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miércoles, 18 de diciembre de 2013

Amanece



Han llegado las horas del mañana,
y el tiempo del ayer
se ha escondido en silencio.
Ya no me reconozco en el pasado,
me dirijo a la luz.


(M.A.Yusta. Amar y callar)

lunes, 16 de diciembre de 2013

GLORIA IN EXCELSIS





Gloria a los que viven en las alturas

sin mirar hacia abajo, para no ver a los desheredados.

A los ricos de nacimiento,

a los tontos de nacimiento,

a los que hacen cola en las administraciones loteras

y tal vez esperan vivir en las alturas

(pero no puede ser, esto está ya establecido así:

no os salgáis del tiesto y estropeéis la gran Fiesta).

Gloria

a los que patean el Corte Inglés buscando el regalo ideal,

a quienes aguardan entrar en el aparcamiento con paciencia infinita,

a los que compran comida estos días como si ayunasen todo el año.

Gloria

a quienes mandan, con buenísima voluntad, postales de nieve,

como si la nieve no matase a los pobres

y a los hambrientos que no tienen techo

y a los niños que pululan abandonados

a merced del mercader del sexo.

Gloria, gloria, gloria

a los traficantes de armas que ponen su árbol con símbolos de paz,

a los especuladores que construyen pisos inalcanzables

e hipotecan vidas de jovenes

para lucir rolex de oro y conducir deportivos.

A los ignorantes por omisión, fanáticos e intransigentes

que obedecen consignas ciegamente

y se creen en posesión de la verdad.

A los aborregados por el consumismo.

A los comerciantes del amor.

Gloria

a los que tienen por corazón una caja registradora,

a los insolidarios,

a los que guardan de por vida el odio y el rencor,

a los que jamás perdonan pero piden que les perdonen,

a los violadores de niños,

Gloria, gloria, gloria

a quienes, al leer esto van a decir que es pura demagogia...

y guardan celosamente sus inagotables caudales

para comprar lo que jamás podrán:

amor y tolerancia, respeto y solidaridad.

Gloria.

Por poco tiempo.

Amén.

(Antología Poetas del 15 de mayo. Ed. Séneca)

viernes, 15 de noviembre de 2013

L'automne


Han llegado las horas del mañana
y el tiempo del ayer
se ha escondido en silencio.
Ya no me reconozco en el pasado,
me dirijo a la luz.



 (c) M.A.Yusta. (Amar y callar. 2013)
Imagen (c) Mayusta. París. 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

20 + 1. Poemas. Próxima Antología en Edcs. Lastura


Una buena noticia: en la próximas semanas aparecerá una antología bilingüe ( español-gallego) de mis poemarios, editada por Lastura y traducida por el prof. Xavier Frías Conde. Todo un honor...He aquí una muestra


[GL]

O OUTONO É UN TIGRE ACAZAPADO
que debuxa silencios entre as sombras.
Espétase no abismo
que conduce á cova do inverno
.
Eu daquela finxo coraxe,
desafogo do vento e da súa pel
e, cheo de palabras,
lánzome a navegar contra a corrente.
Deixo os meus poemas
perdérense río abaixo,
onde é certa a pegada da luz.

[ES]

EL OTOÑO ES UN TIGRE AGAZAPADO
que dibuja silencios en la sombra.
Se clava en el abismo
que conduce a la cueva del invierno.
Yo entonces finjo arrojo,
me deshago del viento y de su piel
y, lleno de palabras,
me lanzo a navegar contra corriente.
Dejo que mis poemas
se pierdan río abajo,
donde es cierta la huella de la luz.


© Miguel Ángel Yusta
© Traducción: Xavier Frías Conde

© Imagen: Mayusta

miércoles, 30 de octubre de 2013

AMAR Y CALLAR presentado por Fernando Aínsa

 

El amor salvado por la poesía

“A las palabras de amor
les sienta bien su poquito
de exageración”
Antonio Machado
Canciones de varias tierras

