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viernes, 17 de octubre de 2014

Otoño






Esa nube, presagio de tristeza,
de otoño inacabable que se asoma...

(c)Texto e imagen: Mayusta

lunes, 1 de septiembre de 2014

Reseña de "Ayer fue sombra" por Emilio Quintanilla Buey

El prestigioso escritor y crítico, reseña así el poemario:

AYER FUE SOMBRA
Miguel Ángel Yusta Pérez
I Premio de Poesía “Delegación del Gobierno en Aragón” 2009
Edita: Delegación del Gobierno en Aragón y Cajalón
Editorial AQUA. 47 págs.

“La vida es una cosa —decía Ortega y Gasset— y la poesía es otra cosa. No las mezclemos”.
Probablemente cuando Ortega, dirigiéndose en una tertulia a los poetas del 27, se empeñaba en hacer esta distinción, él mismo era consciente de que estaba formulando un aforismo utópico, y de que cuando la vida y la poesía confluyen es precisamente cuando puede salir a la luz lo más hondo y sublime de ambos conceptos. Ortega lo sabía muy bien, y si en aquella tertulia planteó tal disyuntiva a los jóvenes poetas de su tiempo sería, probablemente, por hacerles cavilar un poco. Ya sabemos cómo le gustaba a nuestro insigne filósofo desflorar los argumentos.
En Ayer fue sombra, Miguel Ángel Yusta sabe mezclar vida y poesía sin que ninguno de los dos ingredientes pierda su propia esencia, y nos demuestra que esa mezcla, cuidadosamente dosificada, puede alumbrar un bello poemario digno de merecer un premio tan prestigioso como el que otorga la Delegación del Gobierno en Aragón.
No sé si, dentro del maremágnum de apellidos que se le suelen atribuir a la poesía, se encuentra ya el de “poesía de la evocación”. Si todavía no estaba consagrada esta definición (y no me suena que lo estuviera) me atribuyo su paternidad y la reivindico desde ahora para referirme a Miguel Ángel Yusta como maestro de la poesía de la evocación.
El poeta nos sitúa en una Zaragoza de mediados del siglo XX que todavía siente el escalofrío de la posguerra y en la que el Yusta niño arraigó. Ese escenario queda magistralmente descrito en una colección de quince poemas donde, entrelazando lo cotidiano con lo trascendente, el autor va evocando, con una admirable carga lírica, estampas y situaciones que a los lectores no nos resulta difícil identificar. Hay lugares conocidos: calle Mayor, Tenor Fleta, el mercado, el Sepu, el bazar X... hay populares personajes de entonces (unos queridos y otros detestables), hay ídolos inolvidables: Gloria Grahame o Bogart en un cine de programa doble, hay reminiscencias íntimas y hay otras muchas cosas: esas “cosas” que probablemente estén todavía en algún lugar y que, si hacemos caso a Borges, durarán más allá de nuestro olvido y no sabrán nunca que nos hemos ido.
Habría sido fácil, con un caldo de cultivo así, caer en sentimentalismos tópicos o en morbosas nostalgias que hicieran peligrar la calidad de la obra, pero esto no ocurre. Miguel Ángel Yusta sabe sortear tales tentaciones y nos ofrece una colección de poemas magníficamente construidos, frescos, ágiles, modernos, gratos de leer. Y sobre todo impregnados de sinceridad, porque Yusta, como Miguel Hernández, empuña el alma cuando canta.
Si amas la buena poesía, querido lector o lectora, no dejes de saborear Ayer fue sombra. No siempre cae en nuestras manos un libro tan estimulante, que además se cierra con un broche de oro: el destierro de la derrota y el atisbo de los días de la luz, que están a la vuelta de la esquina.

domingo, 31 de agosto de 2014

martes, 29 de julio de 2014

Nocturno



En la distancia, el silencio guarda la memoria,
las palabras de la infancia son olvido.
 

En la vejez
solo existe la verdad de los pájaros extraviados.




Na distancia, o silencio garda a memoria,
as palabras da infancia son esquecemento.

Na velleira,
só existe a verdade dos páxaros extraviados.



(M.A.Yusta. "20+1 poemas". Versión gallego: Xavier Frías Conde)

lunes, 19 de mayo de 2014

Rincón de coplas (versión digital)

Ya a la venta.
https://literaturame.net/libro/rincon-de-coplas/

viernes, 16 de mayo de 2014

20+1: Reseña en Heraldo de Aragón





Texto de la reseña del filólogo y poeta Miguel Ángel Longás, publicada en el suplemento literario "Artes y Letras" del diario Heraldo de Aragón el día 15 de mayo de 2014.

(Esta foto es de Columna Villarroya. Me encanta...)

Sueño





Esta noche había soñado, otra vez, contigo y con las cosas que tú destruiste. Soñaba con la historia de la desaparecida lámpara de mi despacho, o la de un cenicero de bohemia donde dejaba enfriar mis pipas. O la de aquella bandejita de plata que un amigo colega, muerto ya, me regaló hace muchos años, o una botella de cristal tallado comprada en Praga en un día hermoso, gris y lánguido. Soñaba con la historia de un esmalte con el rostro hermoso de una virgen ingenua, contemplado furtivamente durante meses en un escaparate, hasta poderlo comprar para mirarlo cada noche y que, también, te habías llevado de nuestra casa.

Soñaba con el olor de la vieja madera del cabecero de mi desaparecida cama, o el tacto suave y frío del mármol de la mesilla de noche que tocaba antes de dormir como si de un mágico talismán se tratase. Pero podría ser tal vez la historia de un sueño que no existió, porque un vendaval de infinita y premeditada crueldad me despertó sin poder siquiera saber si era sueño o realidad aquello que, de repente, se convertía en un inmenso vacío de ausencia. Una ausencia que tú buscaste con cálculo premeditado para romper mis sueños.

