ronda de versos (Ed. Lastura, 2013)
*
La luna en verso, Antología poética (El Torno Gráfico, Ediciones, 2013)
*
Los Borbones en pelota (VV.AA. Olifante 2015)
*
Con Clave de Fa aún Mayor (VV.AA. Zaragoza 2015)
*
Antología "Antón Pirulero" (Diput. de Albacete 2015)
*
Aforismos (Playa de Ácaba 2016 VV.AA.)
*
Amantes (Antología de poetas aragoneses. Edic. Olifante 2017)
*
Sendas para la igualdad VV.AA. (AAE, 2017)
*
Antología poética del Ateneo Jaqués.(VV.AA. Eds. B. de Potemkin 2017)
*Érase una vez...(Dip. De Albacete 2018)
*
En la estela del Hayku (Certeza 2018)
*Antología 10º Aniversario . La Casa de Zitas. (Eds.Quadrivium 2018)
*Antología de los Encuentros Poéticos de la Lobera de Gredos (Ed. Juglar 2019)
*Antología de poetas aragoneses (Ed. Kirón, 2019)
*Antología poetas Tertulia del Café de Oriente (ACCI Edcs.2019)
*Las tentaciones de San Juan del río Huecha. (VV.AA. Olifante 2020)

Otros:

*Crónicas parlamentarias (VV.AA. Gobierno de Aragón)
*Una memoria sentimental de las Fiestas del Pilar. VV.AA. Grupo Zeta, 2015)
*
Relatos en 90” (La Fragua del Trovador, 2018)

DISCOGRAFÍA:
*
Poetas aragoneses (VV.AA. de Alime Hüma y Luigi Maráez).
*
Las Pilares (VV.AA., de Alberto Gambino, con Beatriz Bernad).
* Batebancos (VV.AA.,de Nacho del Río).
*
Flamenco. Diásporo II (VV.AA., de Alberto Gambino)

Algunos de sus textos han sido recogidos, entre otras, en las revistas literarias:
*
Turia, Andalán, Criaturas Saturnianas, Barataria, Imán, Álora, Alkaid, Isla de Siltolá, Otro Lunes (Revista Hispanoamericada de Cultura), El Alambique, Ágora, La hoja azul en blanco, Poesía en diciembre 2014 (Fundación Telefónica), El Eco de los Libres (Ateneo Jaqués).

Y también en numerosas publicaciones y antologías digitales (
Poetas del siglo XXI, Arte fénix, Las afinidades electivas, etc..).

Su poesía está referida y representada en diversas antologías como
Los cisnes aragoneses. De Marcial a los últimos poetas (Juan D. Lasierra . Eds. Delsan 2013), Biografía de la Jota Aragonesa (J.Barreiro. Mira Edts. 2013).
Participa activamente en numerosas actividades literarias, conferencias, mesas redondas, jurados, presentaciones y coordinación de ciclos poéticos y literarios, entre otros “Encuentros literarios” en colaboración con la Fnac y “Libros filmados”.

Realiza reseñas literarias en el suplemento “Artes y Letras” de
Heraldo de Aragón y musicales: Heraldo de Aragón, es_Cultura Universidad S.Jorge, Zaragoza, Alenarte, “Operamía”-coordinador-, E.P.U. y TEA, FM.

Director adjunto de la revista literaria
Imán.(2008-2016)
Miembro del Consejo de Redacción de
El Eco de los Libres (Revista literaria del Ateneo Jaqués. 2017)

viernes, 30 de agosto de 2019

Grecia



 1.

Llegué a tocar el cielo
exhausto tras el viaje.
Y en ese instante mismo
se me apagaron todas las estrellas.
Nunca jamás querré viajar a Ítaca.



2.
Regresa,
cuando el alma retoñe,
yo salga de las sombras

 y podamos retomar el camino.
Retorna bajo el sol del mar Egeo
una mañana asordada de pájaros
y pasaremos el umbral del templo.
Recibirás allí estola de seda,
te coronarán estrellas de luz
y volverás a ser, viva Cariátide,
sostén del Erecteión, que sin ti se derrumba. 


("Pasajero de otoño". Huerga y Fierro , 2018).
Fotos: (c) Mayusta)

jueves, 22 de agosto de 2019

Opiniones sobre "Reflejos en un espejo roto"

Fluye tranquila e implacable una bellísima poesía en el último libro de Yusta. Suma de pasiones. Y él mismo la pasión de un poeta que no cesa de ser por sí mismo o a pesar de sí mismo. En la hora en que tantos y tantas se inventan poetas, entre nosotros hay uno que tiene poesía para rato sin necesidad de vocearse porque, quiera o no quiera, la verdad está escrita. Bendito libro este "Reflejos en un espejo roto", entre crepúsculos.

