Datos personales
- Miguel Ángel Yusta.
- Fotos de portada:Columna Villarroya 2010. Maica Rivera 2018. Todos los contenidos registrados.
viernes, 30 de marzo de 2018
Luz...
entre el ramaje
trenza el sol con el viento
sones de luz
...................................Mayusta. Pavesas, 2012
Imagen:Mayusta (c)
jueves, 29 de marzo de 2018
jueves, 15 de febrero de 2018
AYER FUE SOMBRA: Aquella vieja radio.
Antes de ser una avenida,
Tenor Fleta tenía una zanja
[por donde el tren
cruzaba Zaragoza.
Existían pequeñas
parcelas y casas muy modestas
como aquella en la que yo
vivía.
Por las noches retemblaba
mi habitación cuando
[pasaban los expresos
y yo, insomne, soñaba
viajes en coche cama con cenas de ensueño
[en el vagón
restaurante.
Mientras, Alberto Oliveras
nos decía que éramos formidables
desde una radio que aún
conservo, vieja y callada hace decenios.
Le falta alguna pieza,
como a mí media vida,
pero aún vive en silencio
y, ahora, tiene calefacción central
[y aire
acondicionado.
Mas siempre no fue amable
esta radio vieja y silenciosa,
sobre todo cuando el padre
Peyton desgranaba su rosario en familia
y el dictador de la voz de
pito y el alma de piedra gritaba sus arengas.
Doroteo Martí hacía
llorar a mi madre con maldades noveladas
y Pepe Iglesias el Zorro
cantaba su cancioncilla intrascendente
mientras yo pretendía
resolver el teorema de Pitágoras
[en papeles usados:
“La suma de los
cuadrados de los catetos es igual a...”
En aquel colegio de
bombillas sucias y niños con miedo
el hermano Julio me había
intentado meter mano
(me quería mucho el
hermano Julio, pero yo siempre
[salía temeroso;
me susurraba al oído
cosas que por fortuna no recuerdo.)
Por la noche, la radio
encendía sus ojitos y sé que nos veía
cuando mi padre regresaba
cansado de golpear el viento
y mi madre desenvolvía el
papel de estraza de la cena;
yo le guiñaba entonces un
ojo a mi radio, vieja compañera
[de aquellos días en
penumbra
donde soñaba viajes en
expresos de sillones lujosos
[como los de los
filmes
y le daba las gracias por
animarnos a vivir.
(Miguel Ángel Yusta. "Ayer fue sombra". 2ª Ed. Lastura Edcs. 2017)
(Miguel Ángel Yusta. "Ayer fue sombra". 2ª Ed. Lastura Edcs. 2017)
miércoles, 14 de febrero de 2018
Paseo lentamente por el Lido,
una tarde guardada en la memoria.
Las horas sosegadas
retrasan su camino hacia la noche.
retrasan su camino hacia la noche.
Se apaciguan los pasos.
Revive el Adagietto de Mahler en el
alma
fundido con la luz y aquella espuma
inatrapable y suave de las olas.
Es tanta la belleza que mis lágrimas,
al ocaso, se funden con el mar.
M.A.Yusta (c) (R) Texto y foto. "Huellas" 2019
martes, 30 de enero de 2018
Cuatro Haykus
sobre las ramas
balanceo de pájaros
canción de tarde
música suave
Beethoven en el piano
horas de luz
calma en la mar
espuma de las olas
caricia azul
inmóvil piedra
sin posibilidades
de palpitar
(R) (C) Mayusta
viernes, 24 de noviembre de 2017
jueves, 2 de noviembre de 2017
"Ayer fue sombra", sigue caminando
Nueva reseña, del escritor y periodista VALENTÍN MARTÍN.
YUSTA CONTRA ORTEGA, CONTRA FRANCO Y CON MARISA
Miguel Ángel Yusta viene del tiempo de los candiles, como yo. Se ha enamorado en el cine de las mujeres malas, como
yo. Y ahora que por fin hemos aprendido a distinguir el día y la noche,
cuando menos nos importa, hemos acabado lo dos en feisbu. Qué cosas.
Acabo de leer su libro “Ayer fue sombra”, publicado por LASTURA, y me he visto. Con la vejez no te llega necesariamente la presbicia, sino que si andas bien de memoria tienes a tu alcance la lucidez del pasado tal como fue y no como nos lo contaron en la escuela.
Hay una diferencia -no sé si grande o pequeña- entre Miguel Ángel y yo. Bueno, a decir verdad hay bastantes diferencias formales que si nos escarbas, desaparecen. Pero a la vista están: él tiene nombre de poeta y yo de metalúrgico; él es de capital y yo de pueblo; él tuvo radio de chico y yo no.
Y no sé si tuvo tantos rumores de viento a su alrededor como yo. A falta de radio, a falta de hermanos con quien jugar, yo me subía al sobrao que es como llamábamos en el pueblo a los desvanes. Y allí, entre los chorizos de la matanza que colgaban del techo, abría los cajones llenos de libros del abuelo Faco, al que nunca conocí porque se murió muy joven de tanto caldo de gallina dentro del papel de fumar.
Así que mientras los de la capital leían “Pulgarcito”, yo me sabía de memoria “La Malquerida”. En pleno nacionalcatolicismo, en un pueblo a quinientos kilómetros de la vida, los hijos de noche y hombre a los 7 años ya nos codeábamos con Benavente.
Ser de pueblo tiene sus ventajas. La primera, sentirte libre. Otra, no asombrarse por nada. (Por ejemplo, mi abuelo Faco, que estuvo mucho tiempo cojo por un exceso de inteligencia. La primera vez que lo conté en el Ateneo de Madrid con Agustín García Calvo como testigo, todos me miraron raro. En el pueblo nadie se paró a considerar la cojera del abuelo Faco).
Ser de pueblo te obligaba a algunas costumbres que ni podías ni debías saltarte.
