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miércoles, 28 de octubre de 2015


Caminar hacia el cierto horizonte de la luz
con el verso equipaje y la fe en la llegada.


 De M.A.Yusta:"Pasajero de otoño" (R)
Imagen :Mayusta(c)

jueves, 15 de octubre de 2015

Silueta urbana



En el límite suave de la tarde
te he mirado otra vez.
Parecías dormida.
¿O estarías ya muerta?
En esa fría esquina del atardecer
he percibido mil escalofríos
y he temido perderte.
Sólo mi voz inocente de niño,
caminando descalzo por las calles añejas
ha quebrado tu sueño, silueta dormida,
y has vivido de nuevo
imagen silente de la paz serena...



(De Reloj de arena. M.A.Yusta, 2007)
imágenes: mayusta
1)
 MUJER DORMIDA
Autor:  José Bueno Gimeno
Año:    1920/1924
Localización:   Plaza de Paraíso, Zaragoza.
Materiales:  Piedra (pedestal y escultura)
2)
LA SIESTA
Autor:  Enrique Galcerá
Año:    1963
Localización:   Paseo Sagasta, Zaragoza.
Materiales:  Piedra (pedestal y figura)

miércoles, 14 de octubre de 2015

Antología "Pilar Geraldo"

Poema incluído en la antología "Antón Pirulero" de poesía de memorias infantiles, coordinada por Pilar Geraldo.

domingo, 4 de octubre de 2015

De silencio y luz, poema final






Remuevo en vano
la tierra que tengo sobre los recuerdos,
cuando la inmensa desolación del nombre
se pierde en el hueco del último árbol de la vida.
Las horas lentas de silencio erguido
ya no prestan cobijo a las preguntas:
todo fueron respuestas.
Cuando la luz del día declina para siempre
regateo con las últimas raíces del dolor
para que no puedan matarme de nuevo.

jueves, 30 de julio de 2015

"De silencio y luz" .Un poema.



Ha estallado la tarde
en los colores limpios del ocaso.
Tenues hilos de brisa
acarician los campos amarillos.
Llenan el pensamiento
las horas apacibles.
Después vendrá lo oscuro,
se borrará tu huella
y yo me quedaré deshabitado.
                                                Solo.

(Imagen: Sierra de Albarracín. mayusta)

martes, 9 de junio de 2015

lunes, 8 de junio de 2015

Puro habano...





Voluta susceptible y relajada.
Descanso de la noche insomne y bella.
Luz cigarril, que apenas se destella.
Brisa espesa, silente y apagada.

Falo moreno, oral encrucijada.
Succión apasionada de centella
que en el pulmón, con fuerza se te estrella
cual ola viva en roca mareada.

Linterna del poder capitalista.
Contradicción, nostalgia contenida.
Trabajo y pan de lánguido castrista.

Atmósfera taurina enfebrecida
y, a pesar del rigor prohibicionista,
aromática esencia de la vida...

M.A.Yusta. 1994 
(Recogido en "Teoría de luz". 2007)




jueves, 21 de mayo de 2015

Hermione




Elegancia discreta y gran recato.
Al deslizarse, suavidad supina.
Es encanto total esta minina
y la reina del reino de los gatos.

Con ella pasa sin pesar el rato,
su mirada te envuelve y te fascina
que más que reina parece ser zarina
de aquella Rusia de tan gran boato.

Su pelaje de miel, es como un sueño
que apacigua la mano que acaricia
y se convierte de su tacto en dueño.

Así es Hermione, que encantada oficia
provocando inmediata el sonrisueño
a quien su confianza le propicia.


(c) Miguel Ángel Yusta 2015.


lunes, 27 de abril de 2015

Cronicas cortesanas.






 Hoy 27 de abril de 2015,  en el palacio de La Aljafería, sede del parlamento autonómico, presentación de Crónicas Parlamentarias. Diversos escritores aragoneses dan su versión de una sesión de las Cortes Aragonesas. He ahí la mía, para quien tenga curiosidad...

 http://www.cortesaragon.es/Ver-cronica.1040.0.html?&no_cache=1&tx_visorpdf_pi1[showUid]=260#/page/1

Recital en el Ateneo de Madrid

Una jornada poética muy especial, junto a Ángel Guinda y Joaquín Sánchez Vallés, presentados
por la poeta y ateneísta María Sangüesa.

26 de abril de 2015.

lunes, 20 de abril de 2015

Rosendo Tello. Presentación "De silencio y luz". Texto completo.

 

Presentación del Libro “De silencio y luz” de Miguel Ángel Yusta
Fnac Pza. de España. Zaragoza. 7 abril 2015