Valentín Martín. Escritor, poeta y periodista. Madrid.

miércoles, 31 de julio de 2019

ANTÓN CASTRO. "Reflejos en un espejo roto". Cinco poemas

MIGUEL Á. YUSTA: 5 POEMAS DE 'REFEJOS EN UN ESPEJO ROTO'
Miguel Ángel Yusta, poeta, experto en copla de jota y apasionado de la ópera, acaba de publicar ‘Reflejos en un espejo roto’, en el sello Lastura, que presentará en Expoesía en Soria. Es su modo de celebrar a lo grande, con un libro reflexivo y experiencial, la alegría de sentir, el drama, en algunas ocasiones, de vivir pero también la necesidad de celebrar la palabra y cargarla de belleza, de emoción, de latidos de verdad.
Antón Castro 

 
  “El camino que trazan y recorren estos poemas, no pretende ser una autovía cómoda y luminosa, sino reflejar en su trayecto un difícil sendero lleno de dudas y trampas, con sus diversas fases o estaciones como si de un viaje del alma se tratara pero, aun a pesar del sufrimiento, con un final apacible y esperanzado –no cómodo– al que tenemos que atenernos, pues todo recorrido vital tiene una meta y no se llega a ella sin las heridas del tiempo, sin las marcas indelebles de la experiencia y la impronta del sentimiento más importante del ser humano: el amor”.
(De la Nota del autor)

Cinco poemas:

Paseo lentamente por el Lido
una tarde guardada en la memoria.
Las horas sosegadas
retrasan su camino hacia la noche.
Se apaciguan los pasos.
Revive el Adagietto de Mahler en el alma
fundido con la luz y aquella espuma
inatrapable y suave de las olas.
Es tanta la belleza que mis lágrimas,
al ocaso, se funden con el mar.
…......

Observaba tu imagen
a través del cristal
de la copa de gin semivacía.
Tu mirada era opaca,
-frialdad de metal,
laberinto sin fin-.
Perdido en el vacío,
sentí que ya jamás
reirían los ayeres.
Silencioso e implacable
se derramó en mi alma
el hielo que salía de tus ojos.
…......

Penetran en la sombra los faros de mi coche;
casi me vence el sueño.
Son horas de silencio y carretera.
Sobre mi soledad, el ruido del motor.
Y los recuerdos.
Los kilómetros pasan, raudos como los años
en que unimos felices las distancias
con equipajes llenos de ilusiones
desvanecidas hoy en las cunetas.
Conduzco con temor hacia lo incierto
y la noche se cierra tras de mí
como boca de lobo.
Qué sensación extraña, ni una luz;
solo mis faros, el desierto enfrente.
…...............

Acecho tras los álamos
la luna silenciosa,
los aturdidos vuelos de los pájaros,
los rayos que me hieren
de un sol que se deshace entre sus hojas,
las orillas del río que me llaman.
Camino por la sombra y por la luz
preguntando a la tierra y a los años.
No consigo encontrar en el paisaje
vestigios de tu nombre.
Y, sin embargo, tú lo llenas todo.
…................

En el amanecer no existen lágrimas;
el horizonte es limpio y luminoso.
Mi barco llega a puerto
y cantan en la orilla las muchachas desnudas.
Los tiempos de jazmines se convierten
en miradas y labios.
El tiempo de la espera
ha cubierto de luces
las apagadas horas del olvido.

Miguel Ángel Yusta.

sábado, 13 de julio de 2019

Reflejos en un espejo roto

Próxima aparición de este nuevo poemario.

"El camino que trazan y recorren estos poemas, no pretende ser una autovía cómoda y luminosa, sino reflejar en su trayecto un difícil sendero lleno de dudas y trampas..."

( De la "Nota del autor")




miércoles, 8 de mayo de 2019

lunes, 6 de mayo de 2019

De silencio y luz. Prólogo



De silencio y luz. 
Lastura 2015
Un libro de largo recorrido del que traemos aquí el prólogo del profesor y poeta Joaqión Sánchez Vallés.


