MercadoLos domingos, el bulevar Charonne se transforma en un mercado inmenso,
multicolor y multirracial.
Cuando yo era joven había muchas viejecitas con sombreros extraños,
compraban pequeñas cantidades de fruta, verdura y algo de pescado fresco.
Hoy se han ido todas y yo tal vez
soy ese viejecito prematuro
ávido de mirar y hablar con los vendedores argelinos,
griegos, senegaleses, con su francés gangoso y amable.
Las vendedoras de queso y jamón del país me ofrecen su colesterol,
me resultan cercanas y familiares, las he visto en el metro,
en el parque pequeño con sus niños pequeños,
en sus pequeños apartamentos silenciosos.
Son el cordón umbilical que me une a mis recuerdos
de los años grises, cuando me escapaba a la calle Poliveau
para no ahogarme con el humo del incienso y las velas
que querían asfixiar mi juventud.
Allí aprendí a escuchar hermosas canciones
y a sentir las primeras ingenuas miradas de amor.
(De "París 16")