Soledad final
Remuevo en vano la tierra que tengo sobre mi recuerdo,
cuando la inmensa desolación del nombre
se pierde en el hueco seco del último árbol del camino
y la oscuridad hace más temible el abandono.
La noche es de silencio erguido
y ya no hay cobijo bajo las preguntas:
todas fueron respondidas
cuando la luz del día declinaba para siempre.
Quieto e insensible, vencido en el olvido,
regateo con las últimas raíces del dolor
para que no puedan matarme de nuevo...
(C) Mayusta 2011
Impresionante en fondo y forma.
ResponderEliminarVencido en el dolor, nos cobijamos para no tener que morir de nuevo. ¿Estamos ya entonces muertos?
ResponderEliminarUn poema inquietante.
Un abrazo poeta.
Qué bueno Miguel Ángel que triste también. Que no nos mate dos veces la misma bala. Me ha encantado leerte.
ResponderEliminar"...ya no hay cobijo bajo las preguntas". Celebro este verso y el poema en su conjunto. Hacía tiempo que no me pasaba por tu blog, y ahora lo lamento.
ResponderEliminarPara compensar de algún modo mi ausencia, lo he vinculado a mi IMPEDIMENTA (http://impedimentatransit.blogspot.com/).
Abrazos.
Morir y volver a vivir, siempre queda la esperanza.
ResponderEliminarUn besazo grandote, poeta.
Excelente ese final, Miguel Angel.
ResponderEliminar(Y el principio... y todo).
Abrazos.