 
De silencio y luz, de Miguel Ángel Yusta, se nos
ofrece como un libro del amor y sobre el amor. Ante todo, me gustaría
deshacer el posible equívoco que encierra su título, que parece obedecer a
una antítesis en que el silencio (lo negativo) se opondría a la luz (lo
positivo). En realidad, no hay tal: la inmensa mayoría de los poemas nos
hablan de un amor logrado, conseguido, gozado y placentero. El silencio
y la luz son dos formas del amor. El silencio que permite a los amantes
disfrutarse plenamente y la luz que surge de ellos al cumplirse el amor.
Por si aún quedara alguna duda, el mismo poeta la despeja cuando reduce
los dos términos a uno en el verso “es tu silencio luz”, donde se
identifican los dos términos de la paradoja.
Acabo de decir que se trata de un libro del amor gozoso y
placentero. Y habría que añadir: del amor en toda su carnalidad. Lo que
Miguel Ángel Yusta canta en estos Poemas de silencio… es el beso, la
caricia, el abrazo y, naturalmente, la unión de los cuerpos, el placer
físico, el “amor en carne viva”, “los supremos instantes de la entrega”,
...dulces sábanas / que arropaban los cuerpos generosos”, “la humedad desnuda
de los cuerpos”, en palabras del propio poeta. Lo que sí conviene señalar
inmediatamente es el lirismo, la expresión elegante, el lenguaje refinado
con que Miguel Ángel Yusta sabe manifestar este contenido. La justa y
precisa utilización de metáforas e imágenes, en su mayoría tomadas de la
naturaleza, hacen de la materia erótica un ejercicio de sensibilidad: “He
inundado tus valles agitados / en la penumbra cierta de la noche”, "el centinela lienzo
de lo oscuro"“el jazmín de tu pecho”, “súrcame de silencio en la mañana”, y tantas
otras imágenes que vienen a demostrar que Miguel Ángel Yusta es un gran poeta. Y
es un gran poeta también por el perfecto uso que hace del verso: hay un predominio
de heptasílabos y endecasílabos como material con que construye estos versos
blancos, con los acentos colocados donde se debe para crear la musicalidad clara que
inunda cada poema, que hace que cada poema fluya con naturalidad y
justeza, sin que sobre ni falte nada, hasta el verso final, ese remate en que
un poeta se juega buena parte de la emoción que un poema debe
transmitir. Y no cabe duda de que Miguel Ángel Yusta gana siempre en
ese juego. Estos tres elementos (imágenes apropiadas y sugerentes,
musicalidad del verso y justeza en el remate) son la piedra de toque de
un verdadero poeta. Y Miguel Ángel Yusta lo es, logrando el resultado
que se espera de un poeta verdadero: la emoción. Es imposible leer estos
poemas y no emocionarse, no sentir el latido que ese amor expresa, de
aceptarlo como auténtico.
Dentro de las imágenes que predominan en Poemas de silencio…,
destaca por su abundancia la de la noche, cosa que sí que puede
sorprender en un poemario que tiene la luz en su título. Pero ya he dicho
que esa luz es muchas veces la luz creada por el amor de los cuerpos,
como en la noche de san Juan de la Cruz la luz era la del alma hacia Dios
(“sin otra luz ni guía / sino la que en el corazón ardía”). No es extraño
que la noche sea una de las notas dominantes de estos poemas: es la
noche que une a los cuerpos (“¡oh noche que juntaste!”, seguiríamos
diciendo con san Juan), la noche cómplice y propicia en la que se cumple
el amor. No extrañen estas alusiones a san Juan de la Cruz a que me he
atrevido, pues en este amor carnal que Miguel Ángel Yusta nos presenta
hay una agitación de la naturaleza, una transformación del mundo, de tal
modo que parece alcanzar cumbres místicas. ¿Y la luz? La luz en la
noche puede ser la de la luna: “Tiéntame, madre luna, /…/ para que
pueda amar por fin del todo”, “Hazme tu rayo, luna, / para abrir sus entrañas”. Pero lo
más habitual es que la luz sea el resultado del
amor: tras la noche, amanece; tras el amor, viene la luz a iluminar los
cuerpos que se han amado.
A lo largo de todo el poemario prevalecen estos poemas de
exaltación y gozo amoroso, aunque no falta alguno que aluda a la
ausencia del ser amado: “Se borrará tu huella / y yo me quedaré
deshabitado”. / Solo”. Estas notas negativas se acentúan en la IV parte, "Final",
donde aparece el otoño con "sus cuchillos", noviembre "como un fantasma gris",
diciembre "lleno de nostalgia", hasta culminar en el último poema, cuando la noche,
que hasta entonces la hemos visto como acogedor lecho de los amantes,
se convierte en "horas lentas de silencio erguido ”. Este último poema cierra el libro
con una nota de angustia, con la que el poeta se debate intentando salir lo más
indemne posible: “regateo con las últimas raíces del dolor / para que no puedan
matarme de nuevo…”. Aquí es donde podemos considerar que el título
De silencio y luz se revela como verdadera antítesis, prevaleciendo el silencio sobre
la luz que ha iluminado prácticamente todo el libro.

JOAQUÍN SÁNCHEZ VALLÉS


miércoles, 1 de mayo de 2019

La revista Proverso, recoge mi poema "La estela vigilante" del poemario "Amar y callar" ( 2013)


 La estela vigilante.

 I
La estela vigilante
perfila los senderos de la luna.
La misteriosa noche
desata el pensamiento
que intenta descifrar el laberinto.
Busca la incertidumbre
el aliento del alba sin memoria.

II
Desde el incierto olvido
llegan a mí palomas ateridas.
A veces les pregunto
y en el eco infinito de la ausencia
sólo el silencio es cierto.

III
Se desliza en las hojas el rocío
como una esencia generosa y cierta.
Ha llorado la tierra en el silencio
lienzos de noche oscura.
El sol, cuando amanezca,
disipará la bruma del dolor.

IV
Han llegado las horas del mañana
y el tiempo del ayer
se ha escondido en silencio.
Ya no me reconozco en el pasado,
me dirijo a la luz.