Si las campanas doblaban a muerto, todos nos parábamos un instante y nos santiguábamos. Estuviésemos en la cocina, en la botica, en la calle, en las besanas, no suprimías nunca ese gesto. Luego ya habría ocasión de preguntar quién era el muerto. Al muerto le debíamos ese minuto de quietud, lo de santiguarse es por si nos veía la guardia civil.
¿Qué tiene que ver todo esto con “Ayer fue sombra” de Miguel Ángel Yusta? Pues mucho. O todo. Lo mío y lo que él dice en sus poemas es lo mismo, dos vidas que ya se ha visto no fueron paralelas sino casi gemelares con trajes diferentes. Qué bien cuenta Yusta aquellos abismos, donde parece que no ocurría nada y ocurría todo: la asfixia.
El libro empieza dándome la razón, ya veis que no hablo de oído. Contradice a Ortega y Gasset cuando afirmaba que no hay que mezclar la poesía y la vida. Miguel Ángel Yusta lo hace en “Ayer fue sombra” y resulta que son lo mismo.
El poemario de Yusta es genuinamente costumbrista. Pero también es una bomba de relojería. Porque a un dictador que escribe con sangre y hambre la historia no le importa si le hacen cardenal o no, lo que no quiere es que se sepa su condición de cabronazo. Y Miguel Ángel Yusta en “Ayer fue sombra” delata tantas muertes gratis y grises, tanta suma de miedos y tristezas, que parece que un escuadrón furtivo vestido de inviernos hubiesen invadido todas las aldeas hasta acabar con la posibilidad blanca de la risa.
En “Ayer fue sombra” hay una avanzadilla que se llama Marisa Peña. O sea, una miliciana. Porque nos han mentido tanto en este país (y lo siguen haciendo) que nos han hecho creer que una miliciana es Ana Belén con escopeta. Qué memez.
Cuando Marwan vendió 25.000 ejemplares de un libro de poemas que forraba el escaparate de la librería más grande de Madrid, en plena Gran Vía, el palestino de Aluche se encargó de rebajarme la euforia. “No hay que engañarse -dijo- yo vendo libros de poesía porque soy músico”.
Tal vez tenga razón en cuanto a la difusión, pero que no se engañe él tampoco porque este país se salva por las jóvenes Marisa Peña o nos vamos todos definitivamente a la mierda. Que existan Yustas que den testimonio de los candiles de antaño parece natural, aunque la ley del silencio o la indiferencia sigan siendo más cómodas.
La esperanza vuelve a nacer cuando te enteras de que dejas a tus nietos cada mañana en las Marisa Peña, que saben que los dejamos en sus manos como sus hijos.
Marisa Peña se asoma a “Ayer fue sombra” para decir que existe y que lo sabe. Y entonces la memoria parece a salvo y más grande, anuncia una mañana, un abrazo satisfecho, y muchas ganas de volar.
Y cierro esta epístola con el mismo nombre que lo empecé: Ortega. Fue un referente moral y a mí me repugnan los referentes morales. Tal vez sabía enseñar a vivir, lo que nunca supo es que nadie tiene derecho a ejercer esa tiranía -aunque sea benigna- sobre los demás. Echó a un rey que se llevó 1.000 millones de pesetas de las de entonces, y no se paró en barras pretendiendo dirigir la conducta republicana, en aquella España de toreros y poetas.
Y lo peor de todo: cuando le invitaron a condenar el golpe de Estado de Franco, se negó. Y huyó.
Lo mejor: que tuvo un hijo fundador de “El País”, un gran periódico hasta que cayó en el catolicismo de Soraya para salvarse de los bancos y su inquisición.
(Tampoco es desdeñable que Ortega y Gasset, tan viajado, tuviese una nuera francesa que cocinaba muy bien).
Acabo de leer su libro “Ayer fue sombra”, publicado por LASTURA, y me he visto. Con la vejez no te llega necesariamente la presbicia, sino que si andas bien de memoria tienes a tu alcance la lucidez del pasado tal como fue y no como nos lo contaron en la escuela.
Hay una diferencia -no sé si grande o pequeña- entre Miguel Ángel y yo. Bueno, a decir verdad hay bastantes diferencias formales que si nos escarbas, desaparecen. Pero a la vista están: él tiene nombre de poeta y yo de metalúrgico; él es de capital y yo de pueblo; él tuvo radio de chico y yo no.
Y no sé si tuvo tantos rumores de viento a su alrededor como yo. A falta de radio, a falta de hermanos con quien jugar, yo me subía al sobrao que es como llamábamos en el pueblo a los desvanes. Y allí, entre los chorizos de la matanza que colgaban del techo, abría los cajones llenos de libros del abuelo Faco, al que nunca conocí porque se murió muy joven de tanto caldo de gallina dentro del papel de fumar.
Así que mientras los de la capital leían “Pulgarcito”, yo me sabía de memoria “La Malquerida”. En pleno nacionalcatolicismo, en un pueblo a quinientos kilómetros de la vida, los hijos de noche y hombre a los 7 años ya nos codeábamos con Benavente.
Ser de pueblo tiene sus ventajas. La primera, sentirte libre. Otra, no asombrarse por nada. (Por ejemplo, mi abuelo Faco, que estuvo mucho tiempo cojo por un exceso de inteligencia. La primera vez que lo conté en el Ateneo de Madrid con Agustín García Calvo como testigo, todos me miraron raro. En el pueblo nadie se paró a considerar la cojera del abuelo Faco).
Ser de pueblo te obligaba a algunas costumbres que ni podías ni debías saltarte.
Si las campanas doblaban a muerto, todos nos parábamos un instante y nos santiguábamos. Estuviésemos en la cocina, en la botica, en la calle, en las besanas, no suprimías nunca ese gesto. Luego ya habría ocasión de preguntar quién era el muerto. Al muerto le debíamos ese minuto de quietud, lo de santiguarse es por si nos veía la guardia civil.
¿Qué tiene que ver todo esto con “Ayer fue sombra” de Miguel Ángel Yusta? Pues mucho. O todo. Lo mío y lo que él dice en sus poemas es lo mismo, dos vidas que ya se ha visto no fueron paralelas sino casi gemelares con trajes diferentes. Qué bien cuenta Yusta aquellos abismos, donde parece que no ocurría nada y ocurría todo: la asfixia.
