Me sumergí en tu boca
como pez en un templado lago.
La brisa de tu aliento
articulaba sonidos imprecisos
mientras tus manos ávidas
buscaban los pliegues de mi espalda
para marcar su huella de hembra.
Tu piel emanaba un húmedo perfume
que incendiaba mi sangre.
Tu cuerpo de nácar
desnudaba todas sus flores,
cuando mi carne inundaba los surcos
donde nacía el mundo.
Te hacías hoja en mis ramas,
vela de mis vientos,
cóncavo bendecido del amor
y templo de todas mis plegarias.
Al pronunciar mi nombre,
ofrenda perfumada,
me hiciste esclavo y amo de tu luz.
(C)Mayusta 2011

"cóncavo bendecido del amor"
ResponderEliminarsin más...
Besos,
Laura
"Esclavo y amo"... emociones incómodas, si no se aceptan, tal cual. Un beso.
ResponderEliminarY en ese instante, en el que lo pronuncias, me he sentido pliegue de tu piel, aroma y agua. Feliz año, poeta.
ResponderEliminarMaravillosa delicia la sensualidad del poema y el amor de sus palabras "Al pronunciar mi nombre,
ResponderEliminarofrenda perfumada,
me hiciste esclavo y amo de tu luz."