V
Me miro en el espejo del destino:
un extraño me observa.
A veces me pregunta desde el fondo
del tiempo y del espacio.
Yo, nunca le contesto.

VI
Las nubes lamen los lejanos montes,
desfilan los paisajes, cae la tarde.
La carretera corta
el horizonte en dos.
Viajamos en silencio
hacia el interrogante del crepúsculo
aunque la noche es cierta.

VII
Apenas contenida
por la nostalgia del pasado invierno
llega la primavera.
La huella, sobre el campo,
reabre la esperanza.
Vuelve la vida a descubrir la luz.

VIII
Ha pasado la lluvia.
Un murmullo de vida
acuna dulcemente
mi incierta soledad.

IX
El viento sueña cuando cruza el páramo.
Su voz se difumina en la distancia,
nos trae ecos lejanos
de vida que, tal vez,
dejamos olvidados en el tiempo.

X
Suspiros de la luz, huellas del aire,
aromas de la tarde que se cierra.
Después del corto ocaso
Todo será silencio.
¡Otra noche tan larga!

XI
Alguien me llama.
Voy.
Al fin descanso y vivo en el origen.
Rumor de mar, la paz,
Y de nuevo soy yo.
____________________

*Miguel Ángel Yusta
"Amar y callar" (Ed. Sabara 2013)
Recogido en "Proverso" . Mayo 2919.

De Ferias.


jueves, 18 de abril de 2019

Premios "Búho" 2019

Emocionado, y agradecido a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, por este prestigioso y veterano Premio, ya en su XXVII edición, junto a tan grandes figuras de la cultura aragonesa.
"Miguel Ángel Yusta, poeta, musicólogo y activista cultural Premio Búho por toda su obra, en especial la dedicada a la copla, y su apoyo entusiasta a la difusion de los poetas aragoneses". (Acta de la concesión)




)

martes, 16 de abril de 2019

Desde el dolor: Notre Dame






 Notre Dame
 
Me asombran siempre sus piedras ordenadas,
santos ordenados, reverentes y fríos.
¿Santos? Serían cenizas olvidadas sin esos hombres buenos
que confiaron su arte al poderoso.
Sustento por tranquila subsistencia.
Alojamiento por torrentes de luz.
Aún existían el cielo y el infierno para poder pagar y administrar.
Y el Orden Divino, y todas esas cosas que compraron la eternidad.

De las gárgolas caen cada segundo signos de admiración,
inmensos, luminosos signos de admiración.
Y el sol enciende cada tarde un altar junto al Sena
rendido al esfuerzo del hombre para ser inmortal.


M.A.Yusta. Pasajero de otoño. Huerga&Fierro 2018

viernes, 14 de diciembre de 2018

Presentación.

Lectura y presentación en la Casa de Aragón en Madrid. 11.12.2018
Toda la información en este enlace:

https://www.facebook.com/mayusta

lunes, 5 de noviembre de 2018

Pasajero de otoño: un fragmento




Se ha quedado vacía la estación 
y tal vez aparcado en vía muerta,
olvidado el orgullo, el vagón de mis sueños.


M.A.Yusta. "Pasajero de otoño" 2018.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Presentación de "Pasajero de otoño" en Zaragoza. Texto de Alfredo Saldaña

Texto de la presentación en Librería Cálamo de Zaragoza de "Pasajero de otoño", por el catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza, Alfredo Saldaña.
 