Todos los objetos pueden tener vida, si nosotros se la damos. Pueden pensar, hablar y sentir si nosotros así lo queremos. Y dentro de los sentimientos, el dolor se alza como uno de los principales. Yo sé que mis pequeños objetos tan queridos sienten, conmigo, el dolor de la ausencia y cada noche cobran vida y me preguntan el porqué de su forzado peregrinaje. Por eso se introducen en mis sueños, los llenan y me preguntan si alguna vez podrán volver a estar junto a quien tanto los amaba.

Esa noche y muchas noches mis sueños y yo bailamos en silencio hasta la madrugada. Mi estómago se llena de gatos enfurecidos que yo intento perseguir y matar, para que dejen de arañar mis entrañas y mi mente. Las mañanas son terriblemente amargas y cada vez me cuesta más abrir la puerta del día. Pero esta mañana tenía que escribir unas líneas para leerlas por la tarde. Me miré al espejo antes de afeitarme y decidí que tal vez era el momento de comenzar:

Tu camino comienza esta mañana.
Deja que se consuma la noche en el olvido.
Siembra en las luces diurnas las esperanzas nuevas
y mata las que te robaron ayer,
porque ya no merecen tu recuerdo.
 
Comenzar, recomenzar, qué más da. Enciendo el ordenador y mis dedos intentan teclear palabras. Querría que la noche se alejase y el sol volviese a brillar en mis días tan grises, tan sórdidos, tan desesperadamente iguales y llenos de un intenso deseo de no ser...
Los gatos enfurecidos de mi estómago despiertan de nuevo ante el simple pensamiento de tomar un vaso de leche. Recuerdo aquellos días en que, ante el periódico, tomábamos nuestro café, humeante y aromático, con aquellos bollos que comprábamos al señor Manuel, el de la panadería y, sobre todo, con aquella ternura compartida que parecía ser eterna. Hablábamos animados, comentábamos ilusionados cómo crecían nuestros hijos y cómo las incipientes canas eran testigos gloriosos de un amor hecho vida y perpetuado en ellos. Tú estabas allí, entera y cierta, llenando mi vida y haciéndome caminar.

Entonces te escribía poemas de amor. Tú los leías y me mirabas casi indiferente. Jamás me quise dar cuenta de que tras una mirada fría había inicios de premeditado desamor.



Tu camino comienza esta mañana...

Me dirijo al armario donde como una reliquia con olor a naftalina y a recuerdo amargo reposa el chaqué con el que me casé hace ya varios lustros. Me anega la nostalgia de unos días que parecían llenos de luz. Hace años quise ponerme ese traje para una boda de alcurnia: fue imposible porque mi talla y mi felicidad parecían ir parejas. Hoy, sin embargo me disfrazo perfectamente y contemplo mi patética imagen de novio derrotado por la vida y por ti. De fantasma loco poseído de ansiedad y vacío de ilusión, de náufrago sin posibilidad ninguna de encontrar su nueva isla de supervivencia.

Deja que se consuma la noche en el olvido...

Hace meses que no deseo comer. No puedo enfrentarme a mi soledad ni quiero seguir un camino de espinas. Yo sé perfectamente que cada verso de ese poema tiene dos caras, dos lecturas, pero hoy, ahora, tomo la que desea mi ánimo desesperado. Mi noche está siendo larga y tal vez sea una cura el olvido total. El no ser ya nada.

Siembra en las luces diurnas las esperanzas nuevas....

¿Podrá haber siquiera luz donde sembrar? ¿Y si realmente este fantasma que me posee, estos gatos horribles que me atenazan, esta temible espiral de insomnio y apatía, esta náusea permanente pudieran iluminarse de esperanza? Vomito hasta mi desesperación, pero tiene que haber algo, puede que sea una pequeña luz, al final de un camino lleno de negrura.

...Y mata las que te robaron ayer
porque ya no merecen tu recuerdo.

Me desnudo completamente. Y lloro. Lloro con amargura y desesperación, sentado sobre mis talones, imagen viva de una derrota que no deseo pero que parece inevitable.
Ella me dejó así y parece que yo no puedo hacer nada por remediarlo.
A no ser que mate las esperanzas del ayer u ocurra un milagro esta mañana.
O tal vez las dos cosas.
....................................

Suena el teléfono, insistente. No suelo atender el teléfono por las mañanas pero la llamada se repite una y otra vez. Me rehago por un momento y , ni sé por qué, cojo el teléfono.

-¿Papá, estás ahí?
-Hola hija, si, dime cariño, ¿qué tal va todo?
-Papá...acabas de ser abuelo de una niña preciosa...y parisina...
-¿Y estáis bien, hija?
-Muy bien, papá. Pronto vendrás a verla ¿verdad? En unos días...Te esperamos pronto...Te queremos. Un beso.

Cuelgo y mis ojos apenas pueden ver, plenos de lágrimas. Ha cambiado el color del mundo.
Soy otra vez un luchador y he decidido seguir sembrando esperanzas. He decidido VIVIR.

(Zaragoza. Octubre 2005)
_______________________________________________
 (c)"El Laberinto de la dicha". Relatos. Edcs. Alkaid 2014 
(c)Imagen:Mayusta

miércoles, 14 de mayo de 2014

Abrazo



El metal del que yo nazco
tiene la huella del fuego
con que se fundió el abrazo.
 

(c) Texto e imagen: Mayusta

martes, 13 de mayo de 2014

Final de viaje






Te quedaste varado en el andén
de la estación vacía de los sueños...

(Texto e imagen: M.A.Yusta)

miércoles, 7 de mayo de 2014

Mi mar, tu mar, el mar

    

 

   Existe un mar sin brumas ni tinieblas,
vacío de memoria,
donde las olas cantan el olvido.
Promesas de otro tiempo, mis obras incompletas
reposan sumergidas
en el oscuro fondo de silencio.
Esperan algún día la luz renovadora,
la magia que las toque y las despierte.
Mientras, huye la tarde.