El poeta Eugenio Montejo —autor de Papiros amorosos (Pre-textos, 2002)— afirmaba que “siempre necesitamos decir de nuevo las palabras de amor, buscar nuevas entonaciones”. Sin embargo, advertía a continuación que los poemas de amor plantean muchos riesgos y exigían “mucha sabiduría verbal”, porque “un poema de amor plantea el riesgo de la nadería y el lugar común”, especialmente después de las grandes lecciones poéticas de Pablo Neruda y Pedro Salinas.
Al leer Amar y callar de Miguel Ángel Yusta he recordado estas palabras del autor de Partitura de la cigarra (1999) y en la perspectiva de esta presentación he decidido ser cauto. Hablamos de un tema serio —el amor— sobre el que mucho se ha escrito y sobre el que es muy difícil ser original, aunque nuestro poeta Yusta lo ha colonizado con entusiasmo desbordado y una generosa panoplia metafórica en Senderos de amor y olvido (2008) y El camino de tu nombre (2011) y, en forma más contenida y circunspecta, en Pavesas (2012).
Tema central de su poesía, —como de la de sus colegas transversores Fernando Sarría y Fran Picón y el Manuel Forega de Labios— Yusta sabe que es difícil que el amor absoluto exista y rara vez, cuando se conquista, que sea duradero y recíproco. La tragedia del amor, eterna como el ser humano, es que muy pocas veces es total y menos “eterno”, aunque pueda decirse que la mera “esperanza de enamorarse” da confianza a la vida. Y cuando logra la plenitud ésta dura poco. Ideal que no se alcanza y si se alcanza huye, ese “fuego que nos transporta lejos” que poetizara Goethe. El drama del amor debe su patetismo a las resistencias que tiene que vencer, a todo aquello que lo humilla, lo acongoja, alegra y desalienta y ha contenido siempre un elemento perturbador que sólo la poesía refleja. ¡Y qué mejor ejemplo que el de Verlaine cuando exclama en Amour: “Tengo furor de amar. ¿Qué hacer, entonces?”!
Un espasmo, un instante con vocación de infinito
“Que yo sienta el placer de tu placer/ Que el tiempo de la entrega sea infinito…”—nos dice Yusta en Amar y callar— sabiendo que el amor realizado es siempre atributo de un instante, aunque aspire a ser un sacramento de eternidad. Ya lo decía Oscar Wilde en De profundis: “El amor es un sacramento que debería recibirse de rodillas”. Si esa aspiración fuera posible —añadimos nosotros— se rozaría un estado beatífico, más allá del éxtasis momentáneo que el amor procura, que suele derretirse como la cera de una vela alimentada por su propio fuego. Y tal vez sea mejor así —como sugiere Jean Guitton en Ensayo sobre el amor humano— porque si permaneciera en el tiempo con la misma intensidad, la fuerza de la sorpresa inicial, la sacudida que provoca descubrirlo se erosionaría, desgaste que se torna rutina, como sucede en el amor conyugal, a todo lo más trascendido en ternura y comprensión. La perfección del comienzo, una vez culminada, una vez que ha tomado forma, se diluye. Solamente en un nuevo comienzo —tal vez, otro amor— podrá encontrar una renovada perfección.
Sabe nuestro poeta Yusta que ese instante en que el amor se revela cumple además de su función sensible una función cognoscitiva de iluminación. Como el relámpago que ilumina en la penumbra una realidad desconocida, la función del instante amoroso sirve para expresar el paso de una ignorancia a un conocimiento, de una pasividad a una forma de plenitud vital. En la medida en que ese instante permite una “salida del tiempo”, el amor forma también parte de un suplicio consentido, de un fracaso aceptable, en la medida en que no es buscado y es fruto de un encuentro azaroso. “El querer no es elección,/ porque ha de ser accidente”, ya nos dijo Lope de Vega en El caballero del milagro.