El libro empieza dándome la razón, ya veis que no hablo de oído. Contradice a Ortega y Gasset cuando afirmaba que no hay que mezclar la poesía y la vida. Miguel Ángel Yusta lo hace en “Ayer fue sombra” y resulta que son lo mismo.
El poemario de Yusta es genuinamente costumbrista. Pero también es una bomba de relojería. Porque a un dictador que escribe con sangre y hambre la historia no le importa si le hacen cardenal o no, lo que no quiere es que se sepa su condición de cabronazo. Y Miguel Ángel Yusta en “Ayer fue sombra” delata tantas muertes gratis y grises, tanta suma de miedos y tristezas, que parece que un escuadrón furtivo vestido de inviernos hubiesen invadido todas las aldeas hasta acabar con la posibilidad blanca de la risa.
En “Ayer fue sombra” hay una avanzadilla que se llama Marisa Peña. O sea, una miliciana. Porque nos han mentido tanto en este país (y lo siguen haciendo) que nos han hecho creer que una miliciana es Ana Belén con escopeta. Qué memez.
Cuando Marwan vendió 25.000 ejemplares de un libro de poemas que forraba el escaparate de la librería más grande de Madrid, en plena Gran Vía, el palestino de Aluche se encargó de rebajarme la euforia. “No hay que engañarse -dijo- yo vendo libros de poesía porque soy músico”.
Tal vez tenga razón en cuanto a la difusión, pero que no se engañe él tampoco porque este país se salva por las jóvenes Marisa Peña o nos vamos todos definitivamente a la mierda. Que existan Yustas que den testimonio de los candiles de antaño parece natural, aunque la ley del silencio o la indiferencia sigan siendo más cómodas.
La esperanza vuelve a nacer cuando te enteras de que dejas a tus nietos cada mañana en las Marisa Peña, que saben que los dejamos en sus manos como sus hijos.
Marisa Peña se asoma a “Ayer fue sombra” para decir que existe y que lo sabe. Y entonces la memoria parece a salvo y más grande, anuncia una mañana, un abrazo satisfecho, y muchas ganas de volar.
Y cierro esta epístola con el mismo nombre que lo empecé: Ortega. Fue un referente moral y a mí me repugnan los referentes morales. Tal vez sabía enseñar a vivir, lo que nunca supo es que nadie tiene derecho a ejercer esa tiranía -aunque sea benigna- sobre los demás. Echó a un rey que se llevó 1.000 millones de pesetas de las de entonces, y no se paró en barras pretendiendo dirigir la conducta republicana, en aquella España de toreros y poetas.
Y lo peor de todo: cuando le invitaron a condenar el golpe de Estado de Franco, se negó. Y huyó.
Lo mejor: que tuvo un hijo fundador de “El País”, un gran periódico hasta que cayó en el catolicismo de Soraya para salvarse de los bancos y su inquisición.
(Tampoco es desdeñable que Ortega y Gasset, tan viajado, tuviese una nuera francesa que cocinaba muy bien).
domingo, 27 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
Hace cuatro años (poemas de "Amar y callar" , 2013)
Hace cuatro años, Antón Castro publicaba en su página estos poemas míos. Los traigo al blog con mi recuerdo y agradecimiento...
MIGUEL ÁNGEL YUSTA: TRES POEMAS DE AMOR Y FANTASÍA
[El poeta y enamorado de la jota y de la ópera Miguel Ángel Yusta acaba de publicar un nuevo poemario: 'Amar y callar', (2013) de evidente homenaje a José Antonio Labordeta. Esta preciosa foto es de Ruth Orkin y está tomada en 1950.]
SI PUDIERA NOMBRARTE
y penetrar el cielo con tu nombre
y que el cielo, asombrado,
lo convirtiera en luz
y que la luz se adueñara del tiempo
y que el tiempo parase nuestras vidas
definitivamente,
mi voz te llamaría cada instante.
Si fuera dueño de tu nombre, amor,
y tuviera el poder de demorarme
en esa red de nardos y jazmines,
lo alojaría dentro de mi pecho
para que nunca nadie pudiera descubrirlo
y lo pronunciaría,
deshaciendo las letras,
en oración de amor definitiva.
EL OTOÑO ES UN TIGRE AGAZAPADO
que dibuja silencios en la sombra.
Se clava en el abismo
que conduce a la cueva del invierno.
Yo entonces finjo arrojo,
me deshago del viento y de su piel,
y lleno de palabras
me lanzo a navegar contra corriente.
Dejo que mis poemas
se pierdan río abajo
donde es cierta la huella de la luz.
HAS DESLIZADO UN BESO EN MIS OÍDOS
como última nota de tu música.
Permaneces desconocida en mí
con el silencio de tu cuerpo en sombra.
Callan mis labios la palabra herida,
temerosa de ti.
La música de ayer me sabe a llanto,
pero yo amo esas lágrimas
en los residuos del amanecer,
cuando la luz desnuda los recuerdos
y sólo queda ya vivo el olvido.
Si dejas que me vaya
sin que pueda escuchar tu melodía,
si tu pasión ha muerto,
créeme, estoy seguro,
ninguna mano arrancará tus notas.
martes, 18 de julio de 2017
Entonces...
ENTONCES...
No entendimos jamás el
porqué
de los densos y largos
silencios.
De tantas miradas apagadas
por el dolor,
por el recuerdo del pasado
innombrable.
No entendimos, niños de
la posguerra,
por qué éramos distintos
a los niños de las
películas americanas,
felices y sonrientes
en aquellas casas con
amplias cocinas,
teléfonos blancos,
mamás rubias y jóvenes
que conducían coches,
-tan largos y brillantes
aquellos grandes coches-,
y siempre estaban hablando
por teléfono
mientras nosotros
crecíamos despacio
en aquellos cines de
sesión continua.
No comprendimos nada del
motivo
de tantos padrenuestros y
sopapos,
de luces mortecinas y
madres envejecidas
cansadas de intentar
comidas imposibles
en aquellas modestas
cocinas de carbón.