Nada más recibir el libro de Miguel Ángel Yusta, lo primero que me atrajo la atención fue su título De silencio y luz. Silencio y luz son dos términos muy presentes en todos mis libros, desde el primero, Ese muro secreto, ese silencio, y he querido completar mi ciclo vital con otro libro, ya hecho, Revelaciones del silencio, mis obras primera y última. El libro primero recoge los predicados, el muro y el silencio.
He ahí el asunto accidental por el cual me gusta tanto el libro De silencio y luz, de Miguel Ángel. Hay en él, un sujeto que podríamos nominarlo con el título el tiempo, o el amor, o poemas de silencio y luz. Si lo ceñimos a poemas, aplicándole los adjetivos correspondientes a los sustantivos, serían poemas silenciosos y luminosos. Pero, a propósito de esta cuestión, me conviene hacer alguna precisión semántica sobre los términos.
En el caso de silencio, no es exactamente lo contrario del sonido, sino mutismo. Silencio es un preludio o apertura del habla y de la música; mutismo es un cierre al habla. El primero es un proceso; el segundo, una regresión; el primero cubre los grandes eventos, el segundo, los oculta. El habla habla, dice Heidegger; el sonido habla, según lo entendemos. Igualmente, lo contrario de la luz es la oscuridad, y no la sombra; sombra participa de la luz. A veces utilizamos silencio y luz como contrarios a sonido y oscuridad; pero conviene atender al contexto en que se hallan. Cuando dice Miguel Ángel “el silencio es la respuesta”, dice mutismo; pero cuando dice, “Es tu ausencia, la presencia/ es tu silencio luz”, es el rumor o la reverberación del silencio que se convierte en luz.
Se inicia el libro con el prólogo del excelente poeta y autor Joaquín Sánchez Vallés, muy amigo nuestro, novelista y crítico. Sigue una cita del autor en la página 13, a modo de aforismo personal: “Para que no puedan matarme de nuevo”. Es un verso que cierra el último poema de la última parte del libro y tiene su correlato en un poema anterior: “para poder amar por fin del todo”. Falta el sujeto, un sintagma nominal: “las raíces del dolor” que semánticamente equivale a sus amores.
En la página 15, aparece la cita tomada de “La destrucción o el amor”, de Vicente Aleixandre, en cuatro endecasílabos. La cita expresa el simbolismo del amor que atañe a Miguel Ángel: la soledad es calvero, la realidad, es plomo frío; no, ya no quema el fuego que dejó “aquel remoto mar al marcharse”. Ha elegido la cita que lo representa en pasado.
Y entramos ya en el libro. Se vertebra en cuatro partes y, a partir de la primera, se integran tres intermezzos delante de las tres siguientes. La primera parte se intitula Albor y día, y contiene cinco poemas. Sigue Intermezzo I, que acompaña a la segunda parte, titulada Nocturno, con 13 poemas. Sigue Intermezzo II y la tercera parte, que se titula Estancia, con once poemas; a continuación, el Intermezzo III y la última parte, de título Final, con ocho poemas. Es obvio que el término italiano Intermezzo, equivale al término nuestro intermedio, acompañando a las obras teatrales, comedias y tragedias, y a las óperas de corta duración. El intermezzo opera de divertimento musical con cuatro versos e imita las coplas aragonesas. Hay, en el Intermezzo I, cuatro versos de ocho sílabas con rima asonante, el II de siete sílabas con rima asonante, y el III, una cuarteta de versos de 7 sílabas, rimando en asonante el 1 y 3 y el 2 con el 4. Los versos de las cuatro partes son endecasílabos, de 11 sílabas: heptasílabos, de 7 sílabas, y alejandrinos, de 14 sílabas. Sólo hay tres versos cortos, uno de 4 sílabas: dos, de 6, y un verso de 15 sílabas en el último poema. Todos están bien timbrados, ajustándose a la métrica tradicional.

Antes de entrar en el contenido del libro, veamos un poema de la segunda parte, que abarca en síntesis el significado alegórico de todos los poemas. Dice así:

En la bóveda inmensa

los astros difuminan sus orillas.

Nada deja de ser

en el momento en que se cierra el cielo.

Hay luz en lo invisible.

Es un poema muy misterioso y sintético por la intención que conlleva de macrocosmos y microcosmos. Se divide en tres apartados. Primero: los astros difuminan sus contornos o amplían sus orillas. Segundo: nada deja de ser cuando se cierra el cielo y la oscuridad aparece. Y tercero: hay luz, aunque no la veamos, en lo invisible del universo. Existe una relación entre la unidad y la multiplicidad, o sea, entre el macrocosmos y el orden de los vegetales, animales y seres humanos en el microcosmos. En nuestro caso concreto, cuanto más se ajustan los poemas con la unidad de relación del universo, hay más acorde en todo. Si falla la luz, falla la relación con el macrocosmos y falla lo múltiple. Falla el amor por falta de desamor amoroso; falla la soledad por falta de compañía, fallan las orillas porque no hay encuentros. Hay olvido porque falta la verdad del amor y del deseo; hay ausencia porque no hay presencia; fallan las preguntas, porque no hay respuestas; fallan las palabras, porque hay mutismo, etc.
Pero veamos cuál es el contenido de la luz, proyectado por el macrocosmos como iluminante en los poemas, o como opaco a la luz del microcosmos. Digamos, antes de nada, qué difícil es este laberinto de tiempos en que los personajes se hallan enredados. Hallamos alguna dificultad en la ausencia de títulos en casi todo el libro, por su síntesis escueta. Por de pronto, en este hilado de tejidos, que cuenta el amante poeta lírico, aparecen dos amadas en el drama que nos envuelve: una mujer, que pertenece a un pasado movilizado en los tiempos de presente, y otra, imagen que asoma como guía de luz, en el presente y pasado anterior. No es extraño que al poeta se le mezclen distintos estratos de imágenes y símbolos.
En la primera parte hay recuerdos de ausencias del pasado, como declara en la confesión inicial del poema: “No busco primaveras imposibles/ ni deseo pasiones violentas”, aunque desea “ese cálido abrazo/donde se funden todas las preguntas”. Las alusiones al pasado aparecen, desde el presente, recordando al mar, símbolo de la existencia, “vacío de memoria” en que “mis obras incompletas/ reposan misteriosas en el fondo oscuro”, y es el futuro oscuro el que quedará deshabitado. Pero al final se borrará su huella para que “seas mi guía hasta esa luz”. “No me hables”, “ni me digas aún de dónde vienes”, interpela a la mujer de la luz renovadora. La mujer será una compañera que alentará al poeta.
A continuación, el Intermezzo I, cuyos versos musicales comunican el sentido de la parte segunda: “Bajó lenta la mirada,/ lanzó un suspiro muy suave/ y en mi noche comenzó/ a deshacerse su tarde”. La tarde de la vida del poeta comienza a desvanecerse como el preludio de la parte que empieza. Después, da comienzo esta segunda parte, Nocturno, que alude a una pieza musical en piano, destinada a ser interpretada por la noche. La noche, cuando el amor es asunto íntimo, la presencia se convierte en manifiesta, aunque hay ciertas ausencias. El poema primero es una invocación a la luna. Lo expresa así:

Tiéntame, madre luna,

en las desnudas horas de mi sueño

para poder amar por fin del todo.