Es cierto: el amor es inicialmente el fruto de un instante; aquel en que se produce un espasmo y en que la exaltación logra su timbre más agudo. Luego, espasmo y exaltación, se agotan en sí mismos, ya que no podrá trascender la condición frágil del instante en aras de una ansiada eternidad —el ansiado amor eterno— aunque se intuya que lo eterno se inscribe en el tiempo a través de ese solo instante privilegiado. Y éste es el único modo de sacar al amor de lo ordinario y familiar, de lo biológico y convencional para trascenderlo hacia los planos en que se significa.
El único modo de conservar ese instante privilegiado es por la poesía. El amor como materia prima del poema que inspira, se compone, se recita y se quiere. Ese ritmo de la poesía podría garantizar su concreción, pero Yusta prefiere manejar las mismas claves poéticas que lo desmienten: la imposibilidad de fijar ese instante, lo irrecuperable del pasado, aun reconstruido. Esta imposibilidad no es menos poética que haber hecho posible el amor, rodeando al instante de las garantías que la vida no da nunca: pero es poesía de tormento y no de plenitud, de dolor y no de serenidad.
De ahí la importancia de la memoria, la única que permite que un instante pueda parecer infinito. Rodear al amor, en el momento en que se realiza, de tales atributo de belleza y poesía que pueda encontrar allí la medida de su propia liturgia: repetirse, para conservarse como un raro talismán. La palabra amor —nos advierte Yusta— la pronunciará “deshaciendo las letras,/ en oración de amor definitiva”.
La condición efímera del amor persigue a nuestro poeta que sabe que muchas veces lo que llamamos amor no es más que ternura, deseo, satisfacción del orgullo, sentimiento de posesión, incluso banalidad y rutina.
Y el mar. De repente”
Pero hay más en Amar y callar: hay pasión y sexo. Una pasión donde la presencia del mar es un leit-motiv de connotación erótica. “Y el mar. De repente” —nos dice el poeta desde el inicio— para evocar un “ocaso de mar embravecido” dibujado en un pubis “devoto” y anunciar que “camino por tus sendas de mares y de espumas/ como la bestia fiel que defiende su presa./ Las olas agitadas de un deseo infinito/ me llevan implacables a tu centro extenuado.” Tras deambular por calles que le “parecen mares ennegrecidos/ con náufragos de bruma derrotados”, siente que se detiene el tiempo, surge la pregunta: “tan solo el mar presenta sus respuestas/ y el hombre se refugia en la casa del miedo”. Un refugio que no impide descubrir que “Ahora que por fin/ sé de verdad quién eres/ me paseo de nuevo sereno por la orilla/ deshaciendo las horas/ sin temor a morir en ese mar.”
En Amar y callar —como en El mar se llama ahora con tu nombre de Graciela Maturo— el ser amado se identifica con el mar, “pulpo de ojos de seda,/ mar jugador y ardiente,/ mar toro, mar solar”. La poeta argentina de la que la revista IMÁN publicó en su número 8 algunos de sus poemas, clama: “Quiero perderme en ti que eres el mar”, “Me llevaste hacia el mar/ y de tu mano/ entré en el paraíso de la luz/ en el negro centelleo de la felicidad/ y de la muerte”. Escribir El mar se llama ahora con tu nombre es para Maturo cumplir un rito “al recordar el mar que nos ha unido”. Los ojos de la poeta “son dos pájaros insomnes” que sobrevuelan el mar para llegar “hasta un país llamado Siempre.
Yusta descubre como Maturo en “el mar de las tinieblas” que “la humedad oscura del deseo/ acompasa sonidos de mar embravecido” y renace bajo la luz, mientras se llenan sus pies “de sal y espuma”. El mar está presente también en los epígrafes de las tres partes en que se divide Amar y callar. En los epígrafes de José Antonio Labordeta (“Lejos hablaba el mar, la noche”), de Ángel Guinda (“De puerto en puerto voy como un barco en la noche dando tumbos”) y de Miguel Labordeta “Confieso una furtiva confidencia con esos náufragos que aman las estrellas”, con que abre el volumen, Yusta, “lleno de palabra”, se lanza a “navegar contra corriente” y descubre que “El mar lo sabe todo: / te sabe a ti y a mí”. El poeta ama para comprobar como “En las esquinas grises/ encallan nuestras almas en silencio”, almas que “como caracolas/ esperan la pleamar que las libere”.