Llenaban nuestras vidas
los sonidos
de los viejos tranvías
renqueantes
que por aquel entonces nos
llevaban
hacia la periferia de una
ciudad sin nombre.
Pero aún rememoramos el
olor a pobreza
llenando las miradas de
gentes sin futuro
y la espera del padre
abatido y callado
que un día, un solo día,
llegó a casa ebrio de
desesperación.
No. No entendimos nada.
Mas sí recordaremos por
siempre cada hora
en que pudimos haber sido
felices
pero no nos dejaron
ni siquera la sombra de
nuestra libertad.
Miguel Ángel Yusta: Ayer fue sombra. Lastura, 2017.
sábado, 20 de mayo de 2017
Ayer fue sombra. Edición 2017
La segunda edición ampliada, editada por LASTURA, a la venta en la web (http://lastura.es/?product=ayer-fue-sombra) , librerías y Ferias del Libro de Toledo, Zaragoza y Madrid 2017
https://www.youtube.com/watch?v=zTKvwaHCGOI
https://www.youtube.com/watch?v=zTKvwaHCGOI
sábado, 15 de abril de 2017
sábado, 1 de abril de 2017
viernes, 17 de marzo de 2017
En "Andalán" hace dos años...
De la mano del profesor Eloy Fernández Clamente:
http://www.andalan.es/?p=8943
http://www.andalan.es/?p=8943
lunes, 13 de marzo de 2017
Entrevista de Antón Castro.
Entrevista de Antón Castro.
"Miguel Ángel Yusta: tres libros de poesía, amor, radio y memoria"
http://antoncastro.blogia.com/2017/031102-miguel-angel-yusta-tres-libros-de-poesia.-amor-radio-y-memoria.php
"Miguel Ángel Yusta: tres libros de poesía, amor, radio y memoria"
http://antoncastro.blogia.com/2017/031102-miguel-angel-yusta-tres-libros-de-poesia.-amor-radio-y-memoria.php
martes, 21 de febrero de 2017
martes, 14 de febrero de 2017
Ayer fue sombra, por Francisco Caro.
Una entrada en el prestigioso blog de Francisco Caro que incluye un poema de "Ayer fue sombra"
http://mientraslaluz.blogspot.com.es/2017/02/un-poema-de-miguel-angel-yusta-trenes.html?spref=fb
http://mientraslaluz.blogspot.com.es/2017/02/un-poema-de-miguel-angel-yusta-trenes.html?spref=fb
lunes, 13 de febrero de 2017
Ayer fue sombra por Manuel López Azorín
El poeta Manuel López Azorín, reseña AYER FUE SOMBRA.(Segunda edición ampliada. Ed. LASTURA, 2017)
http://manuellopezazorin.blogspot.com.es/2017/02/miguel-angel-yusta-ayer-fue-sombra.html?spref=fb
http://manuellopezazorin.blogspot.com.es/2017/02/miguel-angel-yusta-ayer-fue-sombra.html?spref=fb
domingo, 12 de febrero de 2017
LA SOLEDAD DEL NADADOR FORZOSO
Cada mañana, a la hora en punto,
haga frío o calor allí se encuentra,
con las gafas, el gorro y la toalla,
nadador en la nada.
Luchador con el tiempo y el destino,
brazada tras brazada, treinta largos.
El agua está climatizada, dicen,
el nadador, a solas, reflexiona
mientras también a solas hiende el agua.
Uno tras otro, lleva ya seis largos;
a veces no respira, a ver qué ocurre;
otras piensa en dejarse llevar, tranquilamente,
hasta el fondo absoluto
de ese mar de salón deshabitado.
Hace frío en las calles, es noviembre,
pero el agua es de playa de verano
y el nadador forzoso nada sólo,
nadador de la nada hacia la nada.
Ya lleva doce largos y sigue sin parar.
Un día no estará, mas nadie tendrá en cuenta
que el nadador no ha llegado a la hora
y que quizás no venga nunca más.
Nadie preguntará qué fue del hombre
que nadaba en silencio.
Tal vez esté en las aguas de otros mares
-donde no existe el hielo de las horas
ni las incertidumbres del mañana-
cansado de nadar contracorriente.
-------------------------------------------De "Des-Concierto". 2016
sábado, 21 de enero de 2017
"Ayer fue sombra" en El Periódico de Aragón
Reseña publicada en "El Periódico de Aragón" por Roberto Miranda, a propósito de la I Edición de Ayer fue Sombra.
martes, 17 de enero de 2017
Jorge Cortés, reseña "Ayer fue sombra"
Mi lectura de “Ayer fue sombra” de Miguel Ángel Yusta. Primer Premio de la VI Edición del Premio de Poesía Delegación del Gobierno de Aragón-Cajalón. Editorial Aqua. Zaragoza, 2010.
(relatar en verso: para que se
sepa)
0.-
Demasiadas evocaciones (cercanía generacional) en estos emotivos
quince poemas me han hecho retroceder a la espesura, borrosa, de la
infancia (quizás porque, borraduras aparte, mis miradas decisivas
surgieron entonces y ya han crecido conmigo).
1.-
Aquellos días en penumbra, de un tiempo con
olor a pobreza y
frío, un frío imperial, un frío asomado invierno a invierno: frío
calándose a traición.
El poeta lo narra en verso. Y esto, eso, sólo lo puede contar (buen
poeta, claro está), quien recorrió aquel laberinto que aún
resuena. ¿Sombra escasa y vacilante?: pues no: memoria de la sombra.
Adelante.
2.-
También hijo de los que hicieron (padecieron) la guerra incivil:
pero unos, pocos, (la) ganaron; a bastantes los exterminaron o
mortificaron; a la inmensa, inmensísima, mayoría, la acallaron o
callóse. Hijo, pues, de una
noche de serpientes negras y lunas enrojecidas
en años duros de
soledades grises.
Tiempo rancio y avinagrado, donde
quedaba sólo la humana dignidad de aquellos hombres y mujeres / que
nos dieron calor de corazón.