Sea mi sangre lava fugitiva

que atropelle los cuerpos y los queme

y los funda y los haga de mi carne.

Dame, luna, tu brillo,

tus cráteres manchados,

la levedad albina de tu piel

para que pueda ser luz de tu luz.

Hazme tu rayo, luna,

para abrir sus entrañas,

hundirme en sus contornos,

deshabitar su cuerpo del olvido

y llenarlo de mí

en los tibios instantes de tu noche.

El poema es clásico, tocado de romanticismo. Invoca a la luna “para poder amar por fin del todo”, ya que antes no ha amado así. En su fantasía, a la luna le pide que su sangre sea lava que atropelle los cuerpos y los queme y los haga de su carne. Tal ímpetu romántico (y eso que, hace poco, en el poema de confesión, no deseaba “pasiones violentas”), y ese deseo arranca del pasado, y pide a la luna deshabitar su cuerpo del olvido. Es un nocturno musical como preludio de la noche amorosa.
Los poemas los podemos clasificar en series: poemas que arrastran el pasado con sus consecuentes ausencias, un número de cinco, y poemas de plenitud amorosa, ocho en total. Los últimos, surgidos de la compenetración amorosa, están en estrecha relación cósmica. Los primeros, divididos en dos apartados, no comportan tal relación, pues todos los apartados se hallan separados por una oposición adversativa que los enfrenta entre sí, mediante una conjunción “pero”, o una conjunción causal “porque”, o por la duda tal vez de las afirmaciones del poeta. Pero leamos un poema de plenitud.

                    Ha quedado prendido en tu cabello

                    un latido de estrellas.

Parecías dormida sobre un lecho apacible

inmersa en la quietud de soñados jardines.

Ondulaban tu pecho los suspiros,

dulce goce del centro sosegado

donde la vida tiene su refugio

y me naces, mujer.

En ese instante mágico te he contemplado amante,

cómplice de la muerte de las horas.

De tu sagrado aroma, fiel devoto,

mi religión, mi fuego, mi sustento.

La presencia de esta pieza, que yo he denominado poema de plenitud, es completa y singular. Los primeros versos están relacionados con el latido de astros y estrellas; “el centro sagrado” se parece a San Juan de la Cruz. Con un toque místico; además de ese final: “sagrado aroma”, “mi religión”, “mi fuego, mi sustento”. Es la mujer que hace nacer al amante en regeneración y nuevo nacimiento.
Leemos en un poema de la segunda serie, tan distinto en cuanto al contenido:

Apenas acostado, te contemplo

y tu respiración, leve y pausada,

apacigua mis males.

Un sonido apagado en la distancia

testifica que aún hay vida allá afuera.

Todavía no duermo,

quiero vivir las horas más largas a tu lado,

pensar que aún es momento de verte y respirarte.

Porque tal vez mañana

-ojalá no amanezca-

podría ser pasado y despedida.

Con el pensamiento testifica que quiere “vivir las horas más largas a tu lado”, y, a continuación, mediante la conjunción causal porque, cambia su deseo vehemente por un futurible dubitativo, “tal vez mañana”, que puede ser la realidad de un pasado con temor actual de despedida.
En los poemas de plena presencia, aparece algún elemento distorsionante que lo salva el contexto: la lluvia, elemento favorable, socava la metáfora “las piedras del recuerdo” (pag. 52). En los poemas de ausencia suelen darse dos contenidos, el primero, de signo positivo, y el segundo, de signo negativo.

En el Intermezzo II, continúa su romancillo de 4 versos, de 7 sílabas, con rima asonante. Lo dice en verso lírico, que anticipa el contenido posterior: 
 
Amo la brisa cálida

preludio de ese fuego

que conmueve tu rosa

ungida por mis besos.

La tercera parte abarca, con nombre de Estancia, la morada, mansión o habitación, un contexto semántico idealizante. Está unida a la segunda parte con las piezas plenas o de evocación casi plena (6 poemas), guardando relación con la unidad cósmica, y las que se alejan y entran por las vías de ausencia y dispersión subjetivante (5 poemas). Pero, con todo esto, estas dos partes del libro constituyen lo más granado de la armonía musical de Miguel Ángel. El poema primero se expresa de este modo: “No eran horas tal vez para el encuentro”, y lo atestiguan los contrarios. Todo tan resuelto, expresado en un tiempo pasado: “los cuerpos seguían oficiando el rito sublimado de fuego y de palabra”. “Después el alba fue testigo del abrazo infinito”. El poema, a pesar de las dudas del principio, eleva hacia arriba su anámnesis, su memoria, en la sublimación y lo infinito del abrazo. Vemos otro poema breve, que yo he denominado Renacer del amor.

He recorrido a ciegas, tembloroso,

tu carne enajenada.

He inundado tus valles agitados

con las espumas locas del deseo

en la penumbra cierta de la tarde.

Y el jazmín de tu pecho

ha desterrado mis palomas negras.

Renace la certeza nuevamente.

He inundado tus valles” “en la penumbra de la tarde”: la tarde, lo hemos repetido, representa la edad del poeta. Afirma que ha desterrado sus palomas negras, símbolo de su vida, y así renace la certeza nuevamente. Mantiene la esperanza de un pasado negro hacia un presente y un futuro. Los poemas oscurecen el deseo en las ausencias y se encuentran las oposiciones con las conjunciones adversativas y temporales: pero, mas, mientras, y conjunción copulativa y, con un valor negativo; no obstante, también acompaña mas a un poema pleno, con valor positivo.
Veamos uno donde lo negativo precede a lo positivo con la conjunción mas
 
Podrá no ser la misma

tu palabra de ayer.

O mi vaso vacío

el recuerdo salino de momentos de luz.

O mi búsqueda loca, la negación oscura.

Mas lo importante, entonces,

será que no nos hieran las ausencias.

Esto lo dirige a una mujer cuando pesan los recuerdos del ayer. Ahora pasa el recuerdo a marcar un futurible favorable para los dos amantes.