Miguel Ángel Yusta: 20+1 Antología. Lastura 2013
Foto:Mayusta

domingo, 20 de abril de 2014

Escribo el verso...







Escribo el verso que tu piel me dicta
y lo impregno de lava apresurada
para que te perfore incandescente.
Tú, señalando el tiempo,
evitas los espacios
donde el miedo se crece y se desnuda.
Ahora puedo luchar contra el pasado,
me pierdo en la distancia,
dejo mi herida en el atardecer
y descanso en las luces de tu sueño.


"Amar y callar", Ed. Sabara 2013
Imagen:Mujer dormida. José Bueno (1920) Pza. Paraíso. Zza. Foto: Mayusta

viernes, 11 de abril de 2014

Mujer dormida

  

Duermes


mientras pasan el tiempo y la distancia

y en tus ojos, cerrados al pasado,

hay un oculto mar de juventud inquieta.

Tus horas pasan

y llegan a la orilla del olvido.

Los pensamientos reposan en tu mente

y en el alma te habitan, silenciosos,

montes de sol y piedra.

Tus manos enlazadas

tendidas suavemente bajo el rostro

sin ánimo de lucha, relajadas,

ponen en son de paz toda tu vida.

Eres perfecta así y en tu reposo

hay un ofrecimiento indefinido

de darte sin pedir, de ser amada.


Peregrino de ausencias. Unaluna 2005

Imagen:  "La Siesta", de Enrique Galcerá, 1963. Pza. Paraíso, Zaragoza. 
Foto: Mayusta.



miércoles, 19 de marzo de 2014

A mi padre (1979)

 


Han pasado los días
y aquella primavera no regresa.
Tú contemplas ya el mundo desde el fondo
de tus muros abiertos hacia el cielo.
Han pasado los días
y se sosiega la desesperanza.
La luz proporcionada del ocaso
se prende de alfileres en las ruinas
de una ciudad sin límites.
Apenas ya resuenan tus pisadas
grises de niebla y de silencios largos.

Has dicho adiós y basta.

Y sin querer marcharte me posees
en una claridad de tu morada
que comparto cogido de tu mano
senil y encallecida.

Ahora camino solo
portador de los grises pensamientos
donde cuelgan las huellas de tu paso
silencioso y pesado.
Ya no escucho siquiera tus ausencias,
tampoco el martilleo denso y duro
de un corazón dormido eternamente
que latió por mis luces y mis sombras.

(M.A.Yusta:Reloj de arena)

sábado, 22 de febrero de 2014

Presentación de "20+1 poemas" en Zaragoza (21.02.2014). Texto de Manuel M. Forega