Que se sepa.
3.-
Veracidad vocativa: la escalera mecánica del Sepu; el Bazar X (un
escaparate para soñar) y sus
preciosos, inalcanzables trenes eléctricos y
bicicletas que sólo
poseían niños desconocidos / a los que no podíamos pedírselas
prestadas. Por eso
mismo, una tarde navideña, una mirada frustrada, todavía de
Preparatorio, se conjuró (qué ingenuo) con rabia contra la
injusticia esencial, la persistente injusticia esencial.
4.-
Liviano esfuerzo de memoria: un orden que cortaba el aliento: el
dictador de la voz de pito y el alma de piedra:
educación nacional-católica: niños
con miedo: hasta con
miedo a ser libres.
Filas formadas: silencios de plomo, brutales. Para que lo sepa de una
vez quien lo tenga que entender: una generación y media en las que
muchos hombrecillos fueron adiestrados en el sufrimiento, sin hipos
ni lamentos: palizas, sopapos
y rosarios:
demasiados hematomas afectivos. Qué maravilla fue descubrir, después
(aunque con duraderas secuelas), libremente, la ternura; compartirla
con esa mujer que era(n) una geografía prohibida.
5.-
Asomado a la oscuridad repetitiva y nueva en las salas de
sesión continua y acomodadores malhumorados:
aturdido
adolescente (de niño ansió
un descapotable blanco)
en tardes piroleras (al cine, al cine: cabalgando
en sueños de viejo blanco y negro):
escapábamos de la
clase de religión y de la de formación del espíritu nacional, y,
todavía, se obstina en convocar a la (su) sensual Gloria Grahame:
jamás me atrajo tanto
ninguna otra mujer,
con ella se paraba el
tiempo, e imaginaba
una noche con ella.
6.-
El recuerdo tiene sus propios resortes y el poeta (memoria
autobiográfica), ordena experiencias: gestos y ecos: los reescribe
con perspectiva: la
radio, con voces y
apellidos, encendía
sus ojitos y a la que
le daba las gracias
por animarnos a vivir: y
el poeta no escribe de oído:
rosario (más)
en familia. El
ajetreo febril en
la cocina, haciendo
los deberes con manos ateridas,
centro de reunión familiar, intentando
avivar el hornillo. Paredes
encaladas y una madre
se afana calentando
la leche con carbón vegetal / mientras contiene a solas el rumor de
sus lágrimas. La
madre, la madre. También la necesidad fue(es) la madre de los
milagros.
7.-
Amigo viajero (qué otra cosa es leer), en este momento tú te
vuelves porque él ha vuelto a entrar. Lo perdido para siempre y que
no se ha perdido en su memoria. Tenor
Fleta tenía una zanja / por donde el tren cruzaba Zaragoza;
allí, la modesta casa, donde mi
padre regresaba cansado de golpear el viento / y mi madre desenvolvía
el papel de estraza de la cena.
Unos años, por fin
pasados, de los que recordamos / a los silenciosos héroes que
permitieron este presente.
Inútil exagerar, porque aquel tiempo redundaba en (con) abuso.
8.-
París es recurrente para el poeta (en un poemario anterior fue
monotemático). Aquí es (fue) la
libertad de vivir sin permiso. Su
querido París donde
se abrió la vida, / los besos y los senos de mujeres soñadas, / las
orillas del Sena llevándose la mugre / acumulada en años de
tinieblas. Pero no
(se) engaña, no hay metamorfosis chillona (impostura): Y
en ese punto justo o no pude o no supe / hacer, sencillamente, mi
gran revolución / y me hicieron discípulo del convencionalismo.
9.-
Su poesía está a la altura de quien se sincera: Me
sigo preguntando, a través de los años, / quien tuvo derecho a
robarnos tantas primaveras, / quien prohibió, hasta asfixiarnos,
cuanto nos ilusionaba.
Rezo elocuente por el
viejo amigo de nuestra adolescencia
y, prudentemente,
solicita: Ábrele
el Infinito, Señor. / Que pase con su equipaje de gozo y
sufrimientos / y siéntalo a tu lado por si puede vivir / la esperada
realidad de sus sueños.
10.-
Reparo en la belleza de la recapitulación. 1) Nos
arrastrábamos lentos en el tiempo / mientras las ilusiones estaban
muertas y enterradas. 2)
Ni siquiera acudía la luna / para animar el dudoso festín / de los
largos silencios nocturnos. 3)
Fue sombra ayer / pero
en las horas de las largas noches / durmió el poema hasta llegar la
aurora. 4) Reniego
de quienes dejaron sin flores tantos jardines / y, en cambio, nos
prohibieron pisar el césped.
11.-
Poética acuñada, cultivada, tangible, respirada desde un bien
custodiado manantial (universo personal). Posible que se escriba para
ver, pero él es consciente de la modificación de la imagen tras
escribirla: Me
pregunto si fue real o un sueño, / si las calles eran tan oscuras y
silenciosas, / si existían las quinielas a peseta.
12.- Sabiéndose tal cual: Mas, ahora, aquí estoy, / después de tantos años. Interrogándose en la soledad de mi cuarto por los días que perdí, de por qué tuvimos que precipitarnos al vacío / y descubrir la luz a través del sufrimiento. Y hoy, busco todavía las respuestas / en el ocaso suave de mis días. ¿Quizás la fractura que no ha podido restituirse y se vale de la poesía para rellenar ese vacío?
13.-
Finaliza: Vienen,
al fin, los días de la luz…
Silencio. El lector escéptico se calla.
14.-
Elijo la escritura que contagia vida. En poesía, que estrofas, ritmo
y composición sean un recorrido libre e impuesto, sin fugas, sin
eclipses. Me identifico con la escritura que ha mirado, arada
silenciosamente (el
silencio y la distancia alimentan serenos la memoria)
y que las palabras (sus representaciones) nos reposen ecos,
resonancias paralelas, emoción. Es el caso de este poeta que sabe
buscar y decantar espléndidamente las palabras. Para celebrarlo. Mi
enhorabuena.