Y llegamos al último Intermezzo, el III, que es una copla del poeta a la amada que dibuja en sus versos: “Una pluma cansada/ sigue amando en silencio/ y en la noche, tan larga,/ te dibuja en los versos”.
La cuarta parte finaliza con el título Final, y completa la obra. Expone certeras meditaciones, con reflexiones sobre el tiempo, y acaban con sombría pérdida amorosa. Es una pérdida muy dramática por la angustia y la falta de respuestas en los “buscadores de la luz”.
La meditación sobre el verano es un arranque soberbio de pérdida devoradora. Lo expresa así: “Muerde el verano con furia loca/ preñado de mil soles”. ¿Qué ha ocurrido aquí de pronto? Esos cuerpos olvidados que persiguen la luz entre las sombras, ¿no será la luz del cosmos, donde había una luz invisible, oscurecido y alejado de nosotros porque no hemos lanzado una mirada hacia lo alto? Estética de la mirada. Negado el cosmos, se niega toda relación entre los seres amorosos. La claridad viene del silencio y representa la luz que rumorea del silencio.
El verano no tiene respuesta; la contemplación del otoño en noviembre viene como un fantasma; diciembre está lleno de nostalgia en el invierno de la soledad de lo vivido, como fantasma sin nombre; al hombre, viajero de mares y peregrino habitado de ausencias, sólo le queda vivir y morir en la orilla final. Huyeron las palabras y dejaron vacía la memoria.
Pero, un día, de repente, me condena el espejo”. No aclara de qué es el espejo. Sólo expresa que es invierno. ¿No será el espejo cósmico, el espejo de la relación con el amante? Hay una negación en la oración seguida de mas, que contiene una oración afirmativa: “Mas en la nueva primavera,/ yo volveré a mirarme en ti” “en el templado fuego de tus ojos”. Está la primavera estallando cósmicamente ante los ojos de la mujer amada. En el poema final del libro, nos deja la sospecha siguiente: “Cuando la luz del día decline para siempre”, discutiré las condiciones de las raíces de un dolor “para que no puedan matarme de nuevo”. Así establece un círculo en las frases del principio de la obra y su final.

En conclusión, lo que me ha interesado es singularizar la forma y los contenidos inherentes a la obra de Miguel Ángel Yusta. Ha escrito un libro hermoso, sintético y denso, muy sugerente en su ritmo e imágenes, muy ajustado en sus partes. Me gustan tanto las ausencias como las presencias y las pérdidas de sus poemas, todos tan diversos y contrarios, algo frecuente en la poesía actual.
Le doy un abrazo a mi amigo y lo felicito con mi más cordial enhorabuena. 
 

miércoles, 15 de abril de 2015

martes, 7 de abril de 2015

Entrevista en Heraldo de Aragón, por Antón Castro






"Sin amor, no es posible la vida..."

Entrevista a  M.A.Yusta con motivo de la publicación de su último poemario, "De silencio y luz".

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2015/04/07/yusta_sin_amor_posible_vida_349738_308.html

(En la foto, con Paca Aguirre. Mujer y poeta excepcional)

sábado, 4 de abril de 2015

De silencio y luz: algunas opiniones.


De silencio y luz
Algunas opiniones: Alfredo Saldaña, Jorge Cortés, Fernando Aínsa, Adolfo Burriel, Juan Domínguez Lasierra, José Antonio Conde, Rosendo Tello, Jorge Ayesa, Javier Barreiro...

Querido Miguel Ángel, he leído tu libro y he disfrutado mucho.
Está repleto de hallazgos expresivos y de imágenes muy potentes.
Hay en él, me parece, algo de iniciación, de reconocimiento
y de celebración, algo, en definitiva, de catarsis.
El libro rezuma sensibilidad, inteligencia y lirismo
por todos sus poros.
Enhorabuena, y un fuerte abrazo.
ALFREDO SALDAÑA

Amigo Miguel Ángel, aunque seguramente te lo diré el día de la presentación, tengo que manifestarte que no solo me ha gustado tu poemario, es que me ha impresionado: no hay un solo verso sin sentido; no hay verso sin sugerencia. Me parecen unos poemas de plenitud amorosa, puntillosos, con la descripción sujeta al símil...Y con una técnica expresiva poco frecuente (lo diré en el sentido más noble: es una escritura culta, porque es una escritura cultivada). Para leer y releer. Enhorabuena de las buenas (que se decía antes). Un fuerte abrazo.
JORGE CORTÉS


Miguel Ángel Yusta sigue enamorado. Hace de su última obra –DE SILENCIO Y LUZ (Lastura, 2015)– un nuevo y arriesgado inventario de felices imágenes sobre el tema, el que abordara con pasión en AMAR Y CALLAR (Sabara, 2013) y en la generosa panoplia metafórica de SENDEROS DE AMOR Y OLVIDO (Unaluna ediciones, 2008). Y lo hace, aunque guarde siempre la perspectiva de escribir distanciado en el tiempo del instante jubiloso de la explosión amorosa, cuando “ya no quema el fuego que en las ingles/ aquel remoto mar dejó al marcharse”, como cita en el epígrafe inicial de Vicente Aleixandre.
No hay que llamarse a engaño. Enamorado, sí, pero capaz de ver proyectado desde un presente de reflexión y melancólica evocación esas “pasiones violentas/ que duermen con los años/ en los anaqueles del recuerdo”. Una distancia en el tiempo que le permite desde el inicio del poemario comprender que “después vendrá lo oscuro,/ se borrará tu huella/ y yo me quedaré deshabitado./ Solo.” Una soledad que vaga errabunda “bajo la lluvia”, después que la amada ha dejado sobre su piel su “sabor fugitivo”.
El amor en Yusta es luz —esa luz presente desde el título— y guía del poeta. “Estoy aquí —nos dice— para seguir tu huella inapelable/ y que sea mi guía hasta esa luz”, esa luz que está presente en “lo invisible”. Una luz diurna que se contrapone a la “noche implacable” presente en la mayoría de los poemas en que el amor y la pasión reinan de consuno. Una noche que no se quiere abandonar “porque tal vez mañana/ –ojalá no amanezca– podría ser pasado y despedida”. La amada, evocada en el tiempo, ha sido “apacible refugio de mis días”, triste comprobación de que “es tu ausencia presencia, es tu silencio luz”, una búsqueda que ya estaba presente en Amar y callar cuando anunciaba “ya no me reconozco en el pasado,/ me dirijo a la luz”.
Simbiosis de luz y silencio que Joaquín Sánchez Vallés en el prólogo resalta como paradoja del título y síntesis de una “expresión elegante” de “lenguaje refinado” que haga “imposible leer estos poemas y no emocionarse, no sentir el latido que ese amor expresa, de aceptarlo como auténtico”.
A Yusta le gustan estas contradicciones. Si aquí se conjugan el silencio y la luz, en Amar y callar lo era la pasión y el sexo confrontado a “la tarde de la vida” desde la que se jugaba “el resto”.