 
NAVEGAR EN SILENCIO POR LO OSCURO

Miguel Ángel Yusta ha ido elaborando a lo largo de estos años una obra poética singular dotada con unas señas de identidad con denominación de origen, rasgo de estilo que no todos los escritores alcanzan. Con todo, yo no sé si estamos —si nos ceñimos al libro que hoy presentamos— ante uno de esos poetas cuya escritura es proyección y consecuencia de su vida o ante una de esas personas cuya vida es reflejo y prolongación de su escritura (y trataré de glosar esta incertidumbre a lo largo de mi intervención en este acto); en todo caso, me temo que nos encontramos ante uno de esos individuos en los que vida y obra son manifestaciones inseparables —y a menudo indistinguibles— de un mismo binomio.
No es ni mucho menos mi intención presentar aquí, en su ciudad, a Miguel Ángel Yusta, alguien que ha desarrollado en estas últimas décadas una importantísima labor como letrista de grabaciones discográficas, coordinador de numerosas actividades literarias, columnista en Heraldo de Aragón y poeta. Entre sus libros de poesía, entre otros, encontramos: Ayer fue sombra (2010 —Aqua— y 2017 —Lastura), Cancionero de coplas aragonesas (2011, Olifante), Pavesas del silencio y de la espera (2012, La fragua del trovador), Amar y callar (2013, Sabara), De silencio y luz (2015, Lastura). Y ahora publica, acompañado de un iluminador prólogo de Fernando Aínsa, Pasajero de Otoño, para mí, su mejor libro. Voy a intentar argumentar por qué.
Siempre me ha llamado la atención la curiosidad y el interés que en todo momento ha mostrado Miguel Ángel por la literatura, una relación marcada por la pasión y el rigor. Yo creo que para él la poesía es palabra que refleja la huella de un tiempo vencido, palabra que lucha por permanecer en la memoria una vez que ha hecho su trabajo el arrasador ángel de la historia del que hablara Walter Benjamin, palabra de arena que trata de resistir los embates del viento, palabra de agua que desgarra con su grito las venas encendidas de la tierra. Así, algo de todo esto —y mucho más, por supuesto— encontramos en esta reveladora y radical entrega poética que hoy presentamos, donde la palabra encuentra su paraíso innominado entre los márgenes del poema.
Más allá del sentido y profundo homenaje implícito a diferentes ciudades y paisajes que alberga el discurrir de este libro (París, Roma, Grecia), Pasajero de Otoño plantea —desde un conocimiento exhaustivo de las grandes corrientes artísticas y de pensamiento que se han sucedido en Occidente— algunas de las cuestiones centrales a las que se ha enfrentado la escritura poética a lo largo de su historia. Aquí la palabra es desafío del lenguaje a la posibilidad de su propia extinción, acontecimiento que se disuelve en la imagen que lo genera —y en este sentido cabe hablar tanto de imágenes poéticas como de imágenes visuales, plásticas—, palabra que versa sobre esa inefabilidad propia de cierta poesía, esa actitud entregada y valiente que consiste en llegar hasta el fondo de un agujero para hablar desde ahí, desde ese lugar —como se lee en el poema que abre el libro— ubicado «en las orillas de la duda / entre el sol y la muerte» (p. 25) donde se encuentra ese organillero solitario cuya música —como ocurre con la del trompetista del metro— ya nadie escucha. Desde luego, el viaje —como muy bien señala Fernando Aínsa en el prólogo— es un motivo vehicular y estructural en el libro. Miguel Ángel incorpora a su imaginario algunos lugares más o menos conocidos de la tradición pero, en este caso, lo relevante, para mí, es la actitud con la que se afronta esa experiencia y el reconocimiento de que lo verdaderamente singular y extraordinario de ese acontecimiento no se encuentra en el destino —«tocar el cielo», por ejemplo, como se afirma en el preludio de este libro— sino en el propio viaje.