Jorge
Cortés
Mayo,
2010
sábado, 3 de diciembre de 2016
Existe un mar...
Existe un mar sin brumas ni tinieblas,
vacío de memoria,
donde las olas cantan el olvido.
Las obras incompletas de una vida
reposan apacibles
en el oscuro fondo del silencio.
Esperan algún día la luz renovadora,
la magia que las toque y las despierte.
Mientras, huye la tarde.
(De "Amar y callar", Ed.Sabara, recogido en la antología "20+1 Poemas" de Ed. Lastura)
viernes, 18 de noviembre de 2016
La soledad del nadador forzoso.
Cada mañana, a la hora en punto,
haga frío o calor allí se encuentra,
con las gafas, el gorro y la toalla,
nadador en la nada.
Luchador con el tiempo y el destino,
brazada tras brazada, treinta largos.
El agua está climatizada, dicen,
el nadador, a solas, reflexiona
mientras también a solas hiende el agua.
Uno tras otro, lleva ya seis largos;
a veces no respira, a ver qué ocurre;
otras piensa en dejarse llevar, tranquilamente,
hasta el fondo absoluto
de ese mar de salón deshabitado.
Hace frío en las calles, es noviembre,
pero el agua es de playa de verano
y el nadador forzoso nada sólo,
nadador de la nada hacia la nada.
Ya lleva doce largos y sigue sin parar.
Un día no estará, mas nadie tendrá en cuenta
que el nadador no ha llegado a la hora
y que quizás no venga nunca más.
Nadie preguntará qué fue del hombre
que nadaba en silencio.
Tal vez esté en las aguas de otros mares
-donde no existe el hielo de las horas
ni las incertidumbres del mañana-
cansado de nadar contracorriente.
Del poemario :"Des-Concierto "
(c) Mayusta 2016
Reseña de Laura Gómez Recas en:
http://lagosavari.blogspot.com/2018/01/el-buen-orden-resena-de-des-concierto.html
martes, 8 de noviembre de 2016
sábado, 5 de noviembre de 2016
De silencio y luz (Lastura Edcs.) , visto por Fernando Aínsa
Recordando un hermoso texto del ensayista y poeta Fernando Aínsa, que aparece en su blog.
http://enlamarcha.fernandoainsa.com/2016/11/03/miguel-angel-yusta-sigue-enamorado/
Por Fernando Aínsa.
Miguel Ángel Yusta sigue enamorado. Hace de su última obra –DE SILENCIO Y LUZ (Lastura, 2015)– un nuevo y arriesgado inventario de felices imágenes sobre el tema, el que abordara con pasión en AMAR Y CALLAR (Sabara, 2013) y en la generosa panoplia metafórica de SENDEROS DE AMOR Y OLVIDO (Unalune ediciones, 2008). Y lo hace, aunque guarde siempre la perspectiva de escribir distanciado en el tiempo del instante jubiloso de la explosión amorosa, cuando “ya no quema el fuego que en las ingles/ aquel remoto mar dejó al marcharse”, como cita en el epígrafe inicial de Vicente Aleixandre.
No hay que llamarse a engaño. Enamorado, sí, pero capaz de ver proyectado desde un presente de reflexión y melancólica evocación esas “pasiones violentas/ que duermen con los años/ en los anaqueles del recuerdo”. Una distancia en el tiempo que le permite desde el inicio del poemario comprender que “después vendrá lo oscuro,/ se borrará tu huella/ y yo me quedaré deshabitado./ Solo.” Una soledad que vaga errabunda “bajo la lluvia”, después que la amada ha dejado sobre su piel su “sabor fugitivo”.
El amor en Yusta es luz —esa luz presente desde el título— y guía del poeta. “Estoy aquí —nos dice— para seguir tu huella inapelable/ y que sea mi guía hasta esa luz”, esa luz que está presente en “lo invisible”. Una luz diurna que se contrapone a la “noche implacable” presente en la mayoría de los poemas en que el amor y la pasión reinan de consuno. Una noche que no se quiere abandonar “porque tal vez mañana/ –ojalá no amanezca– podría ser pasado y despedida”. La amada, evocada en el tiempo, ha sido “apacible refugio de mis días”, triste comprobación de que “es tu ausencia presencia, es tu silencio luz”, una búsqueda que ya estaba presente en Amar y callar cuando anunciaba “ya no me reconozco en el pasado,/ me dirijo a la luz”.
Simbiosis de luz y silencio que Joaquín Sánchez Vallés en el prólogo resalta como paradoja del título y síntesis de una “expresión elegante” de “lenguaje refinado” que haga “imposible leer estos poemas y no emocionarse, no sentir el latido que ese amor expresa, de aceptarlo como auténtico”.
A Yusta le gustan estas contradicciones. Si aquí se conjugan el silencio y la luz, en Amar y callar lo era la pasión y el sexo confrontado a “la tarde de la vida” desde la que se jugaba “el resto”.
En este nuevo libro sobre el amor que el poeta ha tardado en publicar un par de años (el prólogo de Sánchez Vallés está fechado en abril del 2013), hay felices imágenes y metáforas dignas de ser citadas, donde el amor evocado es capaz de “disolver el sabor del miedo” y “lo oscuro se viste de nosotros”. El “huracán salobre del deseo” dibuja “alfabetos de caricias” y la “sangre lava fugitiva/ que atropelle los cuerpos y los queme”.
Ante tanto desborde apasionado, remover “en vano/ la tierra que tengo sobre los recuerdos” es un triste modo de comprobar que “sólo el silencio es la respuesta”. Miguel Ángel Yusta vuelve —como en sus libros anteriores— a exaltar el amor y la pasión del pasado desde un presente de languidez, donde “la luz del día declina para siempre”, para regatear “con las últimas raíces del dolor/ para que no puedan matarme de nuevo”. Una proeza que el lector apresurado que he sido de DE SILENCIO Y LUZ agradece.
http://enlamarcha.fernandoainsa.com/2016/11/03/miguel-angel-yusta-sigue-enamorado/
Por Fernando Aínsa.
