Cobija tu paloma entre mis muslos
ebria de las sombras
y despliega sus alas donde el viento
ríspido azota tu mirada ardiente.
Enciende los abismos con tus manos
que diestramente surcan
las agitadas aguas del deseo.
Que se cumpla el ritual
en esta noche preñada de dádivas
y mañana, extraviados,
nadie consiga encontrar nuestra huella.
(C) Mayusta 2011

Extraviarse, como una noche sin fin... sería bonito, recuerdo algo parecido cuando me enamore.
ResponderEliminarMisk
Magistral amigo Miguel Ángel.
ResponderEliminarUn placer leerte.
Los imperativos en los poemas pasionales y eróticos son más que un tiempo verbal. Y, aquí, queda demostrado.
ResponderEliminarEl final es magnífico.
Besos.
Laura