El autor dedica Amar y callar a Laura. Inevitablemente he pensado en Laura, el gran amor de Petrarca, a la que consagrara las inmortales páginas de su Cancionero, En vida de Laura y En muerte de Laura, poemas que fundan con los 25 sonetos de Dante dedicados a Beatriz en la Vita nuova, la tradición del amor provenzal de vasta influencia en la poesía occidental y que notoriamente asimila Amar y callar, ese amor que —confiesa Petrarca— “me halló del todo desarmado/ y abierto al corazón encontró el paso/ de mis ojos, del llanto puerta y barco”. ¿Feliz coincidencia la de Yusta cuando, a su vez, confiesa: “arribaste en la tarde de mi vida/ al puerto incierto de mis circunstancias/ y echaste el ancla firme/ próxima al muelle de los sentimientos”? ¿Coincidencia azarosa o un mismo amor unido por un sujeto de idéntico nombre —Laura, esa mujer como “imagen de lo posible”, al decir de Novalis— que ambos poetas invocan en su madurez? ¡Chi lo sa!
En la tarde de mi vida”
En los dos poemas finales, cuando probablemente el poeta decide “callarse”, Amar y callar cobra otra dimensión. El poeta vive en “la tarde de su vida”, está jugando el “resto”; confiesa “arribaste en la tarde de mi vida/ al puerto incierto de mis circunstancias” y recibe los regalos que le trae el amor tardío: “sonrisas y miradas claras/ palabras repletas de caricias” para decidir “subir al barco”, izando las velas para navegar con la amada en la “nueva mañana”.
El poeta puede parecer un Fausto reencarnado que intenta salvarse gracias a un amor que lo rejuvenece, aunque sabe que para amar hay que salir de sí, encontrar y crear al otro, y al mismo tiempo dejarse encontrar y crear; lo que supone igualdad y reciprocidad. Lo demás es solo mero deseo de posesión, “en el alma es una pasión de reinar” —como dice La Rochefoucauld del amor—un deseo de posesión que olvida que no hay posesión más completa que la de un ser que ama en forma absoluta.
El ser humano no ama para permanecer en sí. Al amar busca en otra parte qué amar, porque solo, en su soledad, es un ser imperfecto; le hace falta un segundo para ser feliz o—como escribió con sencillez Séneca en su Epístola IX— “Es preciso amar para ser amado”. El amor es un trabajo de verificación continua de sí mismo, es una hipótesis con tentativa de deducción y de verificación, es un suplicio calculado, un fracaso consentido en la medida en que es buscado, un franquear la puerta estrecha del tormento y la angustia.
En un proceso de desmemoria y de autodestrucción que sigue a descubrirse olvidado por todos —“Cuando nadie se acuerde/ de dónde vine o por qué me fui.. Cuando nadie hable ya por mí, ni piense/ llamarme por teléfono/ y preguntar si sigo vivo o muerto”— el poeta Yusta espera que la amada se acerque a golpear “sin reparo” su puerta —“una botella del más caro champán” en la mano— porque solo entonces “puede que esté dispuesto a ser amado.”
Sabe entonces que al mirarse en el espejo del destino, un extraño lo observa y lo interroga “desde el fondo del tiempo y del espacio”. “Yo, nunca le contesto”, nos dice intentando desatar el pensamiento que “intenta descifrar el laberinto” y admitir que aunque “todas las respuestas” lleguen “de repente”, “el tiempo del ayer se esconde en el silencio. “Ya no me reconozco en el pasado,/ me dirijo a la luz”—anuncia alborozado en Amar y callar— aunque pudiera repetirse como el poeta Sully Prudhomme a su prometida: “Tu me perteneces desde el pasado”. Un pasado donde reina el amor cuyo lenguaje Yusta ha recuperado con ese “poquito de exageración” que pedía Machado.
Zaragoza, 29 de octubre, 2013