Miguel Ángel Yusta sigue enamorado. Hace de su última obra –DE SILENCIO Y LUZ (Lastura, 2015)– un nuevo y arriesgado inventario de felices imágenes sobre el tema, el que abordara con pasión en AMAR Y CALLAR (Sabara, 2013) y en la generosa panoplia metafórica de SENDEROS DE AMOR Y OLVIDO (Unalune ediciones, 2008). Y lo hace, aunque guarde siempre la perspectiva de escribir distanciado en el tiempo del instante jubiloso de la explosión amorosa, cuando “ya no quema el fuego que en las ingles/ aquel remoto mar dejó al marcharse”, como cita en el epígrafe inicial de Vicente Aleixandre.
No hay que llamarse a engaño. Enamorado, sí, pero capaz de ver proyectado desde un presente de reflexión y melancólica evocación esas “pasiones violentas/ que duermen con los años/ en los anaqueles del recuerdo”. Una distancia en el tiempo que le permite desde el inicio del poemario comprender que “después vendrá lo oscuro,/ se borrará tu huella/ y yo me quedaré deshabitado./ Solo.” Una soledad que vaga errabunda “bajo la lluvia”, después que la amada ha dejado sobre su piel su “sabor fugitivo”.
El amor en Yusta es luz —esa luz presente desde el título— y guía del poeta. “Estoy aquí —nos dice— para seguir tu huella inapelable/ y que sea mi guía hasta esa luz”, esa luz que está presente en “lo invisible”. Una luz diurna que se contrapone a la “noche implacable” presente en la mayoría de los poemas en que el amor y la pasión reinan de consuno. Una noche que no se quiere abandonar “porque tal vez mañana/ –ojalá no amanezca– podría ser pasado y despedida”. La amada, evocada en el tiempo, ha sido “apacible refugio de mis días”, triste comprobación de que “es tu ausencia presencia, es tu silencio luz”, una búsqueda que ya estaba presente en Amar y callar cuando anunciaba “ya no me reconozco en el pasado,/ me dirijo a la luz”.
Simbiosis de luz y silencio que Joaquín Sánchez Vallés en el prólogo resalta como paradoja del título y síntesis de una “expresión elegante” de “lenguaje refinado” que haga “imposible leer estos poemas y no emocionarse, no sentir el latido que ese amor expresa, de aceptarlo como auténtico”.
A Yusta le gustan estas contradicciones. Si aquí se conjugan el silencio y la luz, en Amar y callar lo era la pasión y el sexo confrontado a “la tarde de la vida” desde la que se jugaba “el resto”.
En este nuevo libro sobre el amor que el poeta ha tardado en publicar un par de años (el prólogo de Sánchez Vallés está fechado en abril del 2013), hay felices imágenes y metáforas dignas de ser citadas, donde el amor evocado es capaz de “disolver el sabor del miedo” y “lo oscuro se viste de nosotros”. El “huracán salobre del deseo” dibuja “alfabetos de caricias” y la “sangre lava fugitiva/ que atropelle los cuerpos y los queme”.
Ante tanto desborde apasionado, remover “en vano/ la tierra que tengo sobre los recuerdos” es un triste modo de comprobar que “sólo el silencio es la respuesta”. Miguel Ángel Yusta vuelve —como en sus libros anteriores— a exaltar el amor y la pasión del pasado desde un presente de languidez, donde “la luz del día declina para siempre”, para regatear “con las últimas raíces del dolor/ para que no puedan matarme de nuevo”. Una proeza que el lector apresurado que he sido de DE SILENCIO Y LUZ agradece.
viernes, 23 de septiembre de 2016
La Asociación Aragonesa de Escritores publica su Agenda de Socios.
https://aaescritores.com/socios/miguel-angel-yusta-perez/
https://aaescritores.com/socios/miguel-angel-yusta-perez/
lunes, 15 de agosto de 2016
lunes, 8 de agosto de 2016
jueves, 28 de julio de 2016
viernes, 22 de julio de 2016
martes, 5 de julio de 2016
El Sena /La Seine
El Sena/ La Seine
De Saint-Denis a Ivry el Sena hace un gigantesco signo de interrogación.
Me pregunto si tal vez tiene pereza por dejar París
y, también, qué hace allí encorvado sobre el afán de los hombres.
Por la noche, el Sena parece un inmenso gusano dormido.
Es la cloaca de París
sólo redimida por miles de poetas impertinentes,
por millones de seres que lo sueñan bello.
Vía láctea del universo metropolitano
comida por los agujeros negros de nuestras frustraciones.
Pero hay algo grandioso en este Sena dormido
cuando refleja en Orsay los colores de Claude Monet
o la sonrisa de La Gioconda al pasar por el Louvre...
Puede ser que todo eso le haya hecho girar sobre sí mismo tantas veces
y no quiera marcharse de París.
De Saint-Denis à Ivry la Seine fait un gigantesque point d’interrogation.
Je me demande si elle a la flemme de quitter Paris
et aussi ce qu’elle fait là, courbée sur les travaux des hommes.
La nuit, la Seine ressemble à un immense ver endormi.
C’est l’égout de Paris
que seul rachètent des milliers de poètes impertinents,
des millions d’êtres qui la rêvent belle.
Voie lactée de l’univers métropolitain
rongée par les trous noirs de nos frustrations.
Or il y a quelque chose de grandiose dans cette Seine endormie
quand elle reflète à Orsay les couleurs de Claude Monet
ou le sourire de la Gioconde à son passage par le Louvre….
C’est peut-être pour tout cela qu’elle tourne si souvent sur elle-même
et qu’elle ne veut pas quitter Paris.
M.A.Yusta . Pasajero de otoño.Huergay Fierro 2018.
Versión al francés: Mercedes Yusta.