En este nuevo libro sobre el amor que el poeta ha tardado en publicar un par de años (el prólogo de Sánchez Vallés está fechado en abril del 2013), hay felices imágenes y metáforas dignas de ser citadas, donde el amor evocado es capaz de “disolver el sabor del miedo” y “lo oscuro se viste de nosotros”. El “huracán salobre del deseo” dibuja “alfabetos de caricias” y la “sangre lava fugitiva/ que atropelle los cuerpos y los queme”.
Ante tanto desborde apasionado, remover “en vano/ la tierra que tengo sobre los recuerdos” es un triste modo de comprobar que “sólo el silencio es la respuesta”. Miguel Ángel Yusta vuelve —como en sus libros anteriores— a exaltar el amor y la pasión del pasado desde un presente de languidez, donde “la luz del día declina para siempre”, para regatear “con las últimas raíces del dolor/ para que no puedan matarme de nuevo”. Una proeza que el lector apresurado que he sido de DE SILENCIO Y LUZ agradece.
 FERNANDO AÍNSA


Los poemas de amor son muchas veces tan manidos que acaban siendo torpes, pretenciosos y repetidos, sacos de palabras. Pero tú has hecho unos poemas de cercanías y ausencias, de amores y pérdidas, de sensaciones físicas y recuerdos que tienen la virtud especial de sacarte de rutinas y de hacerte lector afortunado. Y emocionado. Estar y recordar, esperar y tener. Como el amor, que, se quiera o no, siempre es inatrapable. De verdad que has escrito un hermoso libro, donde, además, la forma es parte de los hallazgos del contenido.
ADOLFO BURRIEL.


Miguel Ángel Yusta presentó su último libro, 'De silencio y luz' -dos formas del amor, dice Joaquín Sánchez Vallés en el prólogo-, donde el más íntimo Yusta discurre como en un diario amoroso que se va tejiendo desde el alba del amor hasta la noche, de la primavera al invierno, del silencio que es luz a la luz que ya es ocaso silencioso...
JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA.


  “Cuando la luz del día declina para siempre”, amanece el deseo en el poema, y la palabra corporal abre la sombra íntima a través de una voz que se constituye en plenitud y serenidad expresiva. Miguel Ángel Yusta nos ofrece un libro sincero, un libro en el que la pasión atraviesa la realidad y el lenguaje, con esa sutileza necesaria de horizontes, donde la celebración es sugerencia, fluidez rítmica y acierto verbal. También la naturaleza y lo sensitivo se transforman en una sola identidad que no busca lo efímero de la entrega, y que encuentra la emoción compartida e irrepetible de los hallazgos.Este poemario es un himno de amor, un epinicio de susurros, un códice de tactos donde se conservan los instantes, las invocaciones y los atardeceres, y las estrellas más deseadas derraman su fulgor De silencio y luz.
JOSÉ ANTONIO CONDE. 


 Miguel Ángel Yusta ha escrito un libro hermoso, sintético y denso, muy sugerente en su ritmo e imágenes, muy ajustado en sus partes. Me gustan tanto las ausencias como las presencias y las pérdidas de sus poemas, todos tan diversos y contrarios, algo frecuente en la poesía actual.
ROSENDO TELLO (Fragmento del texto de la presentación)


 
De silencio y luz”. El éxtasis luminoso que rodea a los amantes cuando por fin se encuentran. No necesitan palabras, no necesitan nada más que a ellos mismos. Es una obra preciosa, dulce y delicada en su extensión. Es poesía, y evoca una fotografía de una pareja, abrazada, observando en silencio un atardecer. Cuando me puse a leerla, me enganché, fue demasiado fácil conseguirlo. Su lírica juega con las palabras, describiendo una fotografía en acción, a veces un blanco y negro, a veces un corto iluminado con los colores deseados. Es asombrosa la capacidad de Miguel Ángel, no tengo otras palabras en este momento, para captar un instante, que puede ser tranquilamente una llegada a casa, escuchar la voz de la persona querida, o tal vez verla dormir. Y lo pinta con palabras, lo hace arte. Crea realismo teñido de cariño, de dulzura, siendo conciso y certero como un bordado de oro, entre paisajes oníricos llenos de sensaciones. JORGE AYESA



Creo que es tu mejor libro poético –al menos, de los que conozco-, ya que has logrado la modulación de una lengua personal  y un convincente tono de sinceridad con ese viejo, difícil y bifronte tema de amor pasión y el amor pausado, aunque casi predomina el primero y uno disfruta  más con las orgías de desolación –más literarias- que con las propiamente dichas pero está muy bien esa alternancia de la la elegía, la herida del desamor y el himno epitalámico.
Por otro lado hay numerosos hallazgos expresivos y, como toda loa es sospechosa si no se contrapone algún defecto, también alguna adjetivación tópica. Claro que todo son gustos personales. El mío va por poemas como los de las páginas, 20, 21, 29, 41, 57… JAVIER BARREIRO

jueves, 19 de marzo de 2015

Un poema de "Amar y callar"






Cuando nadie se acuerde
de dónde vine o por qué me fui.
Cuando nadie hable ya de mí, ni piense
llamarme por teléfono
y preguntar si sigo vivo o muerto.
Cuando las horas no tengan medida
ni tampoco el espacio,
y ya no recordemos
las personas que amamos,
los vinos que bebimos,
las canciones en el amanecer.
Entonces solamente,
adórnate con tus mejores galas
y compra una botella del más caro champán.
Acércate y golpea sin reparo mi puerta,
pues solamente entonces
puede que esté dispuesto a ser amado.