Ortega y Gasset titula «La aparición del otro» una de las lecciones que recoge en El hombre y la gente. En algunas cuestiones vitales soy adepto a Ortega; por ejemplo, en ésta, que aborda el problema del otro ser humano frente al Yo. Y lo aborda, en efecto, como un «problema», como un conflicto. No es la primera vez que manifiesto esta circunstancia ya clásica de las exégesis críticas literarias (que, por otra parte, proceden de Nietzsche y nadie lo dice). Me refiero a ese concepto de la «otredad», de vasta difusión entre la crítica a partir de los sesenta y cuya génesis (además de Nietzsche, repito) encuentra fundamento en el «Je est un autre» de Rimbaud o en el más cercano «Viver è ser outro de Pessoa». Prefiero yo llamarlo esquizofrenia porque, aun siendo un término metonímico, refleja mejor lo que no sólo al escritor le sucede permanentemente en su vida; no sólo al escritor, digo, sino a cualquier individuo y cualquiera que sea su tarea en la vida.
¿Y por qué este preámbulo? Pues porque no me resisto a incluir la poesía de Miguel Ángel Yusta en ese contexto esquizoidal y porque a Yusta, como poeta que es, le afecta de manera más profunda. Tampoco me resisto a hablar de una existencia otra: la que fija la etimología como ex-ister. Y es que, en efecto, existir significa propiamente «salir», «brotar», «surgir» y no lo que la arbitrariedad terminológica quiso –y pudo, a lo que parece- asignar allá por los años 20 del siglo XX como el modo de ser del hombre, de manera que hoy «existir» y «existencia» designan un carácter, una forma de comportarse el hombre en la sociedad. Sin embargo, es precisamente «vivir» (que es lo contrario a existir) lo que otorga carácter verdadero al ser humano. Y ese ser humano, querámoslo o no, es siempre Yo, con mayúscula; es decir, el yo que es cada cual.
He llegado hasta aquí para advertir ahora de inmediato que muy pocos tan radicalmente Yo, muy pocos tan radicalmente vivos en ese Yo como Miguel Ángel Yusta. Estos 20 + 1 ponen de manifiesto lo que digo porque representan un mosaico (corto, bien es cierto) de su recorrido por la vida extraído de once de sus títulos monográficos. Y no sólo por la vida, sino por la realidad radical que la rodea. Frente a esta radicalidad, Yusta no opondrá un yo estático, ese que proclama Descartes en su célebre y ontológico autorretrato: Moi qui ne suis qu’une chose qui pense, sino que lo hará a partir del bien fundado axioma de otro galo inteligente: Nous ne pensons jamais que ce que nous pensons cache ce que nous sommes. Este «jamás pensamos que lo que pensamos oculta lo que somos» rubricado por Valéry es lo que a la postre pone en marcha todo el mecanismo revelador del Yo para mostrarse vivo frente al Otro. Y ese Otro no es sólo nosotros, receptores del desenmascaramiento del poeta en sus versos; ese Otro es también el propio poeta que sale de sí mismo (es decir, que existe de sí mismo) y se autorretrata en sus poemas, tal cual lo evidencia en ese «Quejido ronco de tambores», una silva asonantada en la que su «figura evanescente», como larva, le hace vagar sin sentido. Es ahí, en ese espagard doloroso entre lo que se es y lo que existe (lo repito: entre lo que se vive y lo que surge de súbito, aparece, o se muestra acaso como una phantasma, como diría Juan Rufo) donde tiene lugar la tensión de un Yo en conflicto. Miguel Ángel Yusta ha querido mostrarnos en este libro unas cuantas pinceladas de su vida en sus también diversas circunstancias, pero seríamos muy ingenuos si pensáramos que esta muestra es su vida misma. No, no es así porque, a pesar de que la vida sea la causa de la movilización estética, estamos hablando de literatura o, lo que es lo mismo, de un embaimiento que trata de superar lo que precisamente el vitalismo llamaba «habitualidad», lugar donde se inscribe la vida como realidad radical del cada uno de los Yoes. Para escapar y trascender esa habitualidad Miguel ángel Yusta se va a París, a su amado París, muy amado, desde luego, por cuanto, como descriptor de su fisonomía divina y humana, le dedica tres textos iconográficos, el 15 % del total de esos casi 20 poemas de amor y una copla casi desesperada. Porque, efectivamente, otra vez huye Yusta de la habitualidad enamorándose, o haciendo que el amor transite por el más allá del más acá que es su realidad habitual. Para abandonar la habitualidad Miguel Ángel Yusta echa mano de la memoria, vuelve casi al útero adoptando la posición natural del neonato; para huir de la habitualidad recoge en frasquitos esenciales la suma de las horas vividas durante su paso por el tiempo. Vemos cómo, por ejemplo, en el poema «El Sena» este prosopopéyico río «Por la noche... parece un inmenso gusano dormido» que «gira sobre sí mismo tantas veces porque quizá no quiera marcharse de París». La acentuación simétrica del soneto «Quisiera ser el amo de tu sueño» se rinde a la armonía de los corazones enamorados con una entrega incondicional, mientras que el poema «Introito» alberga ese anhelo más que rilkeano de regreso a la infancia; diríamos mejor que alberga un deseo de incisión en el plano temporal cuyo vector es naturalmente la memoria. No es el único poema que profundiza en ese asunto central de —me atrevo a decir— toda la literatura universal; «Han pasado los días» es otro texto que trata de redimir el tiempo en la actualización recordatoria de los muertos más queridos. Por fin, sí, el escepticismo desalentador del poeta herido y restañado aparece en aquella copla que citaba y que alude a este plural indefinido, pero plural mayustático: «Dicen amor y es deseo, / dicen te quiero y es nada, / dicen demasiadas veces / palabras, sólo palabras. //»
Sostuvo siempre Ortega y Gasset que la poesía es un modo del conocimiento, o, dicho con otras palabras, que lo dicho por la poesía es verdad. Así como dije al principio estar de acuerdo con Ortega en algunas cuestiones vitales, como la del conflicto del Yo frente al Otro, no lo estoy en esta que acabo de citar. La poesía, aunque sea un modo de conocimiento, no necesariamente es verdad; más bien aspira a la verdad y, en esta aspiración, la poesía sería verosímil; es decir: un símil de la verdad, algo parecido a la verdad. Lo dicho sirve para ese lado al que Yusta también se inclina en sus versos: el lado de la reflexión descriptiva, el lado de la absorción conceptual. Pero esto no es malo, ni mucho menos. Es, sencillamente distinto a lo ideal sin que por ello estos caracteres estéticos dejen de ser aspirantes a una verdad modélica desde el punto de vista de la poesía como fiel reflejo de la vida. Diríamos que este otro talante se adhiere a la filosofía crítica respecto a la manifestación de un desacuerdo con la vida convencional, crítica que el poeta se ve impelido a hacer de vez en cuando para que su inexorable soledad la juzgue. Así, por ejemplo, en estos versos: «Después vendrá el silencio de lo oscuro, / se perderán caminos en la noche. / Se borrará tu huella / y yo me quedaré deshabitado. / Solo. //»
El valor a veces narrativo de Miguel Ángel Yusta radica en su dominio para la creación de atmósferas, para la definición de ámbitos; posee la seguridad de quien deja en suspenso la importancia de lo conocido para trascender por medio de sus versos este límite y alcanzar lo que ha de conocerse, lo que nos es dado conocer. George Bataille llamaba a este gesto así estructurado «el extremo de lo posible», y lo llamaba así porque cualquier otro camino que pudiera tomarse, indicador consciente del fracaso, conducía a la neurosis (lo que el propio Bataille llamó «la vía oblicua»). La palabra de Yusta no es neurótica; la palabra de Yusta no es oblicua; antes al contrario, ha calculado la trascendencia de su gesto hasta hacerse cargo (porque su verbo fue primero humano) de que su prosecución poética debía señalarnos aquel límite: el extremo de lo posible. Nosotros, lectores, desde ese mismo momento sabemos que es así y, además de constatarlo, admiramos que así sea.
¿Y qué es lo que evidencia ese gesto? Pues lo que sucede a veces —sólo a veces—: la naturaleza se sirve de un mediador: lo elige de entre muchos con rigurosos criterios de selección para rendirle pleitesía mediante el tamiz del ser (no del estar, no del parecer); es decir, a través de aquello que constituye la esencialidad de la mirada que se echa sobre lo que se mira y cuyo relato reúne los factores que determinan su hermosura: la emoción distintiva, la resolución diversa de una misma realidad para trascenderla, algo, en fin, que une muy íntimamente a Yusta con su poesía: la lírica —repentina destilación de un complejo mundo de conceptos, concepciones, ideas, emociones tendidas, en tensión, agónicas, resuexcitantes, símbolos cardinales...— que se presenta en imagen bien definida y halla marco precioso en su palabra. Leamos: «Una gota traza un suave camino, / sin contacto posible, hacia mi mano. / Mis dedos han dejado / que se convierta en luz. //» Y también: «Existe un mar sin brumas ni tinieblas, / vacío de memoria, /donde las olas cantan el olvido. //»
Es verdad que en los pocos textos de esta antología apenas puede vislumbrarse una vida atendida por la palabra y, en consecuencia, la recomendación que, como censor hoy aquí, me permito hacer es que su diversidad morfológica presenta sólo registros formales; sin embargo, difumina el carácter, el hondo arriate del que la poesía de Yusta se sirve para caminar por los corazones como lo hace la lluvia cuando se precipita en los hontanares. Disponemos con ello de un perfil grueso, pero se nos hurtan las sutilezas de los rasgos definidores de su belleza.
Toda la hermosura de la poesía de Miguel Ángel Yusta hay que conocerla a través de aquellos títulos de donde se ha extraído éste de hoy y yo, como lector de su Ayer fue sombra, de El camino de tu nombre, de Amar y callar, de Silencio y luz y otros tantos, quiero constatarlo.
Recibí de un amigo el miércoles pasado un libro de poemas titulado El arte de los sueños. Y «todo el mundo sabe —nos advertía Gérard de Nerval— que en los sueños nunca se ve el sol». «En las horas de las largas noches / durmió el poema hasta llegar la aurora», nos dice Yusta; y en otro poema, refiriéndose a sus obras incompletas, añade que «esperan algún día la luz renovadora, la magia que las toque y las despierte».
Concluiré con Antonio Machado: «Tras el vivir y el soñar, / está lo que más importa: / despertar.»
Manuel Martínez Forega
Zaragoza, 21 de febrero de 2014