Imagen: Mayusta
jueves, 30 de junio de 2016
Con versos
Con versos en la noche. Una gran antología en audio que recoge desde hace años la obra e impresiones de numerosos poetas. Mi participación es de octubre de 2012...
http://www.ivoox.com/con-versos-noche-005-miguel-angel-yusta-audios-mp3_rf_1504957_1.html
http://www.ivoox.com/con-versos-noche-005-miguel-angel-yusta-audios-mp3_rf_1504957_1.html
Parnaso 2.0
Pinchad el enlace:
http://parnaso2punto0.aragon.es/?p=5
Poemas en la Antología de poetas aragoneses publicada por el Gobierno de Aragón
viernes, 24 de junio de 2016
jueves, 23 de junio de 2016
jueves, 9 de junio de 2016
Ayer...
Hiende el tiempo pasado
las verticales dudas que la razón doblega
y exprime irreverente
la soledad del nombre.
(c) Mayusta
(c) Imagen:Río Nilo, 2009. Mayusta
domingo, 24 de abril de 2016
domingo, 3 de abril de 2016
miércoles, 16 de marzo de 2016
Huellas
huella de olvido
tus pasos en la playa
arena y mar
...........................Mayusta. "Pavesas" 2012
martes, 15 de marzo de 2016
Nocturno
suave la noche
fragancia de tus senos
jardín mi alcoba
M.A.Yusta. Pavesas. 2012
Imagen: Rafael Navarro.1996
domingo, 13 de marzo de 2016
lunes, 29 de febrero de 2016
Si pudiera nombrarte...
Si pudiera nombrarte
y penetrar el cielo con tu nombre
y que el cielo, asombrado,
lo convirtiera en luz
y que la luz se adueñara del tiempo,
y que el tiempo parase nuestras vidas
definitivamente,
mi voz te llamaría cada instante.
Si fuera dueño de tu nombre, amor,
y tuviera el poder de demorarme
en esa red de nardos y jazmines,
lo alojaría dentro de mi pecho
para que nunca nadie pudiera descubrirlo
y lo pronunciaría,
deshaciendo las letras,
en oración de amor definitiva.
.......................................De "Amar y callar". Ed.Sabara. 2013.
.......................................Imagen: Venezia. mayusta.
y tuviera el poder de demorarme
en esa red de nardos y jazmines,
lo alojaría dentro de mi pecho
para que nunca nadie pudiera descubrirlo
y lo pronunciaría,
deshaciendo las letras,
en oración de amor definitiva.
.......................................De "Amar y callar". Ed.Sabara. 2013.
.......................................Imagen: Venezia. mayusta.
sábado, 20 de febrero de 2016
PATERA (Álora, nº 32, especial del XXV Aniversario)
(Coplas ante la insolidaridad)
Tiene el grito la mujer
encadenado en la boca
y oír el llanto del hijo
el corazón le destroza.
de la insegura patera
y los gemidos estallan
al llegar la noche negra.
Los cuerpos caen poco a poco,
la vida no vale nada,
y menos, cuando a lo lejos,
no hay amor ni hay esperanza.
El niño muere despacio
en los brazos de la madre
mientras de la noche surgen
densas lágrimas de sangre.
Desesperación y miedo
atenazan las gargantas.
Gritos desgarran el aire:
no amanecerá mañana.
En el oscuro horizonte
se precipitan las sombras
de hombres que, en vano, suplican
las migajas que nos sobran...
Tiene el grito la mujer
ensangrentado en la boca.
Ya no oye el llanto del hijo,
ya nada, al cabo, le importa...
Miguel Ángel Yusta.
domingo, 14 de febrero de 2016
Me sumergí en tu boca
Me sumergí en tu boca
para nadar en un templado lago.
La brisa de tu pecho
alentaba sonidos imprecisos
mientras tus manos ávidas
exploraban los pliegues de mi universo loco
dibujando con signos el placer.
Emanaba tu piel un vaho indescriptible
que incendiaba mi sangre.
Tu cuerpo desnudaba poco a poco sus pétalos
cuando mi carne inundaba los surcos
donde nacía el mundo.
Hoja en mis ramas, vela de mis vientos,
cóncavo bendecido del amor
templo carnal de todas mis plegarias.
Al pronunciar mi nombre,
-ofrenda perfumada-
me hiciste esclavo y amo de tu luz.
"Me sumergí en tu boca", de Miguel Ángel Yusta (c)
Oleo: "Desnudo" de Luis García-Ochoa (S.Sebastián 1920)
Oleo: "Desnudo" de Luis García-Ochoa (S.Sebastián 1920)
martes, 19 de enero de 2016
lunes, 23 de noviembre de 2015
Grito-16
Grito 16
En nombre de qué dioses
y de qué pretendida libertad
deshacéis inmediatas primaveras.
En nombre de qué ley o de qué libro
desatáis sin piedad la furia y vuestro fuego
aniquila los brotes incipientes
de futuros jardines.
En nombre de qué oscura sinrazón
amordazáis el canto de los pájaros,
provocáis el sollozo de los niños
y el grito horrorizado de sus madres.
Hasta el sonido de la brisa huye
de las desnudas copas de los árboles
porque habéis desatado
las tormentas del odio y de la muerte.
Desde mi soledad y mi despecho
con mis pobres palabras os acuso
para testificar que todavía
hay una humanidad que os maldice.
De "Des-Concierto" Miguel Ángel Yusta (2016)
Imagen: Edvar Munch:El grito.
Imagen: Edvar Munch:El grito.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Archivo del blog
-
►
2024
(23)
- ► septiembre (1)
-
►
2023
(8)
- ► septiembre (1)
-
►
2022
(34)
- ► septiembre (2)
-
►
2021
(25)
- ► septiembre (1)
-
►
2020
(35)
- ► septiembre (2)
-
►
2019
(36)
- ► septiembre (6)
-
►
2018
(32)
- ► septiembre (2)
-
►
2016
(25)
- ► septiembre (1)
-
►
2014
(22)
- ► septiembre (2)
-
►
2013
(23)
- ► septiembre (3)
-
►
2012
(24)
- ► septiembre (1)
-
►
2011
(43)
- ► septiembre (3)





