Pasajero de Otoño apuesta claramente por un decir repleto de música y de referencias intertextuales a otros ámbitos artísticos y en el que la máxima significación se halla en el hecho mismo de decir. Su autor ha viajado por senderos por donde solo son capaces de transitar aquellas personas que intuyen que para encontrarse antes hay que perderse. Un viaje —acompasado con el ritmo de una personal y sugerente banda sonora— que implica en todo caso un recorrido sentimental e ideológico por algunos de los principales escenarios —rincones, calles, plazas, teatros y museos, etc.— por los que el sujeto poético ha transitado a lo largo de los años, un viaje que supone pérdida y ganancia, olvidos y encuentros, y que acaba resumiéndose —como se lee en el memorable poema que cierra el poemario— en ese silencio que se escucha «por lo oscuro» cuando se navega a la espera «del profundo arañazo de la Dama» (p. 91), ese silencio que podría funcionar muy bien como metáfora de esa música infinita y total que permite al sujeto buscarse entre las sombras y disolverse entre la nada para siempre. En ese sentido, estos poemas —escritos algunos de ellos en primera persona y en los que se recrean, desde una cierta distancia, anécdotas y situaciones del imaginario vital del propio poeta— tienen algo de homenaje a un universo personal y colectivo que el autor ha querido retratar. La vida, como la escritura, es un viaje al corazón de la noche, donde aguarda el secreto del poema, la sensación de un sentimiento de pérdida. En «Palais Garnier» leemos: «Estoy otra vez sentado en la oscuridad. / En una blanda oscuridad acompasada. / El tiempo se detiene en los dorados y en las lámparas, / en los terciopelos rojos que saben de pieles adormecidas. / Tengo miedo» (p. 35).
Yo creo que Miguel Ángel Yusta sabe muy bien que los viajes que importan suceden siempre en lo más hondo de uno mismo, guiados por esos «ojos sedientos de luz» (p. 36), como leemos en otro poema de este libro. Y en ese proceso —que no es sino un movimiento de aprendizaje, un viaje de conocimiento— la voz poética ha sabido desprenderse de lo accesorio y lo superfluo y partir a la búsqueda de lo esencial, hacia el encuentro de la raíz de las cosas. Eso es, sobre todo, Pasajero de Otoño, poesía que se enriquece conforme pierde elementos, tejida a golpes de libertad contra la mudez de la piedra y el sinsentido del ruido, poesía elaborada desde la conciencia de la pobreza y de la pérdida. Miguel Ángel Yusta plantea de este modo un escenario poético e imaginario en el que el paisaje natural ha sido trascendido por la sugerente plasticidad de las imágenes poéticas empleadas, un escenario —decía— en el que emerge una voz singular y extremadamente autoconsciente del trabajo llevado a cabo, una voz que ha sabido horadar en las hendiduras e intersticios del lenguaje y que aflora a la búsqueda de lo esencial, en ese viaje en el que solo se ve acompañado por su «sombra / de viajero sin nombre» (p. 81), como leemos en el poema que da título al libro, probablemente, como sugiere Fernando Aínsa en su prólogo, el más compacto de todos los que lo conforman.
Pasajero de Otoño recoge dos grandes motivos de la literatura universal, y ambos interrelacionados: los motivos de la pérdida y de la búsqueda; todo canto poético surge de una tensión o una insatisfacción y de la necesidad de cubrir esa falta con la conquista de un nuevo horizonte. Podría decirse, después de todo, que esta obra poetiza el conflicto del vaciamiento que adquiere imagen en la conciencia del propio viaje donde se entrecruzan la realidad y la ilusión y que, sin pretenderlo, nos enseña al final que toda pérdida conlleva una ganancia. No hay desafío mayor que este que Miguel Ángel Yusta afronta en este singular libro —el mejor, para mí, repito, de todos los que ha escrito— y ese reto consiste en agujerear las cimas del pensamiento hasta dar con la profundidad del verbo, ese lugar donde esa palabra de música que es la poesía se disuelve en su silencio (la música, lo anoto tan solo entre paréntesis, desempeña una función central como hilo conductor y elemento de cohesión a lo largo de todo el libro); el autor de esta obra ha comprendido aquello que la poesía tiene de radical y esencial: la puesta en juego de la palabra, la vida, asumiendo el riesgo de la pérdida. Miguel Ángel Yusta nos ha entregado un gran libro.
Alfredo Saldaña