jueves, 30 de enero de 2014

Félix Grande





Murió el poeta. Vive su poesía.
He aquí una soleá. ¿Se puede decir más con menos palabras? Poesía social pura...


Mira que soy desgrasiao
que estoy deseando morir
solo pa tener techao


Y una copla maravillosa:

Como los railes del tren, 
son tu cariño y el mío, 
uno al laito del otro, 
to seguío, to seguío…

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Amanece



Han llegado las horas del mañana,
y el tiempo del ayer
se ha escondido en silencio.
Ya no me reconozco en el pasado,
me dirijo a la luz.


(M.A.Yusta. Amar y callar)

lunes, 16 de diciembre de 2013

GLORIA IN EXCELSIS





Gloria a los que viven en las alturas

sin mirar hacia abajo, para no ver a los desheredados.

A los ricos de nacimiento,

a los tontos de nacimiento,

a los que hacen cola en las administraciones loteras

y tal vez esperan vivir en las alturas

(pero no puede ser, esto está ya establecido así:

no os salgáis del tiesto y estropeéis la gran Fiesta).

Gloria

a los que patean el Corte Inglés buscando el regalo ideal,

a quienes aguardan entrar en el aparcamiento con paciencia infinita,

a los que compran comida estos días como si ayunasen todo el año.

Gloria

a quienes mandan, con buenísima voluntad, postales de nieve,

como si la nieve no matase a los pobres

y a los hambrientos que no tienen techo

y a los niños que pululan abandonados

a merced del mercader del sexo.

Gloria

a los traficantes de armas que ponen su árbol con símbolos de paz,

a los especuladores que construyen pisos inalcanzables

e hipotecan vidas de jovenes

para lucir rolex de oro y conducir deportivos.

A los ignorantes por omisión, fanáticos e intransigentes

que obedecen consignas ciegamente

y se creen en posesión de la verdad.

A los aborregados por el consumismo.

A los comerciantes del amor.

Gloria

a los que tienen por corazón una caja registradora,

a los insolidarios,

a los que guardan de por vida el odio y el rencor,

a los que jamás perdonan pero piden que les perdonen,

a los violadores de niños y asesinos de mujeres.

Gloria, gloria, gloria

a quienes, al leer esto van a decir que es pura demagogia...

y guardan celosamente sus inagotables caudales

para comprar lo que jamás podrán:

amor y tolerancia, respeto y solidaridad.

Gloria.

Por poco tiempo.

Amén.

(Antología Poetas del 15 de mayo. Ed. Séneca)

viernes, 15 de noviembre de 2013

L'automne


Han llegado las horas del mañana
y el tiempo del ayer
se ha escondido en silencio.
Ya no me reconozco en el pasado,
me dirijo a la luz.



 (c) M.A.Yusta. (Amar y callar. 2013)
Imagen (c) Mayusta. París. 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

20 + 1. Poemas. Próxima Antología en Edcs. Lastura


Una buena noticia: en la próximas semanas aparecerá una antología bilingüe ( español-gallego) de mis poemarios, editada por Lastura y traducida por el prof. Xavier Frías Conde. Todo un honor...He aquí una muestra


[GL]

O OUTONO É UN TIGRE ACAZAPADO
que debuxa silencios entre as sombras.
Espétase no abismo
que conduce á cova do inverno
.
Eu daquela finxo coraxe,
desafogo do vento e da súa pel
e, cheo de palabras,
lánzome a navegar contra a corrente.
Deixo os meus poemas
perdérense río abaixo,
onde é certa a pegada da luz.

[ES]

EL OTOÑO ES UN TIGRE AGAZAPADO
que dibuja silencios en la sombra.
Se clava en el abismo
que conduce a la cueva del invierno.
Yo entonces finjo arrojo,
me deshago del viento y de su piel
y, lleno de palabras,
me lanzo a navegar contra corriente.
Dejo que mis poemas
se pierdan río abajo,
donde es cierta la huella de la luz.


