Deseaba decirte, simplemente,
mirándote a los ojos,
las palabras que nunca
podemos pronunciar si no hay penumbra.
Deseaba decirte,
y casi te lo digo en un descuido,
que perdí las batallas
y, cómo no, alguna que otra guerra.
Derrotado en silencio lamía mis heridas
y en soledad pasaba mis calvarios,
hasta que con el tiempo
retoñaba con nuevas primaveras.
Esta noche presiento
que tu abrazo de piel
y la envoltura líquida de tu mirada suave
y tus senos desnudos abrigando
mi larga encrucijada de pesares
van a soltar mi lengua de miedos y ataduras
para tal vez decirte, aunque no quiera hacerlo,
que me sientas contigo
en mil amaneceres.
El camino de tu nombre (Quadrivium, 2011)

Es un poema precioso, hay un momento que es el oportuno para liberar la lengua de miedos y ataduras y arriesgar.
ResponderEliminarMe ha encantado este poema, un beso
Suele pasar que el pensamiento va más allá, luego la boca articula, pero el sonido es bien diferente, y cuando se vuelve, todo queda a medias, con ganas de revolverlo todo.
ResponderEliminarMisk
Lo que el deseo provoca y dice a través de un poema que te mantiene sobre un hilo de farándula...
ResponderEliminarHermosísima forma de contar lo que a veces se queda sin contarse...
Besos
Precioso Mayusta... y preciso jeje. Solo se pueden leer en penumbra también estos versos. Un abrazo.
ResponderEliminarMil amaneceres..., a veces pocos y en ocasiones, demasiados.
ResponderEliminarComo siempre, bellas palabras.