Amar y callar, Miguel Ángel Yusta, Sabara poesía, 2013


miércoles, 16 de octubre de 2013

TE ESPERÉ, COMO EL TRIGO



Te esperé, como el trigo
paciente espera convertirse en pan.
Ya la tarde ignoraba
el camino de vuelta
y corrían los pájaros
las doradas cortinas del ocaso.
Se acercaba la hora,
ajena a la certeza de tenerte.
Cuando llegó la noche, aún no supe quién eras.
Sólo el silencio pronunció tu nombre.



(c) M.A.Yusta. Amar y callar. 2013

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Nocturno I





Tu cuerpo me sabe a noche
con aroma de naranjos,
a sal, a esencia de vida,
a río, a bosque soñado...

Tu cuerpo me sabe a luna,
a mar me sabe tu cuerpo
cuando, alocado,camino
por tus senderos abiertos...


(c) Mayusta 2013.
(Imagen: Lester Lee)

jueves, 5 de septiembre de 2013

Llegaste como luz...




Llegaste como luz de mis mañanas
que apaciguó palabras en mi mente
y al tocar mis sentidos dulcemente
reviviste en mi ser horas tempranas.

Abriste una por una mis ventanas
y la sombra se fue rauda y silente.
¡Qué hermoso fue sentir aquel torrente
que se llevó mis inquietudes vanas!

Preso estoy en tu límite del cielo
contemplando las horas luminosas
donde levanta tu ternura el vuelo.

Serán, a no dudar, horas hermosas
donde el amor soñado, con anhelo,
desborde mis orillas silenciosas.


(Teoría de luz. Unaluna 2007)
Imagen: Muchacha en la Ventana. S. Dalí

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Poema último







Cuando nadie se acuerde
de dónde vine o por qué me fui.
Cuando nadie hable ya de mí, ni piense
llamarme por teléfono
y preguntar si sigo vivo o muerto.
Cuando las horas no tengan medida
ni tampoco el espacio,
y ya no recordemos
las personas que amamos,
los vinos que bebimos,
las canciones en el amanecer.
Entonces solamente,
adórnate con tus mejores galas
y compra una botella del más caro champán.
Acércate y golpea sin reparo mi puerta,
pues solamente entonces
puede que esté dispuesto a ser amado.


Amar y callar. Sabara 2013
Imagen (c) Mayusta 2013

jueves, 29 de agosto de 2013

Amar y callar. Un poema.



EL OTOÑO ES UN TIGRE AGAZAPADO
que dibuja silencios en la sombra.
Se clava en el abismo
que conduce a la cueva del invierno.
Yo entonces finjo arrojo,
me deshago del viento y de su piel,
y lleno de palabras
me lanzo a navegar contra corriente.
Dejo que mis poemas
se pierdan río abajo
donde es cierta la huella de la luz.


(Amar y callar. Sabara 2013) 

Imagen :Iaia Gagliani

viernes, 5 de julio de 2013

Eros 13


Son las bocas cálidos puertos de llegada

donde arriban espumas

y caricias ofrecidas en flor.

El tacto de las manos

desata las cadenas de la piel.

Los sexos oscuros manan

como insolentes fuentes de jazmín.

Labios-luciérnagas invaden la noche

cobijándose del vértigo en los muslos.

Y naufragan los vientres enlazados

en las oscuras aguas del deseo.



(c) Mayusta 2013.
Imagen: China Hamilton

lunes, 17 de junio de 2013



casa vacía
los cristales manchados
llegó el olvido


(Pavesas. 2012)
Imagen: M.A.Yusta(c)

miércoles, 12 de junio de 2013

Ha pasado la lluvia


Ha pasado la lluvia.
Un murmullo de vida
acuna dulcemente
mi incierta soledad.

(Amar y callar. 2013)

lunes, 10 de junio de 2013

Si pudiera nombrarte


Si pudiera nombrarte
y penetrar el cielo con tu nombre
y que el cielo, asombrado,
lo convirtiera en luz
y que la luz se adueñara del tiempo,
y que el tiempo parase nuestras vidas
definitivamente,
mi voz te llamaría cada instante.

Si fuera dueño de tu nombre, amor,
y tuviera el poder de demorarme
en esa red de nardos y jazmines,
lo alojaría dentro de mi pecho
para que nunca nadie pudiera descubrirlo
y lo pronunciaría,
deshaciendo las letras,
en oración de amor definitiva.


("Amar y callar". Sabara 2013)
Imagen: Édouard Boubat. París 1922-1999






sábado, 8 de junio de 2013

AMAR Y CALLAR

Amar y callar es mi nuevo poemario.
Se puede adquirir en versión digital ( dos euros durante unas fechas de promoción y tres más adelante) a través de este enlace:

 https://literaturame.net/libro/amar-y-callar

jueves, 9 de mayo de 2013

Pavesa...





ventana y noche
                       esplendente la luna
                                                     cielo tu almohada


(Pavesas 2012)

domingo, 31 de marzo de 2013

Primavera.


en campos verdes
sosegado suspiro
cae la lluvia


(Pavesas)
Foto:Mayusta

martes, 19 de febrero de 2013

Fernando Aínsa reseña "Pavesas"