© Miguel Ángel Yusta
© Traducción: Xavier Frías Conde

© Imagen: Mayusta

miércoles, 30 de octubre de 2013

AMAR Y CALLAR presentado por Fernando Aínsa

 

El amor salvado por la poesía

“A las palabras de amor
les sienta bien su poquito
de exageración”
Antonio Machado
Canciones de varias tierras

El poeta Eugenio Montejo —autor de Papiros amorosos (Pre-textos, 2002)— afirmaba que “siempre necesitamos decir de nuevo las palabras de amor, buscar nuevas entonaciones”. Sin embargo, advertía a continuación que los poemas de amor plantean muchos riesgos y exigían “mucha sabiduría verbal”, porque “un poema de amor plantea el riesgo de la nadería y el lugar común”, especialmente después de las grandes lecciones poéticas de Pablo Neruda y Pedro Salinas.
Al leer Amar y callar de Miguel Ángel Yusta he recordado estas palabras del autor de Partitura de la cigarra (1999) y en la perspectiva de esta presentación he decidido ser cauto. Hablamos de un tema serio —el amor— sobre el que mucho se ha escrito y sobre el que es muy difícil ser original, aunque nuestro poeta Yusta lo ha colonizado con entusiasmo desbordado y una generosa panoplia metafórica en Senderos de amor y olvido (2008) y El camino de tu nombre (2011) y, en forma más contenida y circunspecta, en Pavesas (2012).
Tema central de su poesía, —como de la de sus colegas transversores Fernando Sarría y Fran Picón y el Manuel Forega de Labios— Yusta sabe que es difícil que el amor absoluto exista y rara vez, cuando se conquista, que sea duradero y recíproco. La tragedia del amor, eterna como el ser humano, es que muy pocas veces es total y menos “eterno”, aunque pueda decirse que la mera “esperanza de enamorarse” da confianza a la vida. Y cuando logra la plenitud ésta dura poco. Ideal que no se alcanza y si se alcanza huye, ese “fuego que nos transporta lejos” que poetizara Goethe. El drama del amor debe su patetismo a las resistencias que tiene que vencer, a todo aquello que lo humilla, lo acongoja, alegra y desalienta y ha contenido siempre un elemento perturbador que sólo la poesía refleja. ¡Y qué mejor ejemplo que el de Verlaine cuando exclama en Amour: “Tengo furor de amar. ¿Qué hacer, entonces?”!
Un espasmo, un instante con vocación de infinito
“Que yo sienta el placer de tu placer/ Que el tiempo de la entrega sea infinito…”—nos dice Yusta en Amar y callar— sabiendo que el amor realizado es siempre atributo de un instante, aunque aspire a ser un sacramento de eternidad. Ya lo decía Oscar Wilde en De profundis: “El amor es un sacramento que debería recibirse de rodillas”. Si esa aspiración fuera posible —añadimos nosotros— se rozaría un estado beatífico, más allá del éxtasis momentáneo que el amor procura, que suele derretirse como la cera de una vela alimentada por su propio fuego. Y tal vez sea mejor así —como sugiere Jean Guitton en Ensayo sobre el amor humano— porque si permaneciera en el tiempo con la misma intensidad, la fuerza de la sorpresa inicial, la sacudida que provoca descubrirlo se erosionaría, desgaste que se torna rutina, como sucede en el amor conyugal, a todo lo más trascendido en ternura y comprensión. La perfección del comienzo, una vez culminada, una vez que ha tomado forma, se diluye. Solamente en un nuevo comienzo —tal vez, otro amor— podrá encontrar una renovada perfección.
Sabe nuestro poeta Yusta que ese instante en que el amor se revela cumple además de su función sensible una función cognoscitiva de iluminación. Como el relámpago que ilumina en la penumbra una realidad desconocida, la función del instante amoroso sirve para expresar el paso de una ignorancia a un conocimiento, de una pasividad a una forma de plenitud vital. En la medida en que ese instante permite una “salida del tiempo”, el amor forma también parte de un suplicio consentido, de un fracaso aceptable, en la medida en que no es buscado y es fruto de un encuentro azaroso. “El querer no es elección,/ porque ha de ser accidente”, ya nos dijo Lope de Vega en El caballero del milagro.
Es cierto: el amor es inicialmente el fruto de un instante; aquel en que se produce un espasmo y en que la exaltación logra su timbre más agudo. Luego, espasmo y exaltación, se agotan en sí mismos, ya que no podrá trascender la condición frágil del instante en aras de una ansiada eternidad —el ansiado amor eterno— aunque se intuya que lo eterno se inscribe en el tiempo a través de ese solo instante privilegiado. Y éste es el único modo de sacar al amor de lo ordinario y familiar, de lo biológico y convencional para trascenderlo hacia los planos en que se significa.
El único modo de conservar ese instante privilegiado es por la poesía. El amor como materia prima del poema que inspira, se compone, se recita y se quiere. Ese ritmo de la poesía podría garantizar su concreción, pero Yusta prefiere manejar las mismas claves poéticas que lo desmienten: la imposibilidad de fijar ese instante, lo irrecuperable del pasado, aun reconstruido. Esta imposibilidad no es menos poética que haber hecho posible el amor, rodeando al instante de las garantías que la vida no da nunca: pero es poesía de tormento y no de plenitud, de dolor y no de serenidad.
De ahí la importancia de la memoria, la única que permite que un instante pueda parecer infinito. Rodear al amor, en el momento en que se realiza, de tales atributo de belleza y poesía que pueda encontrar allí la medida de su propia liturgia: repetirse, para conservarse como un raro talismán. La palabra amor —nos advierte Yusta— la pronunciará “deshaciendo las letras,/ en oración de amor definitiva”.
La condición efímera del amor persigue a nuestro poeta que sabe que muchas veces lo que llamamos amor no es más que ternura, deseo, satisfacción del orgullo, sentimiento de posesión, incluso banalidad y rutina.
Y el mar. De repente”