M.A.Yusta "Amar y callar". Sabara 2013

sábado, 14 de marzo de 2015

miércoles, 11 de marzo de 2015

11 M




Tanta muerte, tanto dolor...

Son las siete treinta y nueve y cruzo apresuradamente el vestíbulo de la
estación de Atocha. Mi tren está a punto de salir; tengo que estar en Zaragoza para mi
jornada laboral. Cientos de personas se mueven apresuradamente hacia sus destinos.
De repente, unas sordas explosiones y el suelo tiembla, una, dos veces. Sorpresa,
asombro, estupor, miedo, angustia, se apoderan del público que no sabemos (Ay,
dios, ese terrible no saber “qué va a pasar ahora...”) qué hacer. Sientes temblar el
mundo alrededor y la sensación de impotencia es total, absoluta, negra.
Se da la orden de desalojo inmediato de la estación: en ese momento la
histeria, que no el pánico, cunde ya en el vestíbulo: gritos y carreras mientras vemos
cómo de los trenes salen apresuradamente los viajeros corriendo hacia la salida,
arrastrando sus equipajes. La alarma aumenta. En la calle, desconcierto, sirenas,
incertidumbre, gente que llora y policía que nos dice “Fuera, salgan fuera de aquí...”
Corremos hacia no sé dónde, y llegamos hasta el Ministerio de Agricultura, lo más
lejos posible del caos que comienza a ser todo el entorno de la vieja-nueva estación.
Se percibe un desastre importante: la sensación es como la de antes – o tal vez
después- de un bombardeo. La mañana es gris, fría...Luego será la más negra de la
triste historia de los atentados terroristas en nuestro país.
Encuentro mucha gente que llora de rabia, de dolor, de impotencia...
Hombres y mujeres desconcertados, tanto de la estación como del pueblo de Madrid.
Gentes que van a su trabajo, mientras las sirenas atruenan el espacio como el terrible
presagio de lo que luego vamos sabiendo...
El tráfico ferroviario está suspendido. Salgo en silencio de la "zona cero", y me dirijo poco a poco a la estación de autobuses para volver a mi casa, a Zaragoza. Tengo el estómago lleno de gatos que me lo arañan sin piedad y mis ojos enrojecidos. Estoy cansado, muy cansado.
A medio camino hacia Zaragoza, luce un espléndido sol de Primavera: esa que no verán,
por desgracia, esos cientos de gentes honradas que iban a trabajar...

M.A.Yusta. Heraldo de Aragón 12.3.2004

viernes, 6 de febrero de 2015

Decíamos ayer...

 

 

 

Esta noche contemplo la injusticia en cuarenta y dos pulgadas,

me pregunto el porqué de aquello y no obtengo respuesta.

Estoy sentado en mi sofá, cerveza y mando a distancia,

mientras la sangre, el fuego y el dolor desfilan ante de mí.

Si la rabia volara como un misil,

si no fuera todo silencio y cobardía,

si pudiéramos gritar por encima de la voz...

Pero ¿existe lo que veo o es solo una película de horror?

Esos seres humanos ¿son ciertos?

(Un avión ha amerizado sobre el Hudson

menos mal, se han salvado los ciento cincuenta ocupantes.

La CNN les ha dedicado varias horas

y se les veía felices, casi resucitados y bien cuidados.

El piloto es un héroe nacional)

Aparecen de nuevo los tanques, los niños muertos o mutilados, los padres desesperados,

los heridos sobre capós de coches viejos, No, no son últimos modelos.

Son chatarra llena de chatarra humana.

Sus heridas ¿no son acaso las nuestras?

¿No son ya suficientes su dolor, sus gritos de impotencia?

(Ha bajado la Bolsa: hoy habrán perdido bastante dinero

los bancos, los accionistas, los pequeños ahorradores

la crisis es cierta y no se sabe cómo ni cuándo puede acabar)

Los edificios de Gaza son escombros llenos de restos humanos

columnas de fuego y humo nublan el cielo.

Los aviones planean sembrando muerte.

El reportero tampoco puede entrar en el infierno.

Algún día pagaremos la factura...¿o no?

(Mañana mejora el tiempo, tal vez no haga falta ya el abrigo.

Este frío enero del dos mil nueve nos va a hacer la puñeta

Es tarde, estoy destemplado, me voy a la cama.

Me he perdido el programa de Buenafuente.

Tal vez mañana todo haya pasado...)


 (c) Miguel Ángel Yusta 2009

La necesaria vuelta del olvido


Mi reseña del libro "La risa inteligente" (Editorial Doce Robles) publicada en el suplemento Artes y Letras del Heraldo de Aragón,

que dirige Antón Castro.


 
 
Jardiel, la risa inteligente.

Autor: Enrique Gallud Jardiel

Ed. Doce Robles.
Zaragoza. 2014
237 pgs.