LA PASIÓN CONTENIDA DE MIGUEL ANGEL YUSTA
Fernando Aínsa

Miguel Angel Yusta ha decidido en Pavesas (2013) poner un freno a
su poesía generosa y desbordada, de pasión exaltada en noches de
incansable ejercicio amoroso con que nos había inundado en El
camino de tu nombre (2011). Ahora se contiene, aherroja los
sentimientos en la forma despojada de todo título, mayúscula, punto
o coma, y los confina a una forma que no quiere llamar haiku, pero
que se le asemeja en el obligado ritmo de tres versos por estrofa:
dos de cinco sílabas y uno central de siete. Con el probado oficio del
coplero que desde hace más de cuarenta años nos ofrece
semanalmente ejemplos en el Heraldo de Aragón, Yusta se mueve
con soltura en la nueva forma con que ciñe su poesía.
Encomiable ejercicio de circunspección y modestia, que se
traduce en la condensada e intensa emoción de pavesas que en
su momentáneo chisporroteo pueden provocar incendios al
leerse, donde el amor sigue estando presente desde la primera
estrofa: “sobre tu nombre/ amanecen las luces/ que me renacen”.
Un nombre que no se enuncia porque los “silencios de olvido”, lo
han borrado entre “brumas indefinidas”, pero que sobrevive en
la mirada, en la risa, en los ojos, en el beso, en los labios, que en
forma cadenciosa aparecen en las estrofas subsiguientes,
marcando un lirismo donde “se ahogan las palabras” y “hablan
los pájaros”, aunque el eco de un erotismo exhausto aparezca
como “flor entre sábanas”.
La contención con que Yusta se desnuda en estas formas
austeras es posible porque —sobre la pasión evocada— ha pasado el
tiempo que ha dejado, sobre la “herida abierta”, el silencio de
una ausencia. “Luego te fuiste”, nos dice lacónico el poeta en la
segunda parte del poemario titulada justamente El silencio. Por
algo “envejecemos/ a fuerza de ser jóvenes/ sin conseguirlo”,
remacha.
En Pavesas, Yusta reanuda, desde un territorio poético muy
diferente, la evocación de un pasado que en Ayer fue sombra
(2009) rememoraba con indignación contenida los años de su
juventud. Sombra del ayer que era grisura, censura, represión,
datos en que se reconocía la historia vivida de la Zaragoza de
fines de los años cincuenta. Ahora evoca desde el silencio y
frente a las efímeras marcas que sobre la arena de la orilla del
mar deja su nostálgico deambular: “Huella de olvido/ tus pasos
en la playa/ borra la espuma.” Lo que era el contexto social y
político de una época, es intimidad, un replegarse sobre sí
mismo, un sentir desde un desolado y “largo camino/ cuando va
la tristeza de compañía”, un “camino eterno”, un “duro camino”.
En definitiva, un descubrirse “desnudo como un niño/ ante tu
ausencia” o, más tristemente, decirse: “desde la noche/
parecemos felices/ tras las ventanas”.
¿Final de un ciclo poético?; ¿pausa creativa en que la contención
impera tras el desbordamiento sin pudor de la poesía amorosa
precedente o la evocación circunstanciada de un tiempo
dictatorial felizmente superado, aunque otras amenazas nos
abrumen? ¿Austero rigor que contagia la buena poesía? Todo es
posible en un creador que se pone a prueba en cada libro.
Pruebas que él mismo decide sean cada vez más difíciles,
como parte de un viaje iniciático hacia la anhelada perfección. En
todo caso, Pavesas queda como hito fundamental en la construcción
de una obra gestada en plena madurez, cuando los pecados de la
juventud ya habían sido perdonados.
Febrero, 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

Niebla


niebla en la noche


peso frío en el alma

camino incierto



(c) Mayusta 2013. Imagen: París nocturno. Brassai 1934


jueves, 24 de enero de 2013

Luz

 fluye el paisaje
pintura de un momento
la ventanilla 
 
lleva la noche
fragancia de tus senos
jardín mi alcoba
 
luna y silencio
tu beso en la penumbra
flor entre sábanas
 
 
M.A.Yusta."Pavesas". Ed.La Fragua del Trovador 2012 
Imagen:MAY/LGR

Archivo del blog

Juan Diego Flórez

Os recomiendo el video del "Ave María". Juan Diego es, hoy, el primer tenor lírico ligero del mundo. Todo un placer escucharle...
Y pinchad en Youtube su versión de "Júrame".
Para soñar, amigos...