Pero hay más en Amar y callar: hay pasión y sexo. Una pasión donde la presencia del mar es un leit-motiv de connotación erótica. “Y el mar. De repente” —nos dice el poeta desde el inicio— para evocar un “ocaso de mar embravecido” dibujado en un pubis “devoto” y anunciar que “camino por tus sendas de mares y de espumas/ como la bestia fiel que defiende su presa./ Las olas agitadas de un deseo infinito/ me llevan implacables a tu centro extenuado.” Tras deambular por calles que le “parecen mares ennegrecidos/ con náufragos de bruma derrotados”, siente que se detiene el tiempo, surge la pregunta: “tan solo el mar presenta sus respuestas/ y el hombre se refugia en la casa del miedo”. Un refugio que no impide descubrir que “Ahora que por fin/ sé de verdad quién eres/ me paseo de nuevo sereno por la orilla/ deshaciendo las horas/ sin temor a morir en ese mar.”
En Amar y callar —como en El mar se llama ahora con tu nombre de Graciela Maturo— el ser amado se identifica con el mar, “pulpo de ojos de seda,/ mar jugador y ardiente,/ mar toro, mar solar”. La poeta argentina de la que la revista IMÁN publicó en su número 8 algunos de sus poemas, clama: “Quiero perderme en ti que eres el mar”, “Me llevaste hacia el mar/ y de tu mano/ entré en el paraíso de la luz/ en el negro centelleo de la felicidad/ y de la muerte”. Escribir El mar se llama ahora con tu nombre es para Maturo cumplir un rito “al recordar el mar que nos ha unido”. Los ojos de la poeta “son dos pájaros insomnes” que sobrevuelan el mar para llegar “hasta un país llamado Siempre.
Yusta descubre como Maturo en “el mar de las tinieblas” que “la humedad oscura del deseo/ acompasa sonidos de mar embravecido” y renace bajo la luz, mientras se llenan sus pies “de sal y espuma”. El mar está presente también en los epígrafes de las tres partes en que se divide Amar y callar. En los epígrafes de José Antonio Labordeta (“Lejos hablaba el mar, la noche”), de Ángel Guinda (“De puerto en puerto voy como un barco en la noche dando tumbos”) y de Miguel Labordeta “Confieso una furtiva confidencia con esos náufragos que aman las estrellas”, con que abre el volumen, Yusta, “lleno de palabra”, se lanza a “navegar contra corriente” y descubre que “El mar lo sabe todo: / te sabe a ti y a mí”. El poeta ama para comprobar como “En las esquinas grises/ encallan nuestras almas en silencio”, almas que “como caracolas/ esperan la pleamar que las libere”.
El autor dedica Amar y callar a Laura. Inevitablemente he pensado en Laura, el gran amor de Petrarca, a la que consagrara las inmortales páginas de su Cancionero, En vida de Laura y En muerte de Laura, poemas que fundan con los 25 sonetos de Dante dedicados a Beatriz en la Vita nuova, la tradición del amor provenzal de vasta influencia en la poesía occidental y que notoriamente asimila Amar y callar, ese amor que —confiesa Petrarca— “me halló del todo desarmado/ y abierto al corazón encontró el paso/ de mis ojos, del llanto puerta y barco”. ¿Feliz coincidencia la de Yusta cuando, a su vez, confiesa: “arribaste en la tarde de mi vida/ al puerto incierto de mis circunstancias/ y echaste el ancla firme/ próxima al muelle de los sentimientos”? ¿Coincidencia azarosa o un mismo amor unido por un sujeto de idéntico nombre —Laura, esa mujer como “imagen de lo posible”, al decir de Novalis— que ambos poetas invocan en su madurez? ¡Chi lo sa!
En la tarde de mi vida”
En los dos poemas finales, cuando probablemente el poeta decide “callarse”, Amar y callar cobra otra dimensión. El poeta vive en “la tarde de su vida”, está jugando el “resto”; confiesa “arribaste en la tarde de mi vida/ al puerto incierto de mis circunstancias” y recibe los regalos que le trae el amor tardío: “sonrisas y miradas claras/ palabras repletas de caricias” para decidir “subir al barco”, izando las velas para navegar con la amada en la “nueva mañana”.
El poeta puede parecer un Fausto reencarnado que intenta salvarse gracias a un amor que lo rejuvenece, aunque sabe que para amar hay que salir de sí, encontrar y crear al otro, y al mismo tiempo dejarse encontrar y crear; lo que supone igualdad y reciprocidad. Lo demás es solo mero deseo de posesión, “en el alma es una pasión de reinar” —como dice La Rochefoucauld del amor—un deseo de posesión que olvida que no hay posesión más completa que la de un ser que ama en forma absoluta.
El ser humano no ama para permanecer en sí. Al amar busca en otra parte qué amar, porque solo, en su soledad, es un ser imperfecto; le hace falta un segundo para ser feliz o—como escribió con sencillez Séneca en su Epístola IX— “Es preciso amar para ser amado”. El amor es un trabajo de verificación continua de sí mismo, es una hipótesis con tentativa de deducción y de verificación, es un suplicio calculado, un fracaso consentido en la medida en que es buscado, un franquear la puerta estrecha del tormento y la angustia.
En un proceso de desmemoria y de autodestrucción que sigue a descubrirse olvidado por todos —“Cuando nadie se acuerde/ de dónde vine o por qué me fui.. Cuando nadie hable ya por mí, ni piense/ llamarme por teléfono/ y preguntar si sigo vivo o muerto”— el poeta Yusta espera que la amada se acerque a golpear “sin reparo” su puerta —“una botella del más caro champán” en la mano— porque solo entonces “puede que esté dispuesto a ser amado.”
Sabe entonces que al mirarse en el espejo del destino, un extraño lo observa y lo interroga “desde el fondo del tiempo y del espacio”. “Yo, nunca le contesto”, nos dice intentando desatar el pensamiento que “intenta descifrar el laberinto” y admitir que aunque “todas las respuestas” lleguen “de repente”, “el tiempo del ayer se esconde en el silencio. “Ya no me reconozco en el pasado,/ me dirijo a la luz”—anuncia alborozado en Amar y callar— aunque pudiera repetirse como el poeta Sully Prudhomme a su prometida: “Tu me perteneces desde el pasado”. Un pasado donde reina el amor cuyo lenguaje Yusta ha recuperado con ese “poquito de exageración” que pedía Machado.
Zaragoza, 29 de octubre, 2013