Miguel Ángel Yusta, Pasajero de Otoño, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2018.

martes, 30 de octubre de 2018

Francisco Caro presenta en Madrid mi Pasajero de otoño







Texto de la presentación, por Francisco Caro, de Pasajero de otoño en el Café Comercial de Madrid el pasado 24 de septiembre de 2018.
 
Los trenes que nos llevan
Pasajero de otoño. Miguel Ángel Yusta. Madrid 2018. Huerga y Fierro.

Dijo Alfredo Saldaña al presentar este libro en Zaragoza que era harto difícil conseguir separar en nuestro autor vida y literatura. Coincido. La vida de este maño eterno que es Miguel Ángel Yusta no puede comprenderse sin la presencia de la literatura y de la música, de su afición a la copla, de sus colaboraciones periodísticas, pero tampoco sin su afición por la fotografía y los viajes. De su vida nace su literatura.
Hombre social, cordial y amigo, alterna días de sosiego con excitados, de la misma manera que habita Madrid y Zaragoza. En los excitados, escribe. Excitados por el recuerdo o por la melancolía del tempus fugit, dos universos que como líneas abscisa y ordenada organizan su espacio escribidor. Un territorio dilatado tanto en el espacio-tiempo como en las publicaciones.
Conozco a Miguel Ángel desde 2011, desde entonces la amistad no ha hecho sino crecer en lo personal y en lo poético. Leí últimamente sus Pavesas, haikus sensibles de la época del vino y de las rosas fúlgidas. Y recuerdo con temblor su sensacional Ayer fue sombra, que le reeditó Lastura y donde la evocación de su infancia posbélica es el retrato sentimental de una generación, la nuestra, la de la luz difusa, pero la que años después construiría una España de luz esperanzada. Y es que posiblemente no haya poesía sin infancia en plenitud. Aquella infancia de programas dobles y trenes de tercera, o de madera, la que nos agrupa a tantos supervivientes dispuestos todavía –no a sobrevivir– sino a vivir. Ahora nos acerca este Pasajero de otoño, y es que siguiendo sus palabras "Como émulos de Ulises, navegamos a ciegas en la noche cerrada.” Hacia una Ítaca imposible, añado.
Escribe Fernando Ainsa en su prólogo que el otoño “es la estación que se asimila con el declive de la edad, en que las fuerzas del cuerpo languidecen, pero donde la madurez ganada con el tiempo revierte en mayor sensibilidad para percibir el mundo que se recorre.” Es difícil no estar de acuerdo. Si a esto añadimos que la poesía debe estar teñida, lo dijo Auden, por el buen hacer y por la inteligencia, nos encontramos en M.A.Yusta con el cronista, con el autor ideal para acompañarnos en la travesía de esta estación del año tan dada a la metáfora de lo que se agota.
Pasajero de otoño, pues, otoño de un pasajero. Un texto destilado en perfección y producto de cuatro distintas e intensas situaciones emocionales. El poemario permite al lector sensible situarse junto al poeta en cuatro escenarios ligados por la persistencia del recuerdo. Tanto si este aparece como refugio de belleza e identidad como si se ofrece para ser alambique de futuros. Y son cuatro escenarios distintos en sus provocaciones, y a mi modo de ver surgidos en alejados momentos durante ese vagabundeo existencial que supone el oficio de vivir. Y no todos ocurren en el otoño, aunque ahora los agrupe el título. No es otoño cuando París explota en juventud, como no es otoño Roma nocturna y el amor guardando su costado. Tampoco es otoño la búsqueda de plenitudes que supone el anhelo de Ítaca. Admito que pueda ser de otoño la mirada del poeta de hoy la que se vuelve sobre los paisajes, pero no para teñirlos con intención elegíaca, llorona, sino para recuperarlos en su momento exacto de plenitudes y canto, listos para un nuevo disfrute sanador. Todo eso dice el libro. Por eso es mucho más gozo que lamento. Por eso es un disfrute que se ofrece sí mismo y a los demás.
Hay un preludio, del que hablaré al final y hay un poema final del que nada diré. Entre ambos 46 textos magníficos, decantados, de lo mejor del poeta. De ellos, 37 forman el apartado “Ciudades y Paisajes” y sólo nueve el apartado que titula “Pasajero de otoño”, como el libro. Hablemos de este último. Son nueve poemas que se dedican a la descripción de la madurez constatada, al territorio de las hojas ocre, al aviso de un mes llamado octubre. Es en estos nueve poemas en suite, y numerados, donde el poeta advierte y nos advierte
He llenado mi ser de cicatrices / en batallas inútiles / donde estaba cantada la derrota. / No importa, pertenezco a una raza incombustible, / que hace comino a corazón abierto.
A corazón abierto y a vértebra dañada, podríamos añadir.
Nueve poemas donde los trenes que nos llevan vuelven a significar lo que tanto significan en Ayer fue sombra. El viaje como objeto del deseo. Bien sea el viaje físico, bien el emocional, el tren como posibilidad de mundos soñados, como la última ocasión Que nunca es la última, aunque oigamos acercase su silbido desde lo profundo de la noche. Digamos que acude a los poemas de esta parte un tú autorreferencial, una sombra con la que el yo del poeta conversa y se confiesa. Y lo hace sobre el ocaso –ese fantasma rosa–, sobre la memoria del amor gozado, sobre la soledad de los vagones, sobre la nieve que viste las ausencias, sobre la música y la vida que pasa lentamente. También sobre la vida que le acompañó, la que aún le acompaña ahora, esa que espera que todavía esté con él cuando el tren anuncie la estación final. Porque este pasajero que se llama Miguel Ángel Yusta se sabe tan tatuado de cicatrices como rico de aventuras. Y es que la vida y él han intercambiado cromos y afanes, arias y desolaciones, linos y espinas, hasta lograr saberse a fondo, hasta beberse, ese beberse que no es sino vivirse con b que diría nuestro testigo Rafael Soler.
Mayor extensión -37 poemas- ocupa el apartado “Ciudades y Paisajes”. Allí el París de su juventud con aire de libertades sigue siendo el paisaje soñado, el lugar de las mujeres frescas, como la que sienta frente a él en la línea 6 del metro, del bello Sena y sereno. El Paris que mitiga la soledad, el que recibe las maletas emigrantes en Austerlitz, el que “acaricia con brisa el pubis indefenso de Olimpia" o nos invita a "penetrar el Origen del mundo” (son sus versos), el que lava nuestros ojos de celtiberismos, el de las chimeneas, el de la inteligencia en La Coupole, donde se sueña con los cuerpos jóvenes y se sabe que un día tendremos todo el tiempo del mundo.
París está lluvioso en la mañana. Es un gigante gris de corazón cansado / que a diario reviven con sus risas / muchachas de piel tersa y ojos llenos de luz.
Y tras Paris, una Roma de piedras antiguas y de amor cercano, una Roma de mujer en ansia compartida. Una Roma preñada de atardeceres cogidos de la mano. Si en la Fontana lava el poeta sus manos de toda culpa pensada con la voluptuosa Anita, es en la Piazza de Spagna donde las dos almas quedan enlazadas escuchando el rumor del agua eterna. “Acaricié su rostro –dice– y se encendieron lenguas en los vientres.” Y tras Roma, una Grecia de empeño por Ítaca, ese lugar donde habita la felicidad de los anhelos, ese bosque siempre perseguido, ese tremor de intenciones, y a donde el poeta en su poema pórtico afirma que jamás, tras haber tocado el cielo, volverá a intentarlo. Y lo dice él, a quien se le han encendido y apagado estrellas, él, que ha viajado entre el cenit y el desengaño.
Pasajero de otoño y los lugares en donde la persistencia del tiempo vivido y la conciencia de existir se superponen hasta confundirse. Descansado una en otra, preguntándose una a otra. Es el milagro literario y vital de poder sentirnos uno con nosotros mismos, algo que el poeta logra para sí y que gracias al poema nos contagia como posibilidad al alcance. Todo está dicho desde la amabilidad de un verso cordial y perfectamente construido, sin sobreexcitaciones ni imposturas. Un libro en donde vivir.