Calificado por César González Ruano como "el humorista más completo que nuestro siglo ha dado", admirado y denostado en la difícil época que le tocó vivir y a la que en tantos aspectos se adelantó, autor teatral, novelista, poeta, crítico, humorista, narrador, ensayista, guionista y director cinematográfico e ilustrador, Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 15 de octubre de 1901- 18 de febrero de 1952), es uno de esos fenómenos literarios que se dan muy de vez en cuando, con una privilegiada inteligencia al servicio de una obra literaria ingente.
De ascendencia aragonesa (su padre, Enrique Jardiel Agustín, era natural de Quinto) siempre estuvo muy ligado afectivamente a esta localidad aragonesa. Tardío fue el reconocimiento de Madrid al escritor; ya entrada la década de los setenta del pasado siglo se le dedicó una calle y en 2001 una placa conmemorativa en la casa donde nació en la calle llamada, hoy, de Augusto Figueroa.
El rescate de tal olvido (o al menos desconocimiento de la íntegra extensión de su actividad literaria) comienzan a realizarlo, entre otros, los trabajos de Rafael Flórez Diez, (Jardiel Poncela, Ediciones y Publicaciones Españolas, 1969), Miguel Martín ( El hombre que mató a Jardiel Poncela. Planeta, 1997) y fundamentalmente de su nieto, el filólogo Enrique Gallud Jardiel, intelectual y escritor también de dilatada trayectoria, que ha dedicado varias publicaciones a estudiar y dar a conocer la obra de su abuelo: Enrique Jardiel Poncela. La ajetreada vida de un maestro del humor (Espasa 2001), El teatro de Jardiel Poncela. El humor inverosímil (Fundamentos, 2011), Poesía completa (Hiperion, 2014),culminándolas con este extenso -e intenso- libro que nos ocupa y que nos ilustra definitiva y autorizadamente sobre la figura del escritor, aportando una amplísima documentación inédita sobre diversos aspectos, personales y literarios, del agitado devenir vital del autor.
Se inicia Jardiel. La risa inteligente, con un amplio estudio sobre el hombre: orígenes familiares, vínculos con Aragón, formación cultural, inicios como escritor, vida familiar y sentimental, viajes a Estados Unidos, rutina creativa, la Guerra Civil...hasta el relato de su enfermedad y miseria, finalizando con una cronología detallada de su vida. Son destacables multitud de anécdotas, de sucedidos, de momentos memorables de humor, de sus relaciones tan especiales con, por ejemplo, Fernando Fernán-Gómez del que recibió apoyo en su última época. También de su influencia en autores posteriores: Llopis, Álvaro de Laiglesia, Ruiz Iriarte, Neville, Mihura, Paso, Alonso Millán...
La segunda parte, se dedica a su obra: teatro, propuestas vanguardistas, novela, aportación al cine y así hasta un extenso apéndice donde se clasifica cuidadosamente toda su producción de teatro, narrativa, ensayo, guiones, traducciones, conferencias y obra inédita. Y todo ello adornado con multitud de fotografías que retratan una época y una manera de vivir que a muchos lectores podrá parecer lejana pero que no está tan distante en el tiempo. También se incluyen carteles, ilustraciones y dibujos que nos muestran el universo tan rico del escritor, del artista, del hombre que incluso pensó -adelantado a su época- en montajes escénicos inviables entonces pero asumidos hoy, actualizados, por numerosos directores de escena.
En la faceta poética aparece un autor sorprendente, con una facilidad e ingenio absolutos para el verso donde surge un Jardiel que desgrana lo mejor de su sensibilidad. Varios fragmentos de su poesía y de su obra teatral, adecuadamente intercalados en el texto del libro, nos ilustran y también nos impelen a conocer más a fondo la realidad literaria de quien, infravalorado en su época, se mostró contrario a la escena cómica previa y desarrolló con enorme ingenio un teatro basado en la lógica de lo inverosímil, con gusto por lo absurdo (Anoto, por ejemplo, una posible influencia de los Hermanos Marx, con quienes -entre otros muchos artistas de la época- tuvo contacto en Hollywood). El sarcasmo, la ironía, los personajes disparatados, las situaciones más increíbles aparecen en escena movidos inteligentemente por este escritor precursor, en cierto modo azote de su época, con un difícil sobrevivir en la España de la posguerra, a pesar de sus distinciones (en 1946 su comedia El sexo débil ha hecho gimnasia fue Premio Nacional de Teatro).
El autor, Enrique Gallud Jardiel, ha construído una obra definitiva, imprescindible para el conocimiento de la vida y obra de Enrique Jardiel Poncela y del entorno histórico y social de aquella época y por ello hay que felicitarle. Cabe hacerlo también con la editorial aragonesa Doce Robles, por la cuidada edición, hecha con verdadero mimo, arriesgando en tiempos de crisis para sacar adelante un libro que hay que recomendar muy vivamente, tanto a los conocedores de Jardiel Poncela, como a quienes se acerquen a este imprescindible autor sin demasiado conocimiento previo de su trayectoria. Seguro que se van a encontrar con una agradable sorpresa y desgranarán con creciente interés las páginas espléndidas de este libro que celebra a alguien que, entre otras muchas, muchísimas cosas (y termino con unos aforismos para dibujar una sonrisa en el lector), dijo: Cuando los inteligentes dan traspiés en la vida, ello obedece a que han supuesto en los demás su misma cantidad de inteligencia. O también: Hay dos sistemas de lograr la felicidad: uno, hacerse el idiota; otro, serlo.
MIGUEL ÁNGEL YUSTA




domingo, 1 de febrero de 2015

Félix Grande, un año.




Como los railes del tren,
son tu cariño y el mío,
uno al laíto del otro,
to seguío, tó seguío...



Recordamos estos días, entre las fechas de su nacimiento y muerte (acaba de cumplirse el primer aniversario de ésta) al poeta Félix Grande (Mérida, Badajoz, 4 de febrero de 1937 - Madrid, 30 de enero de 2014). Lo recordamos y lo añoramos con inmenso cariño porque fue un escritor excepcional y un hombre -al que tuvimos ocasión de tratar-, lleno de cercanía, afabilidad y ternura. Trabajador incansable, poeta, flamencólogo, tiene una obra muy extensa que todos podéis consultar en las innumerables referencias que existen de su fecunda trayectoria. Hoy mandamos desde este "Rincón" un abrazo a Francisca Aguirre, su viuda y Guadalupe, su hija, ambas poetas, que siguen la estela del inolvidable Félix. 