Amar y callar, Miguel Ángel Yusta, Sabara poesía, 2013


miércoles, 16 de octubre de 2013

TE ESPERÉ, COMO EL TRIGO



Te esperé, como el trigo
paciente espera convertirse en pan.
Ya la tarde ignoraba
el camino de vuelta
y corrían los pájaros
las doradas cortinas del ocaso.
Se acercaba la hora,
ajena a la certeza de tenerte.
Cuando llegó la noche, aún no supe quién eras.
Sólo el silencio pronunció tu nombre.



(c) M.A.Yusta. Amar y callar. 2013

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Nocturno I





Tu cuerpo me sabe a noche
con aroma de naranjos,
a sal, a esencia de vida,
a río, a bosque soñado...

Tu cuerpo me sabe a luna,
a mar me sabe tu cuerpo
cuando, alocado,camino
por tus senderos abiertos...


(c) Mayusta 2013.
(Imagen: Lester Lee)

jueves, 5 de septiembre de 2013

Llegaste como luz...




Llegaste como luz de mis mañanas
que apaciguó palabras en mi mente
y al tocar mis sentidos dulcemente
reviviste en mi ser horas tempranas.

Abriste una por una mis ventanas
y la sombra se fue rauda y silente.
¡Qué hermoso fue sentir aquel torrente
que se llevó mis inquietudes vanas!

Preso estoy en tu límite del cielo
contemplando las horas luminosas
donde levanta tu ternura el vuelo.

Serán, a no dudar, horas hermosas
donde el amor soñado, con anhelo,
desborde mis orillas silenciosas.


(Teoría de luz. Unaluna 2007)
Imagen: Muchacha en la Ventana. S. Dalí

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Poema último







Cuando nadie se acuerde
de dónde vine o por qué me fui.
Cuando nadie hable ya de mí, ni piense
llamarme por teléfono
y preguntar si sigo vivo o muerto.
Cuando las horas no tengan medida
ni tampoco el espacio,
y ya no recordemos
las personas que amamos,
los vinos que bebimos,
las canciones en el amanecer.
Entonces solamente,
adórnate con tus mejores galas
y compra una botella del más caro champán.
Acércate y golpea sin reparo mi puerta,
pues solamente entonces
puede que esté dispuesto a ser amado.


Amar y callar. Sabara 2013
Imagen (c) Mayusta 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

Amar y callar. Un poema.



EL OTOÑO ES UN TIGRE AGAZAPADO
que dibuja silencios en la sombra.
Se clava en el abismo
que conduce a la cueva del invierno.
Yo entonces finjo arrojo,
me deshago del viento y de su piel,
y lleno de palabras
me lanzo a navegar contra corriente.
Dejo que mis poemas
se pierdan río abajo
donde es cierta la huella de la luz.


(Amar y callar. Sabara 2013) 

Imagen :Iaia Gagliani

viernes, 5 de julio de 2013

Eros 13


Son las bocas cálidos puertos de llegada

donde arriban espumas

y caricias ofrecidas en flor.

El tacto de las manos

desata las cadenas de la piel.

Los sexos oscuros manan

como insolentes fuentes de jazmín.

Labios-luciérnagas invaden la noche

cobijándose del vértigo en los muslos.

Y naufragan los vientres enlazados

en las oscuras aguas del deseo.



(c) Mayusta 2013.
Imagen: China Hamilton

lunes, 17 de junio de 2013



casa vacía
los cristales manchados
llegó el olvido


(Pavesas. 2012)
Imagen: M.A.Yusta(c)

miércoles, 12 de junio de 2013

Ha pasado la lluvia


Ha pasado la lluvia.
Un murmullo de vida
acuna dulcemente
mi incierta soledad.

(Amar y callar. 2013)

lunes, 10 de junio de 2013

Si pudiera nombrarte


Si pudiera nombrarte
y penetrar el cielo con tu nombre
y que el cielo, asombrado,
lo convirtiera en luz
y que la luz se adueñara del tiempo,
y que el tiempo parase nuestras vidas
definitivamente,
mi voz te llamaría cada instante.

Si fuera dueño de tu nombre, amor,
y tuviera el poder de demorarme
en esa red de nardos y jazmines,
lo alojaría dentro de mi pecho
para que nunca nadie pudiera descubrirlo
y lo pronunciaría,
deshaciendo las letras,
en oración de amor definitiva.


("Amar y callar". Sabara 2013)
Imagen: Édouard Boubat. París 1922-1999






sábado, 8 de junio de 2013

AMAR Y CALLAR

Amar y callar es mi nuevo poemario.
Se puede adquirir en versión digital ( dos euros durante unas fechas de promoción y tres más adelante) a través de este enlace:

 https://literaturame.net/libro/amar-y-callar

jueves, 9 de mayo de 2013

Pavesa...





ventana y noche
                       esplendente la luna
                                                     cielo tu almohada


(Pavesas 2012)

domingo, 31 de marzo de 2013

Primavera.


en campos verdes
sosegado suspiro
cae la lluvia


(Pavesas)
Foto:Mayusta

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