Francisco Caro
(Profesor y poeta)

martes, 23 de octubre de 2018

Manuel López Azorín, reseña "Pasajero de otoño"

  
El reconocido poeta y crítico Manuel López Azorín, reseña en su blog el poemario "Pasajero de otoño".

 https://manuellopezazorin.blogspot.com/2018/10/miguel-angel-yusta-pasajero-de-otono.html

viernes, 19 de octubre de 2018

Alicia Mendoza Krauss* reseña "Pasajero de otoño"





 “Pasajero de otoño” sugiere de manera inevitable melancolía, añoranza y trayecto final. En el último poema, “Ligero de equipaje”, el poeta anuncia que se marchará «a la luz tenue del ocaso/ en la góndola llena/ de todos los recuerdos», y aguardará paciente «el resplandor/ del profundo arañazo de la Dama…». 
 Enlaza temáticamente con el reeditado “Ayer fue sombra”, que es un recorrido por la memoria de la niñez y la juventud. Y no es casualidad que la foto de cubierta de “Pasajero de otoño” sea la de unas vías de tren que se pierden en la niebla. El tren es un elemento recurrente, a la vez real y metafórico: «Trenes de vagones de madera», «que pasaban cercanos a mi casa», de los recuerdos de infancia; trenes en la «Gare d’Austerlitz»; el «Metro de París, Línea 6». Pero también el tren como símbolo del viaje de la vida: «Llega el ocaso como un fantasma azul./ Se hace largo ya el viaje/ lleno de noches largas y silentes/ que asfixian soledades presentidas»; «¿Por qué me asalta siempre ese recuerdo/ de los días de negra incertidumbre/ cuando el viaje se acerca a su final?» «Pasajero de otoño,/ viajero sin destino./ Se ha quedado vacía la estación/ y tal vez aparcado en vía muerta,/ olvidado el orgullo, el vagón de mis sueños». 
 No puedo evitar la evocación de Ulises, y menos cuando el propio autor nos lo trae de forma directa durante su viaje a Grecia y al final de su primer poema (“Preludio”): «Nunca jamás querré viajar a Ítaca». Y me resulta obligado citar al poeta Carlos Vaquerizo, en “Recuerdo (II)”: «Una sirena: tú,/ Yo, atado todavía/ al mástil del recuerdo»; como él, Miguel Ángel Yusta está atado a sus recuerdos para no perder el rumbo frente a las asechanzas de las hijas de Aqueloo. Y también quiero citar a Juan Ramón Barat, en “Todos los destinos se llaman Ítaca”: «No escuches las sirenas perversas» (a las que no me atrevo a identificar desvelando la metáfora). 
Pero, como dice Encarnación Pisonero, Ulises no sería Ulises si no hubiera escuchado los cantos de sirenas, pues sólo dejándose arrullar con la música de mares sin nombre se puede conquistar todo imposible. El viaje de Miguel Ángel Yusta, sin duda ha sido como el que recomendaba Kavafis (“Ítaca”): «Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,/ pide que tu camino sea largo,/ rico en experiencias, en conocimiento». 
Tal vez ya no haya una Penélope y, por eso, el poeta escribe: «Mi manos no son ciertas/ […] Solo quieren dormir sobre el regazo/ de la madre que a todos nos acoge». Porque regresar, como alguien dijo, es morir un poco. O quizás Miguel Ángel Yusta sea como el Odiseo borgiano, cuya patria es el viaje mismo y no Ítaca, cuyas arenas son de otro mar que quizás ya no existe. 
Costaría sobreponerse a tanta melancolía, de no ser por la fuerza del amor «pues ningún edificio se derrumba/ si el buril del amor fue su arquitecto», y de ese amor esencial hay mucho en los poemas de “Pasajero de otoño”, «porque donde hubo amor en llama viva/ aún mantiene un rescoldo la memoria» La gran paradoja es que la muerte no puede vencer al amor y al recuerdo (diría que tampoco a la fe, pero no en estas líneas); y traigo a la memoria las mejores palabras de consuelo para alguien muy querido que se nos iba: «Aunque el mundo cambie ahora, mi amor, no tengas miedo; te amamos, te amamos. No vas a desaparecer: estamos aquí contigo; estaremos siempre contigo». 
Si Pasajero de otoño fuese una tesis, contestaría con un poema de Aurora Luque: «Cómo decirle al tiempo que el otoño es mentira/ y que la vida puede valer lo que una noche/ de julio solamente porque tuvo el deseo/ el ardor excesivo de una piel de sirena». 
Pero no es una tesis, sino una preciosísima colección de poemas. 

Alicia M. K.
*Alicia Mendoza Krauss es filóloga ( hispánica  y Clásica) y poeta.

sábado, 8 de septiembre de 2018

lunes, 27 de agosto de 2018

Saber sonreir a la vida.


¡ Sonreir es lan importante...!

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