Heraldo de Aragón,  01.02.2015.

martes, 27 de enero de 2015

EL CAMINO DE TU NOMBRE

Video de un poema de "El camino de tu nombre" , realizado por Javier López Clemente:
https://www.youtube.com/watch?v=DAUZaVxyMbM&feature=youtu.be

Y también en el blog de mi buena amiga Marta Navarro:
https://entrenomadas.wordpress.com/2012/01/07/el-camino-de-tu-nombre-de-miguel-angel-yusta/



Foto: Mayusta (c)

domingo, 11 de enero de 2015

De silencio y luz



El profesor, escritor y poeta Joaquín Sánchez Vallés, prologa mi nuevo poemario  De silencio y luz.



 
PRÓLOGO
De silencio y luz, de Miguel Ángel Yusta, se nos ofrece como un libro del amor y sobre el amor. Ante todo, me gustaría deshacer el posible equívoco que encierra su título, que parece obedecer a una antítesis en que el silencio (lo negativo) se opondría a la luz (lo positivo). En realidad, no hay tal: la inmensa mayoría de los poemas nos hablan de un amor logrado, conseguido, gozado y placentero. El silencio y la luz son dos formas del amor. El silencio que permite a los amantes disfrutarse plenamente y la luz que surge de ellos al cumplirse el amor. Por si aún quedara alguna duda, el mismo poeta la despeja cuando reduce los dos términos a uno en el verso “es tu silencio luz”, donde se identifican los dos términos de la paradoja.
Acabo de decir que se trata de un libro del amor gozoso y placentero. Y habría que añadir: del amor en toda su carnalidad. Lo que Miguel Ángel Yusta canta en estos Poemas de silencio… es el beso, la caricia, el abrazo y, naturalmente, la unión de los cuerpos, el placer físico, el “amor en carne viva”, “los supremos instantes de la entrega”, “...dulces sábanas/ que arropaban los cuerpos generosos”, “la humedad desnuda de los cuerpos”, en palabras del propio poeta.

Lo que sí conviene señalar inmediatamente es el lirismo, la expresión elegante, el lenguaje refinado con que Miguel Ángel Yusta sabe manifestar este contenido. La justa y precisa utilización de metáforas e imágenes, en su mayoría tomadas de la naturaleza, hacen de la materia erótica un ejercicio de sensibilidad: “He inundado tus valles agitados/ en la penumbra cierta de la noche”, “el centinela lienzo de lo oscuro”, “el jazmín de tu pecho”, “súrcame de silencio en la mañana”, y tantas otras imágenes que vienen a demostrar que Miguel Ángel Yusta es un gran poeta. Y es un gran poeta también por el perfecto uso que hace del verso: hay un predominio de heptasílabos y endecasílabos como material con que construye estos versos blancos, con los acentos colocados donde se debe para crear la musicalidad clara que inunda cada poema, que hace que cada poema fluya con naturalidad y justeza, sin que sobre ni falte nada, hasta el verso final, ese remate en que un poeta se juega buena parte de la emoción que un poema debe transmitir. Y no cabe duda de que Miguel Ángel Yusta gana siempre en ese juego. Estos tres elementos (imágenes apropiadas y sugerentes, musicalidad del verso y justeza en el remate) son la piedra de toque de un verdadero poeta. Y Miguel Ángel Yusta lo es, logrando el resultado que se espera de un poeta verdadero: la emoción.

Es imposible leer estos poemas y no emocionarse, no sentir el latido que ese amor expresa, de aceptarlo como auténtico.
Dentro de las imágenes que predominan en Poemas de silencio…, destaca por su abundancia la de la noche, cosa que sí que puede sorprender en un poemario que tiene la luz en su título. Pero ya he dicho que esa luz es muchas veces la luz creada por el amor de los cuerpos, como en la noche de San Juan de la Cruz la luz era la del alma hacia Dios: “sin otra luz ni guía/ sino la que en el corazón ardía”. No es extraño que la noche sea una de las notas dominantes de estos poemas: es la noche que une a los cuerpos (“¡oh noche que juntaste!”, seguiríamos diciendo con San Juan), la noche cómplice y propicia en la que se cumple el amor. No extrañen estas alusiones a San Juan de la Cruz a que me he atrevido, pues en este amor carnal que Miguel Ángel Yusta nos presenta hay una agitación de la naturaleza, una transformación del mundo, de tal modo que parece alcanzar cumbres místicas. ¿Y la luz? La luz en la noche puede ser la de la luna: “Tiéntame, madre luna (…) para que pueda amar por fin del todo”, “Hazme tu rayo, luna,/ para abrir sus entrañas”. Pero lo más habitual es que la luz sea el resultado del amor: tras la noche, amanece; tras el amor, viene la luz a iluminar los cuerpos que se han amado.

A lo largo de todo el poemario prevalecen estos poemas de exaltación y gozo amoroso, aunque no falta alguno que aluda a la ausencia del ser amado: “Se borrará tu huella/ y yo me quedaré deshabitado./ Solo”. Estas notas negativas se acentúan en la IV parte, “Final”, donde aparece el otoño con “sus cuchillos”, noviembre "como un fantasma gris", diciembre “lleno de nostalgia”, hasta culminar en el último poema, cuando la noche, que hasta entonces hemos visto como acogedor lecho de los amantes, se convierte en “horas lentas de silencio erguido”. Este último poema cierra el libro con una nota de angustia, con la que el poeta se debate intentando salir lo más indemne posible: “regateo con las últimas raíces del dolor/ para que no puedan matarme de nuevo…”. Aquí es donde podemos considerar que el título De silencio y luz se revela como verdadera antítesis, prevaleciendo el silencio sobre la luz que ha iluminado prácticamente todo el libro.

JOAQUÍN SÁNCHEZ VALLÉS
Zaragoza, abril de 2013


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Juan Diego Flórez

Os recomiendo el video del "Ave María". Juan Diego es, hoy, el primer tenor lírico ligero del mundo. Todo un placer escucharle...
Y pinchad en Youtube su versión de "Júrame".
Para soñar, amigos...